Sentirse solo en la ciudad, la nueva crisis emocional
Los habitantes urbanos están más conectados que nunca a través de las pantallas, pero el uso individualista de la tecnología destruye los lazos afectivos, alertan

A pesar del bullicio constante, el tráfico, las oficinas llenas y la hiperconexión digital, un número creciente de personas residentes en ciudades reporta una sensación persistente de vacío y desconexión.
De acuerdo con datos del Inegi, cada vez más personas de las zonas urbanas manifiestan sentimientos frecuentes de soledad o falta de apoyo emocional, una problemática que se intensifica entre la población adulta y que refleja cómo la llamada “soledad urbana” se está consolidando como un fenómeno emocional silencioso y un tema de salud pública.
El Módulo de Bienestar Autorreportado 2025 del Inegi reveló que 36.6% de la población urbana ha experimentado el sentimiento de soledad “algunas veces” en el último mes, mientras 8.3% de los habitantes lo experimenta “la mayor parte o todo el tiempo”.

Especialistas explican que el malestar psicológico derivado de este aislamiento pocas veces se identifica desde su origen, apareciendo con frecuencia disfrazado de cansancio emocional, desmotivación o estrés laboral.
La doctora Dolores Bravo, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM), advierte que manifestaciones físicas y emocionales comunes como el insomnio o la irritabilidad “son como esa puntita del iceberg, vamos a decir, que está reflejando que a nivel profundo interno hay otros problemas”.
En entrevista con Excélsior, alertó sobre el peligro de evadir el trasfondo clínico mediante soluciones inmediatas falsas, ante la falta de espacios para la autorreflexión y la introspección en las aceleradas rutinas urbanas.

(Tengo mucha ansiedad, no puedo dormir, me voy a tomar un psicofármaco). Y los psicofármacos tienen sus indicaciones y pueden ser muy buenos cuando están bien indicados, pero no para tapar los problemas”, indicó al reafirmar que recurrir a sustancias o conductas compulsivas sólo agrava el aislamiento profundo.
El quiebre familiar
La raíz del problema, según explicó la APM en un comunicado, radica en la sustitución de los vínculos significativos por interacciones rápidas, funcionales y mediadas por pantallas.
Este uso individualista de la tecnología ha fracturado la comunicación dentro del propio núcleo del hogar.

Al respecto, la doctora Bravo señaló el impacto directo en las dinámicas familiares actuales: “sí se reúnen a lo mejor a comer, vamos a suponer, pero cada uno está en su celular”.
Esta desconexión en entornos que deberían ser seguros priva a las nuevas generaciones del aprendizaje social indispensable.
La falta de juego libre y la saturación de agendas infantiles —similares incluso a las de altos ejecutivos— impiden que los niños aprendan a negociar, poner límites y leer las señales de los demás.
Como consecuencia directa, la especialista enfatiza que “estos niños crecen con esta falta de herramientas internas indispensables para la vida futura”, lo que explica por qué en la adultez los vínculos afectivos y de pareja se disuelven con tanta facilidad ante la menor frustración.
Inestabilidad laboral
El entorno socioeconómico de las ciudades también favorece la fragilidad de las relaciones contemporáneas, privilegiando la movilidad y la autonomía por encima del sentimiento de pertenencia o arraigo.
Este fenómeno afecta de manera marcada a las generaciones millennial y centennial.

La presidenta de la APM detalló que, a diferencia del pasado, donde era valorado hacer carrera ascendente en una misma organización, hoy en día “lo valorado es que estés trabajando en una empresa y luego en otra empresa y luego en otra empresa y luego en otra empresa. Entonces, eso no permite realmente hacer vínculos más profundos, más estables, una sensación de comunidad”.
A este ritmo corporativo acelerado se suma la imposición cultural de una autosuficiencia extrema que estigmatiza el necesitar de otra persona como una debilidad.
Sin embargo, la realidad clínica dicta que todo lazo profundo requiere cierta interdependencia.
En el boletín de la institución, la doctora Dolores Bravo concluye:
“La soledad urbana no es simplemente falta de compañía; es la vivencia de no sentirse reconocido por el otro. El ser humano necesita vínculos donde pueda mostrarse con sus dudas, miedos y deseos. Cuando esos espacios faltan, aparece el malestar.”
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