Bancos de alimentos, labor de equidad y justicia

Organizaciones dedicadas a rescatar excedentes de producción, empresas o personas garantizan el derecho a la comida

Pensar en las carencias alimentarias que tiene casi la mitad de la población de nuestro país, inevitablemente me conduce a reflexionar en la situación contrastante de las toneladas de comida que se desperdician todos los días.

Mientras a unos les falta, otros desechan los productos ante detalles mínimos. No está mal, porque gracias a eso y a la labor que realizan los bancos de alimentos, es como se suplen las deficiencias en los sectores más vulnerables.

La historia de las organizaciones dedicadas a recolectar alimento en excelente estado, transportarlo, almacenarlo, clasificarlo y distribuirlo se remonta a la década de los años 60, cuando en Estados Unidos comenzaron a detectar que había excedentes que se desperdiciaban y la idea fue aprovecharlos para donarlos a las personas que no podían adquirirlos por la situación económica en que se encontraban.

El concepto se extendió a Canadá, Francia y España. En los 90 fue adoptado por México, que actualmente cuenta con la segunda red más importante a nivel mundial de bancos de alimentos.

Las organizaciones dedicadas a rescatar los excedentes de producción, cosechas, comercios, empresas o personas realizan una labor que garantizan derechos como la equidad y la justicia, porque eso implica que la gente tenga acceso a la comida.

También son recobrados aquellos productos con defectos en el envasado y algunos a punto de cumplir su fecha de caducidad.

En un país como México, en el que por un lado 53 millones 418 mil 151 personas tienen carencias alimentarias, de acuerdo con cifras de Unicef, y por el otro, se producen 30 millones de toneladas de comida al año, de las cuales, 10 millones terminan en desperdicio, los bancos de alimentos cobran una importancia mayúscula.

La comida es entregada semanal o quincenalmente a comunidades rurales, haciendo una repartición balanceada para su aprovechamiento: Frutas, verduras, granos, abarrotes y cereales.

Sin embargo, falta mucho por hacer. Estos organismos de beneficencia operan, en gran medida, por las donaciones y aportaciones de la sociedad; hacen una gran labor que debe extenderse hasta las zonas más complicadas de acceso geográfico y de seguridad.

Asimismo, deben unirse a esta tarea muchas más empresas de la industria alimentaria y restaurantera. La participación de universidades para la capacitación no sólo de los voluntarios, sino también de las personas que reciben la comida, podría marcar la diferencia entre el desperdicio y el aprovechamiento.

Las acciones que efectúan los bancos de alimentos tienen un alto impacto social y también medioambiental, al evitar que toneladas de comida se conviertan en basura.

Es muy importante que cada uno de nosotros contribuyamos a potencializar este tipo de tareas.

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