Selección mexicana femenil Sub-17 gana Mundial y mete goles contra la violencia
El equipo, impulsado por la organización feminista Más Sueños A.C., conquistó el mundial de futbol social frente a Kenia. Conoce la historia de las jugadoras de las periferias del Estado de México que transformaron el deporte en una herramienta contra para defender sus derechos

No llegaron de academias privadas ni de clubes profesionales. Llegaron desde periferias del Estado de México, de comunidades atravesadas por violencia, desigualdad y falta de oportunidades. Y aun así, un grupo de adolescentes mexicanas terminó levantando una copa mundial.
La selección femenil sub-17 de México ganó la Street Child World Cup, un torneo internacional que reunió en el país a jóvenes de distintas partes del mundo y que busca visibilizar las realidades de infancias y juventudes en contextos vulnerables a través del futbol.
Pero detrás del campeonato hay una historia mucho más grande que un marcador 2-0 frente a Kenia.

Las jugadoras campeonas forman parte de Más Sueños A.C., una organización feminista que desde hace más de una década trabaja con mujeres, niñas y personas de la diversidad sexual en situaciones de violencia. Desde una oficina en Gustavo A. Madero, psicólogas, trabajadoras sociales y activistas construyeron algo poco común en México: un proyecto donde el futbol también sirve para hablar de derechos humanos, abuso sexual, autocuidado, emociones y violencia de género.
Lo más importante no era solamente ganar. Queríamos que las niñas entendieran que sí pueden ocupar el espacio público, que tienen derecho a jugar, a ser vistas y a soñar”, cuenta Perla Acosta, directora de la organización Más Sueños A.C..
Todo comenzó años atrás en Ecatepec, mientras la organización impartía talleres sobre prevención de violencia. Ahí detectaron algo alarmante: muchas mujeres ni siquiera sabían identificar que vivían situaciones violentas.
Surgió el Torneo Violeta
La idea parecía sencilla: mujeres jugando futbol en espacios comunitarios. Pero detrás de cada partido había talleres, orientación legal y conversaciones sobre derechos humanos. Mientras corrían detrás del balón, también aprendían a identificar agresiones, desigualdades y violencias normalizadas.
El proyecto creció tanto que después nació Cancha Violeta, considerada una de las primeras canchas con perspectiva de género en México y América Latina, impulsada junto a Love Futbol y Adidas.

Ahí entrenan niñas y adolescentes mientras reciben acompañamiento emocional y formación social. Antes de patear el balón, toman sesiones sobre emociones, prevención del abuso sexual, salud y derechos humanos.
Las mujeres venían a jugar futbol y terminaban descubriendo sus derechos", resume Acosta.
Con esa metodología armaron una selección mexicana integrada por adolescentes de entre 15 y 17 años. Durante meses no sólo entrenaron físicamente: también trabajaron autoestima, contención emocional y manejo de violencia.

Muchas vienen de contextos difíciles. Algunas nunca habían salido de sus comunidades. Y de pronto estaban disputando un mundial.
El torneo, organizado por Street Child United, reunió en México a equipos de países como India, Indonesia, Bolivia, Argentina, Estados Unidos y Kenia, además de representativos de juventudes refugiadas impulsados por Acnur.
Durante diez días convivieron, jugaron y compartieron experiencias en Oaxtepec antes de llegar a la final en el Deportivo Texcoco.
México venció a Kenia
“Las niñas jugaron impresionante. Fueron golazos”, recuerda Acosta todavía emocionada.
Pero quizás el momento más importante ocurrió fuera de la cancha.
Las adolescentes mexicanas comenzaron a aparecer en documentales, entrevistas y medios internacionales. Algunas fueron fotografiadas para prensa italiana; otras participaron en grabaciones inglesas y alemanas. Por primera vez, muchas sintieron que el mundo las estaba mirando de otra manera.
No como estadísticas de violencia. No como niñas de periferia. Sino como campeonas.
El torneo tuvo, además, la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum y del músico Bono durante uno de los eventos, algo que para la organización ayudó a poner atención sobre un futbol pocas veces visible: el futbol social y comunitario.

“A veces sólo se habla del futbol profesional, pero hay muchísimo talento en las calles, en las periferias y en las canchas comunitarias”, afirma Acosta.
Hoy, después del campeonato, las jugadoras han vuelto a casa con una certeza nueva: sus historias también merecen ocupar espacio.
Porque para ellas el futbol no es solamente un deporte, sino una forma de sobrevivir.
IECM