Educación sexual de jóvenes, combate a la discriminación y mejora de condiciones de vida

Al hablar de educación sexual, lo primero que debo enfatizar es la existencia de los derechos sexuales y reproductivos. Sí, son derechos humanos contemplados en diversas normativas internacionales e instrumentos legales para reconocer, promover, defender y garantizar los ...

Al hablar de educación sexual, lo primero que debo enfatizar es la existencia de los derechos sexuales y reproductivos. Sí, son derechos humanos contemplados en diversas normativas internacionales e instrumentos legales para reconocer, promover, defender y garantizar los mínimos básicos de las personas en materia de salud sexual y reproductiva.

Nuestro país tiene historia en el tema, en la década de los 70 se incorporó la educación sexual reproductiva en el nivel primaria y en secundaria, el abordaje era en cuanto a prevención de embarazos y de enfermedades de transmisión sexual.

Desde mi punto de vista, y 40 años después de ese esfuerzo –que en su momento fue innovador en América Latina–, esa perspectiva ha quedado rebasada. Actualmente, la educación sexual debe ser más amplia para que motive a los adolescentes y jóvenes a tomar decisiones saludables respecto al sexo y la sexualidad.

La información y las herramientas son elementos indispensables para ejercer los derechos sexuales y reproductivos, porque no sólo permiten elegir responsablemente, sino que además previenen la discriminación por sexo, género, etnia, identidad u orientación sexual, estado civil, clase o religión.

La Organización Mundial de la Salud señala que “la educación sexual debe abarcar mucho más que la información. Debe dar una idea de las actitudes, presiones, conciencia de las alternativas y sus consecuencias. Debe aumentar el amor y el conocimiento propio, mejorar la toma de decisiones y la técnica de la comunicación”.

Un plan integral de educación sexual para los jóvenes debe contemplar etapas del desarrollo humano para que entiendan en qué momento se encuentran, orientación sexual, identidad de género; relaciones familiares, amistosas y amorosas; comunicación, negociación y toma de decisiones; comportamiento sexual, que tiene que ver con la frecuencia con que tienen relaciones sexuales; salud, roles de género y diversidad sexual.

Los beneficios de educar a los jóvenes en todos los temas vinculados con la sexualidad son que se reducirán problemas de salud, afectivos y económicos.

Diversos estudios internacionales comprueban que invertir en la educación sexual de la población en edad escolar de nivel secundaria y bachillerato puede cambiar el panorama de una nación en muchos aspectos: evitar embarazos no deseados y a edades tempranas, impide las enfermedades de transmisión sexual, mejora las prácticas sexuales porque reduce el número y tipo de parejas, además de mejorar la comunicación familiar, debido a que la información permea en el entorno de quien la recibe.

También sirve para que las generaciones en construcción ejerzan de forma natural y sin discriminación el placer de la sexualidad y la responsabilidad informada de la reproducción.

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