“En la calle, la verdadera batalla es con uno mismo”; historias de resiliencia que atacan estigmas  

Traumas, duelos, desempleo, violencia y falta de atención a la salud mental son factores por los que la gente llega a vivir en la calle, el estigma y la falta de empatía profundizan su vulnerabilidad

Vivir en la calle no es una decisión que alguien tome de forma consciente. A la calle, la gente arriba por necesidad, como última alternativa.
Vivir en la calle no es una decisión que alguien tome de forma consciente. A la calle, la gente arriba por necesidad, como última alternativa.Olimpia Ávila

Nadie llega a la calle de la noche a la mañana. No es una decisión que alguien tome de forma consciente. A la calle, la gente arriba por necesidad, como última alternativa, por circunstancias que los rebasan y ante las que no encuentran solución.   

La mayoría de quienes habitan el espacio público se encuentran en esa circunstancia debido a un proceso paulatino que acumula traumas, duelos, violencia, pérdida de redes de apoyo y falta de acceso a la salud mental, señalan especialistas y personas que han experimentado esta condición, quienes coinciden en que la vida en la vía pública es una problemática que se agudiza con la discriminación, el aislamiento social y la falta de un acompañamiento integral por parte del Estado.

Nadie está en la calle porque quiere; hay muchas razones para ello… Nadie que tenga una vida plena y feliz escoge, de repente, nada más porque sí, vivir en la calle”, explica el libro Situación de calle para principiantes, de la organización Mi Valedor, un proyecto cultural y social que desde 2015 apoya la reinserción de personas en esta situación."

La línea es muy delgada. Basta un evento traumático para acabar viviendo en la banqueta, algo que evidencian las siguientes historias recopiladas por Excélsior.

  • 5 mil 778 personas sin vivienda en México reportó el Inegi en el Censo de 2020, sin embargo, expertos advierten sobre un subregistro.
  • El número de personas en situación de calle en la CDMX pasó de 900 a dos mil 878 entre 2022 y 2025, de acuerdo con cifras oficiales.

“El vacío lo llené con los compitas”

Después de la pandemia, Mario terminó viviendo en la calle. La pérdida de su segunda hija, Valentina, de sólo seis meses; la partida de su esposa junto con su primera hija, y el haberse quedado sin trabajo durante la crisis sanitaria, luego de apostarle a la hotelería, fueron los factores para que se quedara a vivir en la banqueta, entre coches, basura, y peligros, sí, pero acompañado por los compitas, los valedores, por gente con la que no se sentía solo.

Mario vivía en la calle. Ahora trabaja como guardia de seguridad y busca ser el mejor padre.
Mario vivía en la calle. Ahora trabaja como guardia de seguridad y busca ser el mejor padre.Olimpia Ávila

La pérdida de mi hija, el que se haya ido su mamá con mi otra hija… y pues ya llegar al cantón solo y ver que ya no había nada. La soledad para mí después de escuchar a mi hija, después de arrullarla, después de cambiarle los pañalitos… y ya, de repente, llegar a tu casa y pues, ah chingá, ya no está ahí nada de eso… y pues fue lo que me mandó a la calle: la depresión, la tristeza, la soledad”, cuenta a Excélsior.

Junto con su esposa y su primera hija, Mario se mudó a Cancún. Tenía 25 años. Dejó la casa familiar para hacerse responsable y buscar su propia fortuna.

Allá no teníamos el apapacho de los padres, de nadie. Tal cual teníamos que salir a trabajar, buscar empleo, aclimatarnos al lugar, y pues las enfermedades a flor de piel”.

“Nos fuimos dos años, viene la pandemia y ahí cambió todo para nosotros. El trabajo de hotelería, la neta, nos lo quitaron; se cerraron las playas, se cerró todo y tan sólo si te veían en la playa te mandaban a las galeras”, recuerda.

Regresar a la Ciudad de México sin dinero, sin las pertenencias que dejaron atrás, representó un fracaso para Mario. Su matrimonio se fue desgastando, situación que la pérdida de su hija agudizó.

Fue muy doloroso y no lo supimos manejar… me deprimió tanto, al punto de que ya no le encontraba sentido a la vida… la mamá de mi hija me dijo: ‘¿Sabes qué?, ya no puedo estar así’… Ese vacío lo llené con la calle, con los compitas, con los valedores”, relata.

Mario asegura que la vida en la calle es bonita, pero difícil. 

Traumas, violencia, pérdida de redes de apoyo y falta de acceso a la salud mental son factores que llevan a la gente a la vida en la calle.
Traumas, violencia, pérdida de redes de apoyo y falta de acceso a la salud mental son factores que llevan a la gente a la vida en la calle.Olimpia Ávila

“Hay pros y contras. Aprendes a andar en la calle, a conseguir tu alimento, la situación en la cual estás parado… pero las barreras principales que una persona en situación de calle se pone son las de no confiar en uno mismo… aquí la verdadera batalla, como así yo lo veo, es con uno mismo”.

Yo llegué a caer en esa comodidad de decir: ‘Bueno, pues trabajo para drogarme, para comer, nada más para vestirme’ y me olvidé de las grandes responsabilidades que tenía, que yo tengo como padre”, admite.

La calle lleva al abandono, a dejar de lado el cuidado personal. A muchos, como a él, los lleva a las adicciones. “Por mi mente no pasaba el fumar o el consumir alguna sustancia, pero ya después te orilla todo… te orilla la risa de ese compita, de ese valedor en la calle que te dice: ‘Mira, consume esto, güey’… sinceramente la situación en la calle está muy pelada”, reconoce.

Y mientras exista el respeto, la gente convive de forma pacífica, pero a la hora de defender las pertenencias, y cuando la gente sobrepasa los límites, es cuando la violencia aflora.

También ha pasado que estás acostado y de repente ahí empiezas a sentir mano, sientes acá el toqueteo, y despiertas y ves que es una persona a la cual le habías dicho: ‘Mientras no cruces esa línea, no va a haber pedo’, pero ya la cruza, porque se da el valor con una sustancia encima. Es cuando, pues ahora sí, discúlpame, pero te la ganaste, cabrón”.

Mario llegó a Mi Valedor como muchos, por la promesa de comida y ropa. Y se fue quedando. En el proyecto lo escucharon, lo acompañaron, le ayudaron a recobrar sus papeles. Dejó la calle y, ahora, trabaja como guardia de seguridad privada. También retomó el contacto con su hija.

Lo que más orgullo me da es que estoy en esos momentos… Por ejemplo, hace poco fue su salida de tercer año para pasar a cuarto… Eran momentos en los cuales yo ya estaba ausente, estaba divagando... y ahora que ya estoy aquí, ya estoy viendo lo de las becas, los programas sociales. El proyecto que tengo es procurar ser el mejor padre para mi hija”, concluye Mario.

De habitar en las calles a pintar su propio destino

“Yo llegué a la calle, la primera vez, porque soy sobreviviente de un feminicidio. Yo estuve a punto de ser asesinada por mi expareja”.

Para Emilia Hernández, Emy para los valedores, el camino a la situación de calle comenzó con la violencia perpetrada por quien supuestamente debía quererla. Fue obligada a casarse a los 13 años con un hombre que le doblaba la edad. Su papá incluso le dijo a quién era su esposo que la golpeara si se negaba a obedecerle.

Emilia fue obligada a casarse a los 13 años con un hombre que le doblaba la edad. Su vida en la calle inició cuando él intentó asesinarla y metió en su casa a otra mujer.
Emilia fue obligada a casarse a los 13 años con un hombre que le doblaba la edad. Su vida en la calle inició cuando él intentó asesinarla y metió en su casa a otra mujer.Olimpia Ávila

Él tenía el permiso, me podía hacer todo lo que él quisiera y yo no podía decir ni hacer nada. Y si yo me le enfrentaba, pues eran las golpizas”, cuenta en entrevista con Excélsior.

Durante décadas de vida conjunta, las agresiones físicas y psicológicas fueron constantes, hasta que, un día, su marido llevó a otra mujer a vivir en la misma casa.

Ya estaba yo vieja, ruca y caducada, según él… me sacó para fuera, me cerró la puerta, cambió las chapas y todo eso, y fue cuando metió a la otra mujer”.

En ese entonces, Emilia tenía una pequeña papelería en Texcoco, Estado de México. Sin embargo, perdió su fuente de recursos debido a la delincuencia.

Me fueron a cobrar derecho de piso y ya no pude seguir vendiendo, porque eran muchas las amenazas. Tuve que cerrarla y ya no generaba ingresos para nada. Entonces tuve que salir a las calles a buscar comida.

“Yo andaba en ese proceso, buscando trabajo. Fue cuando él (su esposo) me andaba matando”, narra.

Así comenzó su recorrido por las calles. Llegó a la Romita, donde un hombre le exigía dinero a cambio de no golpearla. Después se fue a un albergue en San Lorenzo Tezonco, donde la obligaban a cumplir con jornadas extenuantes.

Me ponían a lavar ropa de los enfermos, a cocinar, me ponían a hacer limpieza y no me pagaba nada. Me paraba a las cinco de la mañana y eran las 11, 12 de la noche, no me podía ir a dormir hasta que terminara, entonces me salí de ahí”.

Junto con otras dos mujeres terminó viviendo en un basurero. Fue ahí, en una casita que construyeron, donde se dio cuenta de la fuerza de la sororidad. “Éramos tres, una señora tenía seis hijos y la otra estaba enferma de cáncer… nosotras, como mujeres, nos apoyamos, yo las apoyé y ellas me apoyaron también y pues nos cuidábamos una a la otra”.

Uno de los principales retos para Emilia, quien sufre discapacidad motora en una pierna, fue no poder acceder a sus medicamentos. La dureza del suelo en el que tenía que dormir también fue mermando su salud.

Siempre me dolía mucho mi espalda, mi pierna, porque no debo dormir en el suelo. Pero, aun así, yo me aferraba”, recuerda. A la vulnerabilidad se sumó el abandono por parte de sus hijos, quienes cortaron toda comunicación cuando se enteraron de que vivía en la calle.

“Cuando supieron que yo tenía problemas y que andaba en calle, me dejaron de hablar… a uno de mis hijos le pedí 600 pesos y cuando supo que ya estaba trabajando, me los pidió”, cuenta.

Pese a todo, Emilia no guarda rencor, ni a su exmarido ni a sus hijos. La vida en la calle le enseñó a defenderse, a cuidarse, a “sacar la garra”. Además, la llevó hasta el proyecto Mi Valedor, donde encontró a su verdadera familia, y donde ahora trabaja y crea, ya sea tejiendo, bordando o pintando “unos rostros bien horribles, porque es lo que a mí me sale”.

Emilia Hernández pinta "unos rostros bien horribles". Afirma que es "lo que le sale".
Emilia Hernández pinta "unos rostros bien horribles". Afirma que es "lo que le sale".Olimpia Ávila

Emilia recuperó su casa con ayuda de un exmilitar. Ahora, a sus 58 años, puede pagar sus medicinas, su comida. Sus hijos de nuevo la buscan y ella los recibe con gusto, también a sus nietos. Siempre está viendo qué más hacer, no deja la pintura, ha impartido talleres en espacios como el Museo Jumex y pronto realizará un collage para una empresa.

Hoy me puedo poner la mano en la cintura y digo: ‘Yo sí pude’. Y no era como mi esposo me decía, que sin él yo no era nadie. Más bien, él sin mí no es nadie”.

Una línea que se cruza en cualquier momento

Con casi 10 años en Mi Valedor, Mateo, coordinador de Trabajo de Campo de la asociación, sabe que entre tener un hogar y habitar en la calle existe una línea muy delgada que puede cruzarse en cualquier momento.

Yo he conocido personas más o menos de mi edad con historias de vida muy similares a la mía y que me doy cuenta que si un factor hubiera hecho falta, o sea, si uno de mis padres hubiera enfermado o muerto, si en algún momento hubiera atravesado una crisis económica, yo también habría derivado en esa situación”, afirma en entrevista.

Mateo es coordinador de Trabajo de Campo en Mi Valedor, un proyecto social que apoya a personas en situación de calle.
Mateo es coordinador de Trabajo de Campo en Mi Valedor, un proyecto social que apoya a personas en situación de calle.Olimpia Ávila

Psicólogo de profesión, se encarga todos los días de apoyar a los “valedores”, las personas en situación de calle que llegan hasta la asociación en busca de ayuda. Antes, cuando el proyecto no era tan conocido, dedicaba parte de su tiempo a invitar a la gente a que se acercara hasta Mi Valedor.

Ahora, la voz se corrió y su tiempo lo dedica, más que nada, a acompañar a los valedores y valedoras a citas médicas. Los ayuda en trámites para obtener su documentación y que, así, puedan acceder a un empleo o a un certificado de discapacidad. Los hace valer.

La mayoría de la gente tiene una apreciación superficial de lo que es el problema de situación de calle y piensan que la gente se sale porque quiere, como si tuviera un panorama de opciones completamente abierto y pudieran elegir entre estar en la casa y trabajar o estar en la calle”, indica.

Sin embargo, explica que se trata de un fenómeno complejo en el que inciden factores individuales como traumas, el entorno social y hechos como una expulsión de la familia, la deserción escolar o el desempleo y, finalmente, causas a nivel macro, como ciertos periodos históricos, ya sea una crisis económica o como la pandemia de covid-19. Un factor de peso es la falta de atención de la salud mental en el país.

México es un país que se ha tomado el problema de la salud mental de manera muy poco seria. Y, de hecho, tenemos recursos insuficientes. Nada más en materia de la cantidad de psiquiatras, de psicólogos para la cantidad de personas con problemas, simplemente no da”, señala.

Pero, un problema aún mayor es la falta de empatía y sensibilidad por parte de la población hacia quienes viven en la calle, así como la visión que se tiene de estas personas.

En la colonia Obrera, CDMX, Mi Valedor mantiene una casa de día abierta a personas en situación de calle y vulnerabilidad.
En la colonia Obrera, CDMX, Mi Valedor mantiene una casa de día abierta a personas en situación de calle y vulnerabilidad.Olimpia Ávila

Está muy marcado por una nota negativa. Siempre pensar en la muerte, en la enfermedad, en la tragedia y más bien algo que me marca es la solidaridad, el compañerismo que demuestran: hacer valer a una persona cuando es anciana, está discapacitada, no puede cuidarse sola, no puede conseguir su propia comida y los otros compañeros son capaces de mostrar esa empatía que muchas veces en la población domiciliada no encontramos”, asegura.

Mateo no marca diferencias. Su agenda está llena de sus contactos y en cualquier momento le llaman para platicar de cosas completamente cotidianas.

“Yo los he acompañado y ellos también me han acompañado a mí. Ellos se sienten acompañados por mí cuando vamos al doctor, cuando tengo que hablar con alguna autoridad, pero ellos me han acompañado de noche, si estamos en un lugar feo, peligroso, pues ellos también me han hecho valer”. 

  • Mi Valedor impulsa el foro Sin Techo con Derechos, que se realizará del 18 al 20 de agosto en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, y convoca a la segunda marcha de personas en situación de calle, mañana, en la CDMX.

“No hay que escupir al aire, todos pueden acabar aquí”

Jisashi era un ejecutivo bancario. Podía pagar una renta, tenía una esposa y un hijo. Estudió hasta el bachillerato y obtuvo una cédula profesional por medio de un examen de aptitudes. Pero sus circunstancias cambiaron. Ahora vive en una tienda de campaña sobre Eje Central, entre los montones de ropa y objetos que vende para sobrevivir.

Jisashi era un ejecutivo bancario. Ahora vive en una tienda de campaña sobre Eje Central, entre los montones de ropa y objetos que vende para sobrevivir.
Jisashi era un ejecutivo bancario. Ahora vive en una tienda de campaña sobre Eje Central, entre los montones de ropa y objetos que vende para sobrevivir.Olimpia Ávila

Es la segunda vez que termino aquí”, cuenta a Excélsior, después de advertir que no quiere dar su nombre real ni aparecer en fotografías o video por temor a que su familia lo reconozca.

“Era ejecutivo bancario. Pero por azares del destino me fui a la cárcel”, narra, sin darle demasiada importancia.

—¿Cómo fue tu estancia en la cárcel?

—Estuvo bien. Pero perdí a mi familia—, y no puede contener el llanto.

Para Jasashi, la vida en la calle no es difícil. Tiene un negocio, tiene dónde vivir, pero no quiere que se le haga costumbre. Es la segunda vez que termina en esta situación y sabe que pronto volverá a salir de ésta. “Sólo lleva tiempo recuperarse”.

Jisashi quiere rematar su mercancía para juntar dinero y poder rentar una vivienda, pero es difícil acceder a una casa porque no tiene ingresos fijos.
Jisashi quiere rematar su mercancía para juntar dinero y poder rentar una vivienda, pero es difícil acceder a una casa porque no tiene ingresos fijos.Olimpia Ávila

Pues no, no es difícil. Realmente, si sí quieres, pues puedes hacer cualquier cosa, ¿no? Aunque estés en cualquier situación”, considera. Su meta es retomar un negocio de comida gourmet que tenía en el Estado de México.

Pero así como afirma que no es difícil dejar la calle, asegura que es fácil caer en ella, y que cualquiera puede llegar ahí.

Todos estamos expuestos, desde una persona analfabeta hasta un profesionista, todos están en la misma posibilidad… No, no es un tema de drogadicción. Es un tema, más que nada, de algunas circunstancias que se te juntan… No hay que escupir al aire, porque te puede caer en la cara. Cualquiera puede acabar aquí”.