Tabasco, cementerio de manatíes; este año van 25 decesos

Metales pesados, combustibles y agroquímicos siguen poniendo en riesgo la reducida población

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Los ríos, lagunas, arroyos y canales de Tabasco siguen siendo el cementerio de los manatíes en México, principalmente dentro del área natural protegida Pantanos de Centla.

MACUSPANA.– Los ríos, lagunas, arroyos y canales de Tabasco siguen siendo el cementerio de los manatíes en México, principalmente dentro del área natural protegida Pantanos de Centla.

En 2018, Excélsior fue testigo de la mortandad masiva de esta especie en peligro de extinción, de la que sólo quedan entre 800 y mil ejemplares al sur del golfo de México.

Una tragedia ambiental que entre los meses de mayo y septiembre cobró la vida de más de 80 manatíes (Trichechus manatus), en los municipios de Macuspana, Jonuta y Centla.

La salida rápida para la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) fue vincular las muertes al florecimiento de algas nocivas, debido a la intensa sequía que azotó al estado.

León David Olivera, profesor-investigador de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), recordó que al mismo tiempo aparecieron muertos una gran cantidad de peces, por lo que se tuvo que cerrar temporalmente la actividad comercial en la región.

La investigación encabezada por la Profepa fue cerrada sin resultados concluyentes, a pesar de la aparición de diarrea, fiebre y lesiones en la piel, principalmente en la población infantil de la zona conocida como los Bitzales, en el municipio de Macuspana.

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Contaminación

 

Tras siete años de ocurrida la emergencia, estudios científicos y necropsias practicadas recientemente a manatíes, revelaron que la respuesta siempre estuvo ahí, y es la presencia de altos niveles de contaminación en los afluentes.

Metales pesados, combustibles y agroquímicos que todavía al día de hoy ponen en riesgo no sólo a la reducida población de manatí, que por su gran tamaño es un indicador de la salud de los ecosistemas, sino a los habitantes de una de las zonas más pobres del país, que pescan, se bañan y consumen agua en el río Bitzales.

Adolfo Vital Rumebe, director de la Reserva de la Biosfera Pantanos de Centla, reconoció que aunque todavía no se tiene identificado el factor que provocó la emergencia en 2018, “es muy claro que es la contaminación de las aguas”.

Tan sólo este año han aparecido muertos 25 manatíes, el último de ellos, un adulto que perdió la vida el pasado lunes 8 de septiembre en la comunidad de Pitahaya, en Macuspana.

La situación sigue siendo alarmante, porque el hecho de tener muertes no naturales, sí implica un deterioro o algún problema ambiental que debemos de atender”, indicó Adolfo Vital Rumebe.

Metales bioacumulables

 

Como parte de su tesis doctoral, Noemí Monserrato Goñi, profesora-investigadora de la Universidad Tecnológica de Tabasco, realizó dos muestreos en 2024 y marzo de 2025 en agua, sedimentos y vegetación en 16 sitios georreferenciados, donde aparecieron muertos manatíes en 2018.

Los resultados preliminares arrojaron indicios sobre la presencia de tres peligrosos metales que provocan cáncer, y que coinciden con un análisis realizado previamente en la Facultad de Química de la UNAM, a muestras recabadas hace siete años.

Encontramos algunos elementos que podrían resultar tóxicos y que son bioacumulables, por ejemplo, el Litio, el Bario y el Vanadio”, resaltó.

Noemí Monserrato Goñi explicó que el Litio proviene de baterías o pilas desechadas sin medidas de control adecuadas, el Bario es utilizado como aditivo en las perforaciones petroleras y el Vanadio se libera durante la quema de combustibles fósiles.

Al ser cuestionada sobre la posible fuente de esta contaminación, la ingeniera doctorante en Química Aplicada por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), señaló que una vez que tenga las cifras finales sobre la concentración de los metales, pasará a la etapa de identificar a las industrias que operan en la región, aunque adelantó que Petróleos Mexicanos (Pemex), tiene una fuerte presencia, al ser Macuspana un municipio petrolero.

En un recorrido realizado por este diario, pudimos constatar lo que ya habíamos observado en 2018, más de 80 viejos pozos de Pemex continúan sumergidos en el hábitat del manatí, y aunque las instalaciones están clausuradas, sólo basta con remover un poco el sedimento junto a la tubería oxidada, para que burbujee el agua, emerja una mancha aceitosa y surja un fuerte olor a combustible.

Marco Álvarez Palacios, pescador de los Bitzales, criticó que esta situación continúe después de tantos años y que la Comisión Nacional del Agua (Conagua), “supuestamente haga estudios y nunca encuentre nada”.

Relató que en 2018, en plena emergencia por la mortandad masiva de manatíes, personal de la ASEA (Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente), llegó para colocar sellos de clausura en los pozos, pero jamás hizo nada para solucionar el problema. 

Véanlo ustedes, como brota la contaminación, ahí están las burbujas, sale la grasa, lo que es la grasa del petróleo, y se siente el fuerte olor a petróleo”, alertó.

Agroquímicos

 

En recientes necropsias practicadas a manatíes se ha detectado acumulación de materia orgánica proveniente de fertilizantes utilizados en la agricultura, dio a conocer Adolfo Vital Rumebe, director de la Reserva de la Biosfera Pantanos de Centla.

No estamos hablando de veneno, como tal, pero sí de productos químicos que aportan una cantidad de nitratos y nitritos, que muchos de ellos se absorben en las plantas que consumen los manatíes”, comentó.

El ingeniero forestal subrayó que el problema radica en la plantación masiva de palma de aceite y el uso excesivo de agroquímicos, así como la proliferación de incendios que aportan nutrientes al agua.

Puntualizó que lo que se está encontrando en las necropsias es una sobresaturación de nitratos y nitritos, como la posible causa de los decesos, compuestos que vienen de los fertilizantes, además de una sobreacumulación de materia orgánica.

Riesgo

 

León David Olivera, profesor-investigador de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), advirtió que el riesgo de una nueva tragedia ambiental está latente, porque no se han tomado acciones ni para prevenir ni para atender una futura emergencia.

Dijo que no se trata sólo de actuar para salvar al manatí de la extinción, sino de mantener todo un sistema social, económico y cultural que gira alrededor de la especie.

Hay poco financiamiento, porque existen otras prioridades”, lamentó.

Ante esta realidad, organizaciones de la sociedad civil como Conservación de la Biodiversidad del Usumacinta (Cobius), ponen de su parte al colaborar con la Conanp, en la capacitación de biólogos y médicos veterinarios en el manejo, reubicación, toma de muestras y atención de emergencia de los manatíes.

También invierten recursos propios en la instalación de comités de monitoreo del manatí: “Hemos encontrado a pescadores de otras zonas de la laguna pescando aquí y les explicamos la importancia de los manatíes como reguladores del lirio acuático que bloquea los canales, para evitar que les tengan miedo y les vayan a pegar para ahuyentarlos, en caso de que se acerquen a sus embarcaciones”, detalló Ana Luisa Pozo Montuy, representante del grupo de guardianes del manatí.

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