Así llegó el primer suscriptor a Excélsior
La historia de Santos Gámez Cisneros y su vínculo con Rafael Alducin revela cómo nació el primer suscriptor simbólico de Excélsior tras el lanzamiento del diario en 1917.

A lo largo de 109 años de vida, se han generado un sinfín de anécdotas alrededor de El Periódico de la Vida Nacional, una de esas historias es la uno de los primeros lectores frecuentes de este diario.
De acuerdo con información del Archivo Histórico de Excélsior, Santos Gámez Cisneros, nació en Tehuacán, Puebla en 1889; con escasos 28 años, fue testigo del nacimiento del diario que, a la postre, se convertiría en uno de los mayores hitos periodísticos a nivel nacional e internacional.
Corría el sábado 17 de marzo de 1917, todo estaba listo para la publicación del primer tiraje del periódico Excélsior. La rotativa, las tintas y el ímpetu de los trabajadores se encontraban a tambor batiente.

“Todos estábamos alegres, felices. Yo puse mi “granito de arena” y estaba orgulloso porque presentía la importancia del acto”, explicó a Excélsior en una entrevista conmemorativa del 50 aniversario de esta casa editorial.
Rafael Alducin, fundador de Excélsior, se presentó en la “National Paper”, ubicada entonces en la calle de Nuevo México (hoy Artículo 123), solicitó un rollo de papel prensa que serviría para la impresión de los primeros números de Excélsior.

El joven Santos Gámez Cisneros, quien trabajaba en el lugar, se ofreció a llevar el rollo de más de 250 kilos en una carretilla. Con esfuerzos, lo trasladó hasta la esquina de Rosales y Colón, a solo cuatro calles de distancia, donde ya lo esperaban para la instalación del papel.
Luego, ocurrió lo inesperado, la antigua maquinaria que había pertenecido a otros diarios, presentó fallas que ocasionaron que el papel se rompiera en repetidas ocasiones. Además de algunos atrasos con la información, el periódico no salió hasta el mediodía del domingo 18 de marzo de 1917.

El señor Santos, contó a Excélsior como escuchó rugir la rotativa bautizada por Alducin como “La Carcacha”, debido a su mal funcionamiento parecido al de un coche averiado. Santos sostuvo entre sus manos uno de los primeros ejemplares recién impreso, “estaba como calientito, oloroso a fresco, a nuevo”, dijo, “don Rafael era un hombre fuerte, alto, “muy campechano”. Era amable con todos”, ahondó.

Desde entonces, Santos a le era entregado de propia mano de Alducin, un ejemplar diario, después dos, uno para su compadre -decía el originario de Tehuacán- y al final un tercero que compartía con su patrón de la National Paper. Cada día acudía por sus tres periódicos, lo que lo convirtió en el primer suscriptor simbólico de este diario hasta la muerte de Rafael en 1924.

El joven Santos dejó su trabajo en la empresa papelera y se incorporó a la Compañía Pullman, donde terminó por jubilarse tras de 35 años de trabajo.
Ya para 1967, luego de haber ostentado el título como el primer suscriptor en la historia de Excélsior, presumía ser el número 42, 572 dentro de la lista de suscriptores durante 50 años ininterrumpidos.
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