T-MEC en cuenta regresiva

Mientras en México celebrábamos la victoria de México sobre Ecuador en la segunda ronda del Mundial, el primero de julio pasado, el gobierno de Estados Unidos anunció (para sorpresa de pocos) que no le interesa renovar el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por 16 años más. Esto no quiere decir que el tratado deje de estar vigente de inmediato, sino que continuaría vigente hasta 2036: ha entrado en una especie de cuenta regresiva. ¿Esto es una buena o una mala noticia?

Vayamos por partes. El mercado del T-MEC involucra a más de 500 millones de personas y representa alrededor de 30% del PIB mundial. Gracias al tratado, en los últimos años México se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos. La evidencia indica que el tratado ha sido útil para los tres países: la integración regional ha beneficiado, aunque en distinta medida, tanto a empresas como a consumidores y trabajadores estadunidenses, mexicanos y canadienses.

Vale la pena recordar que en 2020 el T-MEC reemplazó al TLCAN, vigente desde 1994, y a pesar de sus reiteradas inclinaciones proteccionistas, contó con el apoyo del presidente Trump durante su primera administración. Al entrar en vigor el T-MEC se acordó una duración de 16 años, de 2020 a 2036, pero se incluyó una revisión trilateral para evaluar su desempeño en el sexto año: el primero de julio de 2026. Si los tres países signatarios acordaban una renovación, el T-MEC se ampliaría por 16 años más, con una nueva revisión en 2032. Sin embargo, si no hubiera consenso, el Tratado entraría a un periodo de revisiones anuales de hasta diez años. En caso de no alcanzarse un nuevo acuerdo, el T-MEC expirará en 2036.

Hay quienes dicen que el juego del T-MEC no se ha terminado, sólo se ha ido a tiempos extra. Otros más dicen que una de las partes, el gobierno de Estados Unidos, en realidad quiere un divorcio expedito del -MEC, pero está obligado a reconsiderarlo por los próximos diez años (elija la analogía más cercana a su experiencia personal).

Esto quiere decir que el peor escenario posible, un rompimiento inmediato del tratado, estaba fuera de discusión dadas las propias reglas acordadas en 2020. Un optimista señalaría que aún quedan diez años para renegociar el Tratado y asegurar su supervivencia, aprovechando sus beneficios. Otros señalan que basta con esperar a que Donald Trump concluya su mandato y apostar por un nuevo gobierno menos reacio a la integración económica regional. Un pesimista señalaría que la incertidumbre en torno a la política comercial de la región de los últimos 18 meses ahora podrá prolongarse hasta por diez años más. ¿Podemos descartar que el próximo presidente norteamericano sea igual de proteccionista que Trump?

Hay quienes han intentado minimizar las implicaciones de esta decisión, ya sea presumiendo que el comercio con Estados Unidos ha seguido creciendo a pesar de las recurrentes amenazas arancelarias de su presidente. Sin embargo, lo cierto es que, mientras más tiempo duren las negociaciones, la incertidumbre seguirá en aumento, afectando las cadenas productivas, los planes de inversión y las perspectivas de crecimiento económico de México.

En el centro de las negociaciones para los próximos años se encuentra China. Es un hecho que las importaciones estadunidenses desde China han disminuido significativamente desde 2016 a la fecha, cuando Trump impuso nuevos aranceles. Sin embargo, en el mismo periodo, el déficit comercial de Estados Unidos con México se ha duplicado desde que entró en vigor el T-MEC. Por desgracia, lo que sería una señal de una integración económica exitosa es una señal de alarma para el presidente Trump: ahora le preocupa que el T-MEC sea usado como un salvoconducto para que mercancías o insumos de origen chino pasen de México a Estados Unidos.

Basta un botón de muestra: esta semana Toyota anunció que trasladará parte de su producción de camionetas de carga de su planta en Tijuana hacia San Antonio, Texas, con una inversión de 3,600 millones de dólares… en Texas. Esta medida se anunció como parte de un compromiso de la empresa para aumentar su capacidad instalada en Estados Unidos.