Se puso en manos de dios y llegó a una unidad Covid militar

En casa de Amada Ruiz Peña se enfermaron por Covid-19, ella, su esposo, dos nietos y dos de sus hijos, por lo que al recibir el diagnóstico se puso, comentó, en manos de dios

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CIUDAD DE MÉXICO

En casa de Amada Ruiz Peña se enfermaron por Covid-19, ella, su esposo, dos nietos y dos de sus hijos, por lo que al recibir el diagnóstico se puso, comentó, en manos de dios.

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Pero, al complicarse su estado fue ingresada, junto con su esposo, en la Unidad de Hospitalización Covid-19 del Sexto Grupo de Morteros, en el Campo Militar número 1, de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

“Estaba confiada qué iba a salir de esta, yo estaba en las manos de dios, él sabía si estaba por salir o no, y gracias a dios aquí estamos contando todavía ahorita, falta mañana”, comentó la señora Amada, en la cama de la Unidad de Hospitalización.

La vecina de San Pablo Chimalpa, en la alcaldía Cuajimalpa de Morelos, comentó que al confirmarse que presentaba síntoma de Covid-19, su principal preocupación fue su familia.

“Sentí feo, dije ‘ya se infectó toda mi familia’. Fueron dos nietos, mi hija, mi hijo y mi esposo, que está acá abajo también”, comentó la paciente.

La Unidad Hospitalaria Covid-19 del Sexto Grupo de Morteros, instalada en el Campo Militar número 1, es una instalación con 100 camas, 50 para mujeres y 50 para hombres, para atender a pacientes con síntomas que no requieren atención de terapia intensiva.

Entrar a la zona de camas implica, para el personal médico, de enfermería y de intendencia cumplir con un riguroso proceso de protección con vestimenta y equipos especiales.

Trajes de seguridad con el nombre del personal escrito en la espalda para que se identifiquen, cubre bocas, caretas, guantes, zapatones, todo para evitar su contagio.

Colocarse el quipo lleva casi 40 minutos, pero retirárselo es un proceso tan cuidadoso, que requiere más de una hora.

Amanda se va recuperando de la enfermedad, y espera salir en los próximos días para cumplir con sus trabajos como ama de casa.

“Ya, gracias a dios, ya estoy bien, ya me siento mejor que cuando entré. Estoy esperando llegar a lavar todo mi roperio, una como madre tiene tanto qué hacer”, dijo Amanda.

Enfermeras pendientes

Desde el 7 de mayo, que entró el primer paciente a esta Unidad de Hospitalización, se han atendido a más de 150 pacientes, sin que se reporten traslados a otros hospitales por gravedad o defunciones.

Para estos trabajos es fundamental el apoyo que el personal médico recibe de las enfermeras, civiles y militares que trabajan en esta instalación.

“Sí tuve tener en el sentido de la salud, pero en el hospital al que pertenezco ya habíamos trabajado con pacientes desde mucho antes, en el área de urgencias…ya tenía los conocimientos, los protocolos, que se armaron en el hospital, sin embargo, sí sentía miedo, pero esto ya es muy personal”, comentó la teniente enfermera Zoila Marroquín Camacho.

Las jornadas de trabajo, al interior de la Unidad, son agotadoras.

“Hay horario de entrada, pero no de salida, estamos entrando en el turno matutino entre ocho a diez horas, en el turno nocturno sí nos echamos las 12 horas corridas”, dijo la militar enfermera.

Para el personal de enfermería, el agradecimiento de los pacientes y verlos salir acompañados de sus familiares, es el mejor pago que se pude recibir.

“Estoy próxima a retirarme y creo que esta es la cúspide de mi carrera, el saber que hago las cosas por un bien común, y la satisfacción de ver a mis pacientes cuando se van de alta y que lograron salir de esta pandemia, que sí es drástica”, dijo la teniente Marroquín Camacho.

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