Si las niñas y los niños abandonan la escuela, hay que ir por ellos

Cuando un problema de carácter social persiste, es necesario abordarlo desde otra perspectiva, con nuevas estrategias que permitan eliminar las barreras que generan inequidad. Es el caso de la deserción y exclusión escolar de niñas y niños indígenas en México, que ...

Cuando un problema de carácter social persiste, es necesario abordarlo desde otra perspectiva, con nuevas estrategias que permitan eliminar las barreras que generan inequidad.

Es el caso de la deserción y exclusión escolar de niñas y niños indígenas en México, que aun cuando la cifra se ha revertido en los últimos años, es necesario implementar tácticas que refuercen la tendencia e impidan un retroceso con cargo directo al futuro de nuestros infantes indígenas.

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación identificó mayor deserción escolar para los niños de 3 años y los jóvenes de 13 a 17 años de edad. Esto revela que el preescolar y la secundaria son los niveles educativos con mayor abandono de aulas.

Los grupos en los que persiste el analfabetismo es en los indígenas, en la gente que vive en pobreza extrema y en las personas con discapacidad. Muchas de las veces se combinan dos y hasta las tres condiciones.

México está suscrito a la Convención sobre los Derechos del Niño que, en su Artículo 28, reconoce el derecho de los infantes a la educación, por tanto, como país tenemos los compromisos de adoptar las medidas necesarias para fomentar la asistencia regular a las escuelas y abatir la deserción.

Todo este panorama me lleva a ocuparme del tema y proponer un cambio de paradigma: Dejemos de esperar a que las niñas y los niños indígenas lleguen a las escuelas y vayamos por ellos. Innovemos a favor de la población indígena.

Primero hay que ubicar las zonas donde se asientan y llegar hasta ahí para conocerlos, saber si están registrados, si cuentan con papeles, bajo el cuidado de quién están e identificar sus condiciones generales de vida.

Esto permitirá también actualizar los datos de localización de quienes han estado inscritos en alguna escuela y la han abandonado.

El diagnóstico también deberá determinar las principales causas de deserción, como son las limitaciones económicas, pérdida o falta de documentos oficiales, malos tratos y discriminación.

Sólo así podremos pasar a las acciones. Retomemos los apoyos que actualmente brindan las instituciones gubernamentales y las organizaciones internacionales a favor de la educación, pero de un manera más ordenada y mejor dirigida.

Para ello, se requiere abrir los espacios necesarios en las escuelas, simplificar los trámites para que tengan acceso a la educación, proporcionar transporte colectivo para quienes viven lejos de los planteles educativos, otorgar becas, útiles y materiales de apoyo, capacitar maestros bilingües que desarrollen la lengua materna de cada comunidad, sensibilizar a la población para evitar la exclusión y discriminación contra infantes indígenas.

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