La táctica del desgaste: Trump golpea a México para sacar ventaja en la revisión del T-MEC
Por César G. Cruz AyalaExperto en Estructuración de Negocios El presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha hecho de los aranceles una herramienta política y de presión comercial. Su retorno al discurso público con medidas proteccionistas ha encendido las alarmas en ...
Por César G. Cruz Ayala
Experto en Estructuración de Negocios
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha hecho de los aranceles una herramienta política y de presión comercial. Su retorno al discurso público con medidas proteccionistas ha encendido las alarmas en América del Norte, particularmente en México, donde la incertidumbre se cierne sobre sectores estratégicos como el automotriz y el acerero. Las recientes acciones del expresidente estadunidense abren a discusión los temas respecto al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), apuntalando sus posturas en anticipación a su revisión en 2026, y erosionando la estabilidad del propio tratado en este momento.
México es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos, superando a China y Canadá. En 2023, el comercio bilateral entre México y EU superó los 798 mil millones de dólares, lo que representa casi 15% del total comercial estadunidense. Esto se sostiene sobre cadenas de suministro profundamente integradas, en sectores como el automotriz, electrónico, agrícola y energético.
Ante este nivel de interdependencia, los aranceles no sólo son una amenaza económica, sino también una táctica para desgastar y reposicionar la relación comercial. Tal como lo hizo con China, Trump parece estar utilizando la táctica del desgaste para condicionar la próxima negociación del T-MEC. Su objetivo: forzar una revisión favorable hacia EU a través de amenazas antes que argumentos, y probablemente conocer de forma anticipada los argumentos y posturas de México.
Esta estrategia ha comenzado a tener efectos en México. En el primer semestre de 2024, la inversión extranjera directa cayó 6.2%, en parte por la incertidumbre generada por las tensiones comerciales. Las cadenas de valor, especialmente en el sector automotriz —que representa 25% de las exportaciones mexicanas—, están en riesgo ante posibles modificaciones unilaterales sobre reglas de origen o nuevas cargas arancelarias.
En este contexto, la postura del gobierno mexicano ha sido conciliadora, pero el propio tiempo dirá si ha sido la estrategia correcta. Frente a una relación comercial marcadamente asimétrica, se esperaría una estrategia más firme y agresiva para preservar los beneficios del T-MEC, y por ende estar lista para responder con medidas espejo. Eso no ha sido así en el caso mexicano.
Trump ya ha dado señales claras: no ve los aranceles como medidas defensivas, sino como herramientas de negociación. Así lo hizo con China en 2018-2019, cuando impuso aranceles a más de 370 mil millones de dólares en productos chinos, lo que generó represalias y afectó cadenas de suministro globales. El riesgo de replicar ese modelo con México es alto, y el impacto sería severo.
La revisión del T-MEC no es un trámite menor. Se discutirán reglas de origen, sectores e industrias por proteger, condiciones laborales, medioambientales y mecanismos de solución de controversias.
Trump juega con el desgaste. México no debiese esperar a ser golpeado para reaccionar. Urge que México logre posicionar con claridad un mensaje firme, con datos, con estrategia y con visión de largo plazo. Porque lo que está en juego no es sólo un tratado: es el futuro económico y estratégico de la región.
En el corto plazo, el impacto es inmediato: mayores costos, incertidumbre para inversionistas, incertidumbre para la creación o adaptación de cadenas de suministro y una parálisis en decisiones estratégicas. Aun y cuando una estrategia como la seguida por el gobierno estadunidense perdería con el tiempo fuerza como herramienta efectiva, el daño ya estará hecho: se erosionan los mecanismos multilaterales de comercio y se debilita la confianza en la cooperación regional.
La revisión del T-MEC será ríspida. Sectores como el automotriz y el acerero estarán en el centro de las discusiones, especialmente por las reglas de origen y los niveles de contenido regional. La intención de Trump parece clara: presionar, desgastar y luego negociar desde una posición de fuerza. Lo paradójico es que ningún país de la región se beneficia de una ruptura o degradación del tratado.
Mientras otras naciones buscan evitar aranceles mediante acuerdos bilaterales, México debe prepararse para una negociación compleja donde se juegan mucho más que cifras: no sólo se juega el papel de México en la región, sino que también se juega la competitividad de la región norte del continente americano en el contexto comercial mundial. Trump ha puesto las cartas sobre la mesa. Toca al gobierno mexicano decidir si juega o se deja arrinconar.
