Frecuencias mundiales (y mundialistas)

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

El Mundial arrancó ayer en el Estadio Azteca. Y mientras México recibía al planeta con el despliegue escénico de su historia, en Palacio Nacional la presidenta Sheinbaum se reunía con Ben Horowitz, cofundador de Andreessen Horowitz, uno de los fondos más influyentes de Silicon Valley. Coincidieron en que México es ejemplo de confianza y certeza económica. No es retórica: no es la primera vez que se sientan a hablar; ya lo hicieron en octubre de 2025 para abordar la inteligencia artificial y sus oportunidades para México. Que el mismo interlocutor regrese el día de la inauguración mundialista dice algo sobre la seriedad con que ciertos actores tecnológicos globales están mirando a este país.

El encuentro, sin embargo, no ocurre en el vacío. Ocurre en medio de una pregunta que pocos se hacen con suficiente urgencia: ¿tiene México la infraestructura digital para estar a la altura del evento que acaba de inaugurar? La respuesta honesta es: a medias, y por los pelos.

La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones notificó a las empresas sus resoluciones de espectro temporal el 8 de mayo. Fue hasta el lunes siguiente que apareció en el Diario Oficial el acuerdo de asignación temporal de bandas para desfogar el tráfico de datos en las tres sedes mexicanas. A un mes exacto del pitazo inicial. Los expertos dicen que instalar una estación base, en el escenario más optimista, lleva entre seis y diez semanas. La aritmética no cierra.

Y ahí está el nudo. Porque mientras Sheinbaum le vendía a Horowitz certeza económica, el sector de telecomunicaciones procesaba el shock de haber recibido con un mes de anticipación las resoluciones de espectro para el evento más visto del planeta. La confianza que se ofrece en Palacio Nacional tiene que sostenerse en la red que no colapsa en el Estadio Akron. Los inversionistas de Silicon Valley no financian discursos: financian infraestructura que funciona. Y la infraestructura que funciona se planea con años, no con semanas.

Hay que ser precisos, con todo, sobre dónde está la falla y dónde está el mérito. Pepe Merino lleva al frente de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones desde el inicio del gobierno de Sheinbaum con una premisa que no ha abandonado: entender la tecnología pública como habilitador de derechos. El retraso en la liberación de espectro no es su fracaso: es la herencia de años en que el espectro radioeléctrico fue tratado en México como moneda de cambio político. Merino heredó ese rezago y lo gestiona con los instrumentos que tiene, en el tiempo que le dejaron.

Lo que importa es lo que viene después del Mundial. Andreessen Horowitz administra más de 100 mil millones de dólares en fondos de inteligencia artificial, biotecnología y software. Que ese capital mire a México con seriedad depende de que la infraestructura digital del país sea confiable y predecible. No sólo en los estadios. En todo el territorio. Ésa es la tarea de Merino. Y la evidencia disponible sugiere que la está tomando en serio.