Órdenes desordenadas y triunfos de una renovada oposición

Julio Faesler

Julio Faesler

Editorial

El orden es a veces producto del desorden. Eso le sucedió a la CNTE. A todos nos llamó la atención. Comenzó el sainete desde diciembre pasado con la amenaza de instalar a sus maestros en las avenidas, plazas y rotondas de la ciudad capital y en otras del país. Se terminó con su desinflada desinstalación. La demanda central de la CNTE, la abrogación del Artículo 7 de la Ley del ISSSTE del 2007, quedó en suspenso. El sainete fue de balde. El gobierno así resolvió el efímero alarde. Lección aprendida.

Lo que pasó durante la estancia de los sufridos maestros, acarreados a la antigua desde sus abandonadas aulas, dejando a más un millón de alumnos sin clases, fue una serie de negociaciones infructuosas entre los líderes de la Coordinadora, la Secretaría de Gobernación y el director del ISSSTE. Era inútil insistir en derrotar al gobierno mientras que éste repetía que no caería en provocaciones.

No había de otra. El gobierno de Morena triunfó sin tener que enfrentar a las Fuerzas Armadas contra las ríspidas y vociferantes huestes.

La derrota fue de la CNTE, que había anunciado un paro indefinido a finales de mayo con miras a sabotear el Mundial. Su argumentación fue confusa al exigir la abrogación de la Ley del ISSSTE en lugar de la eliminación de sólo el artículo 7 de la misma. Los acampados insistían que, como candidata, Claudia Sheinbaum se los había prometido, sin embargo, no entendían que esto ya no era viable dada la situación económica actual del país.

La derrota fue clara. La única salida sería una retirada digna como la de Napoleón en Fontainebleau. La Presidenta decidió realizar en agosto una consulta maestro por maestro para conocer su parecer al respecto.  

El gobierno había ganado. El jueves 11, sin ningún contratiempo, se realizó la inauguración del Mundial tal y como se había programado. La doctora Sheinbaum malgastó su autoridad al no asistir a la ceremonia inaugural ni a la fiesta futbolera en el Zócalo de la que ella misma era una entusiasta anfitriona. Mientras tanto, una semana antes en la Ciudad de México y en Coahuila, Morena sufría una ardiente derrota en las elecciones intermedias de Coahuila. El PRI, ahora vestido de oposición, venció con un amplio margen, en alianza con el partido local Unidad Democrática de Coahuila (UDC), ganando16 distritos y la mayoría relativa en el Congreso local. Como es su costumbre, ante la derrota Morena trató de nulificar la elección.

El hecho es importante. Por una parte, el viejo PRI resucita y renueva la posibilidad de encontrar candidatos locales para otras entidades y así decidir gubernaturas y, de esta manera, volver a sus viejos niveles. El argumento contundente que utiliza frente al desorden en que Morena ha condenado al país es que “el PRI sí sabe gobernar”.

En un escenario tan fluido y cambiante, el PAN, a su vez, debe dejar su actual desorden y confusión y restituirse con el vigor histórico. Al partido le sobran ejemplos de buen gobierno para convencerse de poderlo hacer y recobrar espacios en las elecciones de 2027, no sólo en la renovación de la Cámara de Diputados, y aprovecharse de la mala fama de Morena para ganar nuevas gubernaturas.

La coalición de fuerzas es por ahora la única posibilidad que tiene el electorado para acabar con la funesta gestión de la 4T e instalar un nuevo gobierno que atienda inteligentemente las necesidades urgentes del pueblo mexicano. Para lo anterior, hay que diseñar un esquema de gobierno que responda a las realidades concretas y modernas con hechos y no discursos. Ya no hay lugar para el conocido modelo de gobiernos atados a principios doctrinarios. La atención a las necesidades elementales del ciudadano debe tener la flexibilidad de un humanismo pragmático.

La experiencia muestra que el genuino progreso de un país no se realiza repartiendo subsidios a través de programas populistas que podrán generar votos que sustentan la permanencia del sistema, pero de ninguna manera proporcionan las estructuras para el desarrollo integral de la población. La atención de los requerimientos básicos de la población consistentes en alimentación, salud, educación, empleo y, ante todo, garantías de igualdad de oportunidades, es lo que está definiendo a los gobiernos del futuro, independientemente de las banderas ideológicas que ondean.