Sismo de 1985: Bruselas, tumba de 3 personajes

El rockero Rodrigo González, el mimo Frederik Vanmelle y el cronista Manuel Altamira sucumbieron en el edificio de la colonia Juárez que se derrumbó hace 38 años.

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Frederik Vanmelle y Rodrigo González.

Un rockero, un mimo y un cronista murieron en el mismo edificio de la calle Bruselas y Liverpool de la colonia Juárez, la mañana del 19 de septiembre de 1985, después del terremoto que devastó muchas zonas de la Ciudad de México.

Para las nuevas generaciones los nombres de Rodrigo González (Rockdrigo) Frederik Vanmelle y Manuel Altamira se pierden entre sus memorias o nunca los han escuchado; sin embargo, su legado continúa vigente.

Rockdrigo volvió a sonar fuerte en la miniserie de Netflix Rompan Todo, en la cual, de manera errónea, se dijo que había muerto en los edificios de Tlatelolco, durante el terremoto que alcanzó una magnitud de 8.1 grados, escala Richter, a las 7:17 horas.

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El Profeta del Nopal vivía en el edificio de la calle de Bruselas 8, en la colonia Juárez. Ahí habitaban varios artistas extranjeros y nacionales, como Manuel Altamira, cronista fundador del periódico La Jornada y mejor conocido como El Capote, en honor al escritor estadunidense, Truman Capote.

En el departamento número 9 estaba Rockdrigo y en el 10, frente al músico, vivía el mimo belga, quien se había establecido en la capital mexicana desde 1978 para fundar el Teatro Frederik, como lo había hecho anteriormente en su ciudad natal Bruselas, Bélgica y en Madrid, España.

Humberto Ibarra, mimo y alumno de Frederik, recuerda que el artista belga tenía teléfono, Rockdrigo no, así que lo compartían. Las ventanas de sus cocinas cuando se abrían compartían ese cubo de respiración que tienen algunos edificios.

Entonces, cuando había una llamada para el músico, Frederik le gritaba ‘chico’, que era una palabra que le gustaba mucho al mimo, ‘chico, teléfono’. Muchas veces, no le respondía a la primera, ‘Rockdrigo, teléfono’ y entonces salía corriendo del departamento 9, al departamento 10, donde vivía Frederik y tomaba la llamada”, recordó Humberto Ibarra en entrevista con Excélsior, quien fue alumno de Frederik en su compañía de teatro.

En 1978, Frederik Vanmelle llegó a México, junto con Nora Mannek y con el iluminador y pareja, Paul Demeyere. Estaban en Venezuela y literalmente se echaron un volado para ver cuál era su siguiente destino: “¿Argentina o México?”.

El volado les hizo venir a México. Llegaron a nuestro país sin nada, sólo ellos tres a crear lo que se convertiría en el Teatro  Frederik, que ya habían hecho en Bruselas y Madrid “, contó Ibarra.

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Humberto Ibarra, mimo de profesiòn.

*Humberto Ibarra dijo que Frederik Vanmelle cambió el teatro. Foto: Salomón Ramírez.

Frederik se formó con el padre del mimo corporal, Étienne Decroux, en París. Decroux también había sido profesor de Marcel Marceau y Alejandro Jodorowsky.

Frederik amaba todo lo que México le estaba dando, sobre todo su cultura. Amaba caminar por el mercado de Sonora, en la Lagunilla. Incluso, llegó a ir a buscar vestuarios a Tepito. Como muchos europeos, amaba todos esos colores mexicanos.

Frederik y Paul me vieron, gracias a una presentación que hice con un amigo. Ahí me preguntaron si me gustaría audicionar con ellos. Yo, en ese momento, con menos de 17 años, no me imaginaba trabajar en una compañía profesional tan grande que realizaba giras internacionales a Estados Unidos, Europa y África”, dijo Humberto.

Los alumnos del Teatro Frederik ensayaban rigurosamente de 9:00 a 14:00 horas en las instalaciones del Claustro de Sor Juana; sin embargo, esa mañana del 19 de septiembre había cambio de locación y el punto de reunión sería en el edificio de Bruselas 8, en el departamento de Frederik, porque arrancaban presentaciones en varios planteles del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

LA TRAGEDIA

Después de las 8 de la mañana, como fueron llegando los alumnos a la colonia Juárez, se enfrentaron a la terrible imagen del edificio de Bruselas 8, desplomado en forma de sándwich.

Con el paso de los días y de las semanas, alumnos, como Humberto, lograron rescatar parte del vestuario de la compañía de teatro.

Los militares fueron muy amables y nos permitieron separar todos nuestros vestuarios. Los primeros que salieron fueron de la azotea, porque Frederik tenía tres cuartos de servicio llenos de ropa. Al paso de los días, nos dimos cuenta de que habíamos tomado dos teclados. Uno, era de Rockdrigo, no lo hicimos de mala fe, así que lo devolvimos”, contó Humberto.

El mimo belga llegó a México a cambiar el cassette del teatro y a llenar de luces los escenarios; que antes de su llegada, eran prácticamente de luz blanca; transformó los temas, conceptos e introdujo vestuarios excéntricos.

Frederik tenía una frase que decía: ‘con mi trabajo quiero divertirme de manera no convencional, dirigir la atención hacia las cosas positivas de la vida’. Imagínate, qué belleza, quién carajo ahora piensa en eso”, concluyó Humberto Ibarra.

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*mcam