Farmear aura

Acumular aura, hacerla crecer, desenvolverse con autoridad y carisma. De eso trata el aura farming. En estas reuniones no hay balones, música ni baile. Consisten sencillamente en pararse enfrente, mirarse a los ojos y mostrarse. Un fenómeno juvenil tan novedoso como intrigante. ¿Estamos ante una moda pasajera o frente a una nueva manifestación cultural destinada a permanecer?

Históricamente, los jóvenes han buscado vías para expresarse, divertirse y socializar. Hay cambios con el paso de los años. Si hace décadas se bailaba en pareja, hoy predomina el baile en grupo. Así como transitamos de las escondidillas a los videojuegos, ahora pasamos de las “cascaritas” callejeras a las batallas de aura.

Como señala Ana Zarzalejos, la vida real ha comenzado a hablar el idioma de internet en una llamativa inversión de la lógica. Si el aura se acumulaba originalmente en TikTok, entre memes y anime, hoy se cosecha en el mundo físico. Lo crucial no es el significado literal de cada gesto, es demostrar que se domina el código, es decir, hablar la misma lengua generacional, pertenecer a una comunidad y ganar reconocimiento dentro de ese ecosistema.

En efecto, estas batallas evocan un videojuego trasladado a la realidad presencial. Los jóvenes compiten por ganar esa pequeña contienda, pero, por encima de todo, buscan mostrarse tal como son, libres de etiquetas y juicios. A su vez, anhelan estatus y reconocimiento, dejando el veredicto final en manos del público, cuya decisión se basa en las sensaciones proyectadas durante cada interpretación.

Por un lado, considero que se trata de una manifestación espontánea y saludable. Resulta preferible contemplar a los jóvenes reunidos en una plaza pública divirtiéndose, antes que aislados en sus habitaciones consumiendo TikTok e Instagram. Fomentar la actividad física, abrir espacios de convivencia, reír e intercambiar vivencias es altamente positivo para una generación acostumbrada a interactuar más a través de pantallas que en persona, siempre y cuando esto ocurra dentro de un marco de respeto y límites razonables de convivencia.

Por otro lado, persiste la inquietud de que, en última instancia, este “cultivo de aura” condicione el valor personal a la aprobación ajena, trasladando a la vida presencial la lógica de los likes, como atinadamente advierte Zarzalejos. Todos buscamos reconocimiento, pero nuestra valía individual no debería sustentarse en la validación exterior.

Paralelamente, siguen siendo indispensables otros tipos de dinámicas lúdicas y sociales, aquellas donde ganar carece de importancia y lo esencial es disfrutar del encuentro. Espacios que permitan conocer a profundidad a otros seres humanos. Estos intercambios de ideas y experiencias constituyen un verdadero caldo de cultivo para el desarrollo de virtudes, el crecimiento personal y el florecimiento de la persona.

Tal vez las batallas de aura sean una moda pasajera o quizá hayan llegado para quedarse. Más que eventos que transforman la cultura de fondo, son el reflejo de la mentalidad juvenil contemporánea. Revelan sus intereses, su sentido del humor, sus inquietudes y sus miedos. La generación actual no deja de sorprendernos con sus expresiones. Nos corresponde comprenderlas, entablar un diálogo con ellas e intentar elevarlas.