Voracidad inmobiliaria amenaza a las montañas de Veracruz

La urbanización acelerada y la pérdida de bosques en Veracruz ponen en peligro la estabilidad en suelos que son amortiguadores naturales

Montaña Veracruz
Montaña VeracruzEspecial

México enfrenta un riesgo creciente en sus zonas de montaña: la urbanización acelerada en laderas, la pérdida de cobertura forestal y la expansión de desarrollos inmobiliarios hacia áreas de recarga hídrica están generando condiciones para deslaves cada vez más frecuentes. 

El colapso de un cerro que dañó viviendas nuevas en la región montañosa de Veracruz —un caso que pudo haber terminado en tragedia— es la evidencia más reciente de un fenómeno que especialistas han documentado en distintos estados del país: cuando se desmonta la montaña, la montaña se cae.

Entre 2021 y 2025, la franja del Bosque de Niebla ha sufrido modificaciones aceleradas. Expertos sugieren que las autoridades ambientales no han tenido la función adecuada para prevenir la expansión hacia zonas declaradas protegidas, lo que permite que se construyan plazas y desarrollos inmobiliarios sin definir las consecuencias que la naturaleza posteriormente reclama: en 2024 un importante deslave afectó una unidad habitacional que recientemente había sido construida atrás de una nueva plaza comercial en el municipio de Emiliano Zapata, justo en la conurbación con Xalapa. De esta manera comienza a ser un problema el desmonte y la memoria del agua.

Nueva plaza comercial en el municipio de Emiliano Zapata, justo en la conurbación con Xalapa
Nueva plaza comercial en el municipio de Emiliano Zapata, justo en la conurbación con XalapaEspecial
Nueva plaza comercial en el municipio de Emiliano Zapata, justo en la conurbación con Xalapa
Nueva plaza comercial en el municipio de Emiliano Zapata, justo en la conurbación con XalapaEspecial

El testimonio de Leticia Arriaga Stransky, defensora histórica del bosque de niebla en Veracruz, sintetiza el problema nacional: “Las inmobiliarias ya agarraron esa bandera de ahora vender el bosque de niebla”. Su denuncia no se limita a un municipio: describe un patrón que se repite en zonas montañosas del país. Fraccionamientos sin áreas verdes, calles sin árboles, permisos otorgados sin estudios de impacto y desarrollos que avanzan sobre zonas arqueológicas y áreas de recarga hídrica. “Están haciendo fraccionamientos a diestra y siniestra sin tomar en cuenta el agua”, advierte. Y su conclusión es contundente: “Nos vamos a quedar sin agua”.

Y también está en riesgo un humedal

El Humedal de los Patos, ubicado en la franja Arco Sur–Santa Rosa de Xalapa, es uno de los últimos cuerpos de agua funcionales dentro del bosque de niebla urbano. Las construcciones, rellenos y aperturas de brechas que se han realizado en los últimos años han alterado su hidrología al grado de provocar pérdida de lámina de agua, interrupción de flujos naturales y desaparición de fauna acuática. Investigadoras del Inecol han documentado que el humedal se secó por completo en 2023 y 2024, un fenómeno que no corresponde al estiaje normal, sino a modificaciones humanas del terreno que rompieron la capacidad del ecosistema para retener humedad y recargar los mantos subterráneos. Los especialistas advierten que cada relleno y cada obra en la zona acelera la fragmentación del bosque de niebla y compromete los servicios ambientales que sostienen la temperatura y el agua de la ciudad.

Humedal de los Patos
Humedal de los PatosEspecial
Humedal de los Patos
Humedal de los PatosEspecial

El deterioro se agravó tras la declaración del entonces gobernador Cuitláhuac García, quien el 7 de marzo de 2023 afirmó en conferencia de prensa que “no existe tal humedal”, pese a los estudios técnicos que lo reconocen como ecosistema en riesgo. Esa negación oficial, señalan biólogos y académicos, facilitó la continuidad de obras y rellenos porque generó la narrativa de que el sitio era “predio seco” y no un sistema hídrico protegido. Las consecuencias ya son visibles: pérdida de aves residentes, desaparición de anfibios, reducción de infiltración de agua y mayor vulnerabilidad ante inundaciones y sequías urbanas. Para los especialistas, negar el humedal no solo fue impreciso, sino que abrió la puerta a daños irreversibles en uno de los últimos refugios ecológicos de Xalapa.

En Coatepec también hay riesgos

En Coatepec, el Cerro de las Culebras, un área natural protegida, perdió en los últimos años cuatro hectáreas de terreno por un desarrollo inmobiliario. Coatepec ha presentado en los últimos años problemas por el abasto de agua. La invasión y la crisis de agua es una ecuación que a futuro tendrá más repercusiones de corte ambiental y social. Lo que temen es que esta invasión provoque problemas por situaciones extremas, que cada vez se presentan con mayor frecuencia.

Y es que Veracruz atraviesa un patrón climático extremo marcado por una sequía histórica y un calor persistente que ha reducido la humedad del suelo, desplomado los caudales de ríos y elevado el riesgo de incendios forestales. Conagua reporta que el estado cerró agosto con apenas 42 mm de lluvia, equivalente al 18% del promedio, y un acumulado anual de 72.6%, cifras que colocan a 2026 entre los años más secos en cuatro décadas. La canícula se prolongó más de lo habitual y el fenómeno de El Niño sigue intensificándose, elevando temperaturas y presionando la disponibilidad de agua en zonas rurales y urbanas.

Coatepec
CoatepecEspecial

Pero este mismo Niño abre la puerta a un segundo golpe: tormentas súbitas y lluvias concentradas capaces de generar inundaciones y deslaves en cuencas serranas. Aunque el déficit hídrico domina, el Comité Estatal de Meteorología prevé una normalización irregular de lluvias en septiembre, lo que podría traducirse en episodios violentos de recuperación, especialmente en regiones montañosas y costeras. Veracruz queda así atrapado entre dos extremos: sequía prolongada y precipitaciones explosivas, un escenario que exige vigilancia constante de Protección Civil y ajustes urgentes en la política hídrica.

Y los deslaves ocurridos en Veracruz no son un caso aislado: forman parte de una tendencia que ya ha provocado emergencias en estados como Guerrero, Chiapas y Puebla, donde la combinación de deforestación, urbanización en pendiente y lluvias extremas ha generado colapsos de cerros, destrucción de viviendas y desplazamiento de familias.

La pérdida de bosques de niebla tiene efectos directos sobre la seguridad urbana. Sin cobertura forestal, los suelos pierden cohesión, los taludes se vuelven inestables y las lluvias —cada vez más erráticas— provocan escurrimientos que arrastran sedimentos hacia zonas habitacionales nuevas. La impermeabilización del terreno reduce la infiltración y acelera la escorrentía, mientras que la desaparición del dosel incrementa la temperatura y expande la isla de calor urbano. La montaña deja de ser contención y se convierte en amenaza.

Arriaga Stransky propone una ruta que podría replicarse en otras regiones del país: intervención estatal y federal, planes de manejo reales y un fideicomiso para conservar zonas de bosque que funcionan como cajas de agua. “Esta (bosque de niebla) es la caja de agua de Veracruz”, dice. La frase aplica para cualquier región montañosa del país: sin bosque, no hay infiltración; sin infiltración, no hay manantiales; sin manantiales, no hay agua para las ciudades.

México enfrenta un punto de inflexión. La voracidad inmobiliaria está empujando la urbanización hacia zonas donde la montaña ya no aguanta. Cada fraccionamiento nuevo es una hectárea menos de bosque y un riesgo más para la población. Los deslaves, pero también las sequías, son una advertencia.

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