Radiación extrema en la Ciudad de México:       un riesgo cotidiano que no siempre se percibe

La capital mexicana puede registrar niveles de radiación ultravioleta clasificados como “extremadamente altos” durante buena parte del año. La altitud, la ubicación geográfica y la exposición acumulativa convierten al Índice UV en un indicador que rara vez se consulta, pero que implica riesgos reales para la salud

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En horas centrales del día, la radiación puede ubicarse en categoría extrema.Alexandro Medrano

No arde. No duele. No avisa. Y, sin embargo, daña.

En la capital del país, el cielo puede parecer benigno incluso cuando el riesgo es alto. A diferencia de una ola de calor —que se siente, incomoda y obliga a reaccionar— la radiación ultravioleta opera de manera silenciosa. No se percibe en la piel de inmediato. No genera alarma visual. Pero sus efectos son acumulativos.

Cada mediodía, particularmente entre marzo y septiembre, el Índice UV en la Ciudad de México puede ubicarse en la categoría que la Organización Mundial de la Salud define como “extremadamente alta”. En la escala internacional, el nivel 11 marca el umbral máximo recomendado; en la capital mexicana, esa cifra puede alcanzarse o superarse durante buena parte de la primavera y el verano.

No es un fenómeno excepcional.

Es un patrón estructural.

De acuerdo con información pública de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), los niveles muy altos y extremos se presentan con frecuencia entre las 11:00 y las 16:00 horas, el periodo en que el Sol alcanza su mayor altura.

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A mayor altitud, menor filtración natural de radiación solar.Alexandro Medrano

Altitud y geografía: la combinación silenciosa 

La Ciudad de México se encuentra a más de 2,200 metros sobre el nivel del mar. Esa condición no es anecdótica. A mayor altitud, la atmósfera es más delgada y filtra menos radiación solar.

Diversos estudios atmosféricos estiman que por cada 1,000 metros de elevación la radiación ultravioleta puede incrementarse entre 10% y 12%. En ciudades de altura como la capital mexicana, el impacto es permanente, no estacional.

A esto se suma la ubicación geográfica del país. México se encuentra dentro de una franja de latitudes con radiación elevada durante la mayor parte del año. A diferencia de regiones más alejadas del ecuador, no existen inviernos prolongados con baja intensidad solar.

Incluso la nubosidad puede resultar engañosa. Las nubes reducen la sensación térmica y la luz visible, pero no bloquean por completo la radiación ultravioleta. En días parcialmente nublados, los niveles pueden mantenerse en categorías de riesgo.

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Altitud, latitud y cielos despejados influyen en los niveles de radiación.Alexandro Medrano

No es solo la capital 

Aunque la conversación suele centrarse en la Ciudad de México, el fenómeno no es exclusivo de la metrópoli.

En el altiplano, ciudades como Puebla, Toluca y Zacatecas comparten condiciones similares de altitud. En el norte del país, urbes como Hermosillo y Mexicali registran niveles elevados por la combinación de cielos despejados frecuentes y radiación directa intensa. En zonas costeras como Cancún, Mérida o Acapulco, la incidencia solar más vertical se suma a la reflexión de arena y agua.

El resultado es claro: gran parte del territorio mexicano se encuentra expuesto a niveles elevados de radiación ultravioleta durante todo el año.

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La exposición sin protección puede generar daño en pocos minutos.Alexandro Medrano

El daño que no se siente 

La radiación ultravioleta penetra la piel y puede alterar el ADN celular. A corto plazo, puede provocar quemaduras, inflamación y lesiones oculares. A largo plazo, la exposición acumulativa se asocia con envejecimiento prematuro, alteraciones inmunológicas y cáncer de piel.

De acuerdo con información del Instituto Nacional de Cancerología, la exposición solar acumulada constituye uno de los principales factores vinculados al desarrollo de cáncer cutáneo.

El riesgo no depende exclusivamente del tono de piel. Aunque las personas con mayor pigmentación pueden tardar más en presentar enrojecimiento visible, el daño biológico puede producirse igualmente.

En categorías extremas del Índice UV, el deterioro cutáneo puede iniciar en cuestión de minutos.

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La radiación ultravioleta actúa de manera acumulativa.Alexandro Medrano

Una exposición cultural 

El problema no es únicamente físico; es también cultural.

En la capital, los meses de mayor radiación coinciden con actividades al aire libre: recreos escolares, entrenamientos deportivos, terrazas, festivales y marchas. La narrativa dominante sigue asociando peligro con calor extremo, no con radiación invisible.

El Índice UV se actualiza con frecuencia como parte de la información ambiental pública, pero su consulta no forma parte de la rutina cotidiana de la mayoría de la población.

La radiación no se ve.

Pero se acumula.

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La prevención diaria disminuye el riesgo acumulativo.Alexandro Medrano

Prevención simple, impacto profundo 

La prevención no requiere medidas extraordinarias. Implica decisiones cotidianas: buscar sombra en horas centrales, usar ropa protectora, lentes con filtro UV y protector solar de amplio espectro, además de consultar el Índice UV antes de actividades prolongadas al aire libre.

En una ciudad donde el clima rara vez parece extremo, la radiación ultravioleta representa una amenaza constante y medible. La información existe. Se actualiza cada pocos minutos. Está disponible públicamente. 

La diferencia no está en el cielo.

Está en si decidimos mirarlo antes de salir.

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