Violencia digital, heridas reales: una lucha que no se detiene
La violencia de género también se ha trasladado al ámbito digital en México, donde mensajes y notificaciones pueden convertirse en formas de agresión

Para millones de mexicanas, el sonido de una notificación de WhatsApp o el destello de una pantalla ya no es señal de conexión, sino de alerta.
Lo que antes se minimizaba como “comentarios en redes”, actualmente es reconocido como una de las fronteras más agresivas de la violencia de género.
En México, el espacio digital se ha convertido en un campo de batalla donde la impunidad parece ser la norma, pero también donde ha germinado una red de resistencia colectiva que no está dispuesta a dar ni un paso atrás.
Frente a un sistema de justicia que a menudo avanza más lento que un algoritmo, colectivos feministas y organizaciones civiles han tomado la primera línea de defensa.
Grupos como Cultivando Género, Morras Feministas Monterrey y Colectivo DRL (Derechos, Resistencia y Libertad) hoy fungen como refugios digitales.
Estos colectivos ofrecen lo que el Estado a veces omite: acompañamiento psicológico, asesoría técnica para “limpiar” la huella digital y una red de contención emocional que recuerda a las víctimas que lo virtual es real.
- Patricia Briseño
JUSTICIA EN LA ERA DEL ALGORITMO
Lo que comenzó en 2020 como un acto de solidaridad entre amigos para borrar el contenido íntimo difundido por una expareja, se transformó en una red de resistencia digital que trasciende las fronteras del estado.
En un entorno donde la Ley Olimpia, diseñada para sancionar la distribución de material íntimo sin consentimiento, no ha logrado frenar la impunidad, el Colectivo DRL (Derechos, Resistencia y Libertad) tomó la iniciativa de patrullar el ciberespacio.
Bajo la dirección de Andy Torres, el grupo no solo identifica y da de baja perfiles dedicados a la comercialización de imágenes sensibles, sino que ha dado un paso más audaz y polémico: la creación de un registro público de agresores.
Trabajamos casos relacionados a contenido íntimo filtrado, un apoyo para poder eliminar esta información que circula, sobre todo en grupos donde se comercializa o comparte esta clase de contenidos, aunque hoy en día también se atienden casos relacionados con menores de edad, presuntamente vinculados con trata y explotación infantil, a partir de la difusión de imágenes sensibles”, aseguró Torres a Excélsior.
A través de Telegram, el colectivo mantiene una lista actualizada con nombres, apellidos y fotografías de quienes comparten o solicitan contenido sexual, una medida que surge como respuesta directa a la revictimización institucional que enfrentan mujeres y niñas en los juzgados.
Diariamente reciben aproximadamente hasta una centena de solicitudes de apoyo para borrar contenido; sin embargo, Torrres dijo que, aunque, “no se trata de un incremento de esa práctica, sino que se percibe más”.
Hoy la percibimos mucho más fácil, además, el incremento (de agresiones digitales) va relacionado con la cantidad de personas que se suman a internet”, sostuvo.
Según datos recientes del Inegi, la magnitud del desafío es evidente en las cifras: 18 de cada 100 adolescentes y adultas oaxaqueñas han sido víctimas de ciberacoso.
Los datos actualizados hasta el año 2024 muestran una disminución respecto al 2023, cuando 23.3% de las oaxaqueñas de 12 años de edad y más reportaron haber sufrido alguna situación de intimidación por medio de tecnologías digitales.
Desde la denuncia de chats grupales como el infame #SierraXXX, donde servidores públicos compartían imágenes de mujeres indígenas, hasta la detección de redes de explotación infantil en escuelas secundarias, el colectivo enfrenta diariamente una marea de solicitudes que refleja una crisis persistente.
Del mismo modo, en noviembre del año pasado, documentaron la existencia de un chat de Telegram, donde personas adultas difundieron imágenes y videos de menores de edad de tres escuelas secundarias, de esta capital.
De acuerdo con la investigación, las imágenes de los cuerpos de las chicas fueron compartidas por personas del primer círculo de las víctimas, al parecer padres, padrastros, tutores; las fotografías se obtuvieron en la privacidad de la vivienda mientras realizaban sus quehaceres o dormían.
Para estas víctimas, en un sistema que a menudo les da la espalda, el activismo digital se ha convertido en la única herramienta capaz de devolverles un fragmento de su derecho a la privacidad

CONVERTIR DOLOR EN ASESORÍA LEGAL
Durante gran parte de su juventud, Leidy López Pecina no tenía palabras para nombrar el delito del que había sido víctima.
El abuso sexual sufrido en su infancia permaneció oculto bajo años de violencia normalizada, hasta que el testimonio de otra mujer actuó como un espejo para que, finalmente, abriera los ojos.
Ese despertar no vino acompañado de consuelo institucional, pues Leidy y su hermana se encontraron con un sistema negligente y un vacío de espacios feministas que las obligaba a “rogar” por apoyo.
Ese hartazgo, coraje y la necesidad de ser escuchadas, las llevó hace seis años a fundar Morras Feministas Monterrey, un especio que nació en la precariedad de la búsqueda de justicia y que hoy se ha convertido en un refugio para más de 200 mujeres que enfrentan violencia sexual, de género y digital en el estado.
Lo que hace que nazca este colectivo es desgraciadamente el caso que nosotras vivimos. Somos víctimas (ella y su hermana) de abuso sexual infantil. Entonces, de ahí nace, desgraciadamente, por la violencia que vivimos nosotras”, aseguró a Excélsior.
Fue tanto el hartazgo que teníamos por la negligencia que tenían con nosotras, en cuanto a lo institucional, al momento de denunciar y también cuando buscamos un espacio feminista que nos apoyara, no lo había, y a parte los que había teníamos casi que rogarles que nos apoyaran”.
A sus 27 años, López Pecina no solo relata su historia como una forma de legitimar su lucha, sino como una herramienta política para que otras mujeres identifiquen agresiones que el sistema se ha insistido en ignorar.
En ese hartazgo, en ese andar, en ese caminar, en ese peregrinar, por así decirlo, emocionalmente y físicamente, es cuando cansadas de todo esto que había como, estábamos varadas en la nada, fue cuando mi hermana y yo decidimos cómo armar un grupo en donde podíamos platicar lo que nos había pasado, sentirnos acompañadas, pedir tips para denunciar, para ver qué podíamos hacer”, detalló.
Desde su colectivo, ha sido pieza clave en la difusión de la Ley Olimpia en Nuevo León, colaborando directamente con la activista Olimpia Melo Corrarl para visibilizar la violencia digital.
Sin embargo, sostuvo, el camino ha sido complicado, ya que las autoridades aún desconocen los protocolos básicos y revictimizan a quienes denuncian.
Tal es el caso que hasta la fecha sólo se ha logrado la justicia para una sola víctima de violencia digital.
Para Leidy, la batalla no solamente es legal, sino cultural; es la misión de asegurar que ninguna mujer tenga que peregrinar sola por el sistema judicial que una vez le dio la espalda.
La joven regiomontana ha participado en documentales como Debanhi ¿Quién mató a Nuestra Hija?, en donde habló de la crisis de desapariciones y feminicidios que enfrenta Nuevo León.
A nosotros nos tocó cuando empezamos a luchar contra temas de violencia digital aquí en Nuevo León, el que tuviéramos que traer a Olimpia aquí para que pudieran primero conocer la ley, entenderla y luego después que los procesos de denuncia fueran realmente tomados en cuenta”, estableció la joven activista regiomontana.
-Aracely Garza
IA Y NEGLIGENCIA INSTITUCIONAL
Ahorita ya sólo le dices: ‘Oye aplicación, desnúdame a…’ y ya”, aseguró Angie Contreras, integrante del colectivo Cultivando Género.
Con esa aterradora complicidad, dijo a este diario, la violencia digital puede consumir la vida de decenas de mujeres jóvenes y adolescentes en México.
En un entorno donde la inteligencia artificial (IA) puede fabricar una vulneración profunda sin que la víctima haya posado jamás para una fotografía, el estigma social pesa más que la realidad, pues la sociedad parece otorgar más fe a un algoritmo que al testimonio humano.

Los entornos digitales también son espacios en los que tenemos que estar presentes, porque son espacios hostiles, donde lo que publicamos y cómo nos vemos también genera esta violencia”, sostuvo.
Todas las personas están expuestas a pasar por violencia digital, pero lamentablemente son las mujeres más jóvenes quienes pasan mayoritariamente por violencia digital del tipo sexual y que, además, el sistema sigue sin creerles”.
Para las mujeres de Aguascalientes, aseguró, el calvario no termina con la publicación de una imagen falsa o manipulada.
Comienza con una carrera contra el tiempo y la burocracia en la que las plataformas digitales tardan hasta 72 horas en reaccionar, mientras que las fiscalías locales pueden demorar meses sólo en abrir una carpeta de investigación.
Es increíble que llevamos más de ocho años trabajando específicamente los temas digitales y hay autoridades que no les creen (a las víctimas) o que consideran que la única alternativa para acompañarlas es bloquear y eliminar”, expuso.
Por ese vacío de justicia, Cultivando Género se ha convertido en uno de los pocos refugios para quien busca no solo borrar un contenido, sino recuperar su seguridad en un mundo que las vigila y las castiga de forma constante.
En 2018 empezamos a trabajar el tema de la violencia digital específicamente, pero también desde un enfoque no solo en la parte punitiva y desde Cultivando género creemos que la forma de transformar esos espacios digitales es desde la educación, desde la información pero también desde estas campañas de comunicación y el acompañamiento integral”, dijo.
Angie considera que las empresas de IA tienen una gran responsabilidad respecto a las reglas y filtros para la creación de este contenido.
El gran problema es que la sociedad le está creyendo (a las aplicaciones), tienen su fe literalmente en las aplicaciones. La gente le cree, entonces si tú dices es que no es mi cuerpo; es que esa no soy yo la gente le va a creer porque lo está viendo, le cree más a la inteligencia artificial que a las personas”, afirmó.
De acuerdo con la especialista, cuando una mujer es víctima de violencia digital lo primero que tiene que hacer es mantener la calma.
Porque necesitamos que la persona realice capturas de pantalla de lo que se está viendo, la publicación, el mensaje, eso nos va a servir como evidencia para dos lados, para las plataformas, pero también para la fiscalía”, explicó.
Cultivando Género trabaja con las mujeres, pero también empezaron a trabajar con niñas, niños y adolescentes que estaban desprotegidos y carentes de información sobre la violencia digital en las escuelas.
La violencia siempre se piensa hacia los adultos, pero son las niñas, niños y adolescentes quienes están más presentes en los entornos digitales hoy en día, empezamos a generar productos que pudieran acompañar a niños, niñas y adolescentes”, abundó.
Nuestro trabajo se desarrolla en la creación de materiales tenemos a la fecha más de 18 manuales y guías, todo se descarga de manera gratuita, enfocado si a las personas adultas, tenemos para madres y padres y otros para autoridades, para las adolescentes, tenemos un diccionario para las personas que desconocemos estos temas digitales”.
Para Angie Contreras el Internet debe ser un espacio seguro para todas y para todos, por lo que con Cultivando Género tiene presencia en los estados de San Luis Potosí, Colima, Guanajuato, Jalisco y Querétaro.
-Karla Méndez

SOMBRA TECNOLÓGICA QUE PERSIGUE
Para las mujeres que buscan protección en los albergues de México, la seguridad de cuatro paredes ya no es suficiente para detener a su agresor.
Mientras el mundo físico intenta imponer límites, el espacio digital se ha convertido en una frontera abierta donde la violencia no da tregua.
Rosa María Salazar, presidenta de la Asociación Luz y Esperanza, señaló que el ciberacecho ha ganado un terreno alarmante como una extensión de la violencia física y emocional.
No se trata sólo de mensajes aislados, dijo a Excélsior, es un sistema de vigilancia que utiliza herramientas cotidianas como WhatsApp y Facebook para perpetuar el control.
Según un estudio del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, la magnitud del problema es casi universal en los entornos de protección: más de 90% de las mujeres alojadas en refugios han experimentado esta forma de violencia digital.
Los datos son reveladores: 36% de las mujeres reportaron haber sido seguidas sin su consentimiento, mientras que 34% fueron espiadas, habitualmente por sus parejas o exparejas.
Hablando de los datos que encontraron, por ejemplo 36% de las mujeres en refugio comentaron que su expareja las había seguido sin su consentimiento, la otra pregunta que se les hizo fue que si la habían espiado sin su consentimiento, respondiendo 34%, los dos datos importantes”, afirmó Salazar.
Casi 90% de las mujeres que fueron valoradas en diferentes refugios del país, se encontró que eran mujeres que de alguna manera tenían actos de acecho en su vida de diferentes maneras”.
Esta nueva cara del maltrato se manifiesta en acciones que muchas veces pasan desapercibidas al principio: críticas por las llamadas realizadas, la confiscación de dispositivos o la instalación de aplicaciones espía para monitorear movimientos y amistades.
La presidenta de la Asociación Luz y Esperanza puntualizó que lo otro ocurre en mujeres cuando se separan ¿La ha amenazado de muerte por teléfono, mensajes o redes sociales?.
Muchas veces la amenaza no es directa de él, sino que puede ser a través de un tercero en un mensaje por redes sociales”, dijo.
Rosa María Salazar manifestó que la asociación que encabeza surgió en 2002 como una inquietud para hacer algo por la comunidad.
En el camino de integrar una asociación civil es cuando descubro que hay un problema para atender lo de la violencia contra las mujeres, porque aunque ya existía el Centro Si Mujer que atendía a las víctimas de violencia, tenía problemas para albergarlas”, detalló.
Destacó que en una plática con la directora del Centro Si Mujeres surge la necesidad de crear la asociación, la cual se constituye legalmente en 2004.
Puntualizó que en estos 23 años han atendido 28 mujeres anualmente, ya que esa es la capacidad para atender trimestralmente a siete mujeres.
Finalmente, sostuvo que se han atendidos dos casos que se han ido a denuncia y algunos a juicio, siendo sentenciados el año pasado habiéndose presentado 14 juicios por ciberacecho.
-Alma Gudiño
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