Revisar el camino

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe cabezas

Las marchas violentas con las que algunas tratan de conmemorar la lucha que hemos y seguimos dando las mujeres por la equidad dañan y trastocan lo mucho que se ha avanzado en países como México en esta materia.

Sí, la violencia en contra de las mujeres existe. No puede ni debe negarse cuando matan a una de nosotras sólo por el hecho de ir a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos o tomar el transporte equivocado cuando salimos de una fiesta.

Tampoco deben cerrarse los ojos ante otras formas de violencia como la vicaria o las jornadas extendidas que muchas mujeres tienen que hacer como jefas de familia y, además, ser el sustento de su núcleo.

Sin embargo, sólo concentrarse en esta parte o las acciones muy violentas que practican grupos de mujeres aprovechando el reflector que les da la conmemoración es perder las muchas semillas que han venido germinando de la lucha feminista.

El purple washing genera reflejos y cortinas de humo que, contrariamente a lo que pretenden, termina devaluando el gran camino que hemos seguido las mujeres por un mundo igualitario, puesto que lo reducen a una fecha o acciones que tienen un sentido comercial en lugar del reconocimiento de lo mucho que se ha avanzado.

México es quizá uno de los países que ha logrado romper el techo de cristal. Los primeros lugares del poder corresponden a mujeres. No sólo en el poder Ejecutivo con la primera Presidenta electa en América del Norte, la presidencia de la Cámara de Diputados y una presencia relevante dentro de las secretarías de Estado a cargo de mujeres.

Mucho ha avanzado el país desde la década de los 80 cuando José López Portillo nombró a la primera secretaria de Estado de la historia a Rosa Luz Alegría con la que tenía una cercana relación personal.

En el gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum no es sorpresa la gran cantidad de secretarias de Estado quienes llegaron al cargo por su probado talento en las áreas sustantivas del gobierno, dejaron de ser una anomalía en el gabinete para ser lo normal.

Del total de secretarías de Estado la presencia femenina es enorme con la mitad de las secretarías de Estado: Gobernación, Bienestar, Medio Ambiente, Anticorrupción, Energía, Sedatu, Cultura, Turismo, Mujeres, Ciencia.

Rosa Icela Rodríguez, Ariadna Montiel, Alicia Bárcena, Raquel Buenrostro, Luz Elena González, Edna Elena Vega, Claudia Curiel, Josefina Rodríguez, Citlalli Hernández y Rosaura Ruiz Gutiérrez.

Hay una gran cantidad de mujeres que ocupan cargos que parecía que estaban reservados sólo para hombres. Desde la dirección de la CFE, con Emilia Calleja, sino además en gremios de iniciativa privada, en organizaciones como la Canacintra, dirigida por María de Lourdes Medina; una de las dos bolsas de valores que operan en el país, BIVA, dirigida por María Ariza.

Un caso significativo es la Asociación de Bancos de México que hasta hace poco tiempo era considerado como el club de Toby. Hoy el gremio lo dirige Regina García Cuéllar y tiene en Tamara Caballero, de Multiva, a la primera directora de una institución de crédito mexicana en la historia del país.

En las Fuerzas Armadas hay una general de brigada, Olga Lidia Juárez Patiño, quien encabeza un grupo creciente de mujeres que tiene participación en todas las divisiones del Ejército Mexicano.

El camino de la equidad no ha terminado, porque no se trata de una meta que se alcance, sino que se trata de un camino constante, como la rotación del Sol que no debe pararse, con la participación de todas y todos.

No debe ser una lucha de hombres contra mujeres, sino un camino continuado y permanente, por lo que en un día como hoy es bueno ver hacia atrás para recordar lo lejos que hemos llegado.