Sucesión 1923-24: Ocotlán, la última gran batalla de la rebelión
Las tropas federales realizaban cada vez más avances exitosos a lo largo de diferentes enfrentamientos en las plazas más difíciles de penetrar. La rebelión delahuertista se resistía a morir ante los embates del ejército comandado por el presidente Álvaro Obregón.

La derrota sufrida por los sublevados en la estación Esperanza propició la retirada del general Guadalupe Sánchez, veracruzano. Durante los primeros días de febrero de 1924 fueron vistos en diferentes momentos en Tuxpan, tanto el legislador Jorge Prieto Laurens, como el mismo Adolfo de la Huerta, de quienes se sospechaba emprenderían una posible huida del país.
Al mismo tiempo, los miembros restantes del destacamento insurrecto instalaron un centro provisional de operaciones en la estación ferroviaria de Tierra Blanca. Aunque aún no se lograba la toma de Veracruz por completo, las fuerzas de Obregón continuaban su avance sobre Orizaba y Morelia.
A FUEGO Y SANGRE
El encarnizado enfrentamiento continuó su desarrolló en Ocotlán, Jalisco, el 9 de febrero, donde el ejército oficial dio una demostración de su poder. En medio de una lluvia de disparos, la sangre corrió en la entidad jalisciense al protagonizar un largo y disputado choque que terminó por marcar el destino de la rebelión.
Desde el 6 de febrero de 1924 dieron inicio los enfrentamientos directos entre las columnas federales y la defensa de los insurrectos. A lo largo de tres días, la disputa se recrudeció entre la férrea obstinación de los delahuertistas, aunado a los violentos embates de los obregonistas; ambos bandos no cedieron ni un palmo de terreno.
La de Ocotlán se convirtió en una de las primeras batallas en las que se emplearon aeronaves de combate para causar daños severos a un enemigo. Por si fuera poco, el gobierno echó mano de su equipo de artillería más efectivo hasta ese momento. La capacidad militar de Obregón salió a relucir como uno de los puntos fuertes del ataque a cargo del general Joaquín Amaro.
Durante un buen lapso, los adolfistas no salieron de sus trincheras, mientras el ejército de Amaro no paró de atacar con toda su ofensiva. Las aeronaves entraron en acción y se dedicaron a bombardear las posiciones rebeldes.
El líder delahuertista, Enrique Estrada, dio la orden de efectuar una respuesta al ataque; la artillería realizó una serie de embates con la intención de detener a los aviones bombarderos, pero todo fue inútil. La victoria se la llevó el general Amaro, logrando avanzar sobre el Río Lerma.
DESASTROSO PANORAMA
Al día siguiente, las fuerzas federales realizaron patrullajes sobre Guadalajara. Cerca del mediodía, el presidente Obregón arribó en un tren oficial a las inmediaciones del municipio donde inspeccionó personalmente la zona de combate e hizo un acto de presencia necesario.
“En el pueblo de Ocotlán se libró formidable combate”, consignó Excélsior en su portada del 10 de febrero de 1924 a la par de un oportuno seguimiento noticioso en las páginas de sus diferentes suplementos como Revista de Revistas y Jueves de Excélsior.
Cientos de heridos, así como otros cientos de cadáveres fueran parte de la escena contemplada por Obregón tras su recorrido en el lugar del campo de batalla. La Cruz Roja y un amplio número de voluntarios se encargaron de las labores de socorro.
Algunos sobrevivientes entrevistados por Excélsior aseguraron que el de Ocotlán fue un enfrentamiento más sangriento que el de Esperanza, “el pavimento estaba materialmente rojo por la sangre que corría y a cada instante las ambulancias llegaban con más y más soldados, mientras el estallido de las balas continuaba sin interrupción”, señaló uno de los entrevistados.
Ya con las plazas más importantes perdidas, varios de los líderes rebeldes se replegaron, muchos salieron huyendo; en la mayoría de los casos huyeron y otros cuantos siguieron en resistencia.
El dato
Contexto
- Como lo publicó Excélsior en su portada, en febrero de 1924, el ejército oficial dio una demostración de su poder en Ocotlán, Jalisco.
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