Los orígenes de la invasión de Estados Unidos; guerra mexicoamericana 1846-1848

México enfrentó una negociación impúdica que pretendía tratar el territorio nacional como una mercancía común. En esta serie que Excélsior publica exploraremos la relación histórica con el vecino país

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Foto: Especial

Por: Miguel Salvador Rodríguez Azueta 

Hace unas semanas que el mandatario estadunidense Donald Trump le dio senda rascada a una herida que aún no cicatriza.

Conmemoró la gesta guerrera como “Victoria Legendaria” y con esto despertó nuevamente el adormecido patriotismo del vecindario nacional.

Efectivamente, un tema que de por sí poco se abarcaba, para no molestar a los vecinos, de hecho, independientemente de las obras escritas, sólo hay una película de 1939 dirigida por Luis Lezama y protagonizada por Jorge Negrete que toca el tema, El cementerio de las águilas.

Por lo demás, insisto, el tema no ha sido divulgado ni difundido por varias razones, la principal, nuestro trato con pinzas con los poderosos vecinos del norte y por el otro, temas muy delicados sobre nuestra identidad nacional, que nos llevarían a cuestionar sobre algunos estados que se declararon neutrales, una compañía de espías muy efectiva y un tratado de “amistad perpetua”, que cualquier abogado podría echar abajo si se estudia con detenimiento.

Ante estos acontecimientos, recordé que contaba con un artículo que escribí hace casi 20 años derivado de una novela de mi autoría La Tercera H, la cual me permito compartir.

Es común que un niño de educación básica en México desconozca quienes fueron los héroes de la intervención española de 1829, las causas y consecuencias de la guerra de 1847, pero en cambio se ensalce el triunfo de una sola batalla, la del 5 de mayo contra los franceses.

Respecto al cruento episodio de la guerra Méxicoamericana (1846-1848), aún en día, en ceremonias oficiales los discursos alusivos que se escuchan están llenos de eufemismos para referirse al ejército como “invasores”, “el coloso del norte”, etc.

México no es el único que adolece de este mal, en pleno siglo XXI, la verdad histórica no escapa de la censura, la inducción a la amnesia colectiva por parte de los gobernantes o lo que es peor, el olvido.

Pero el olvido no es el mejor paliativo contra el dolor de un pueblo mutilado ni tampoco pretendo abrir viejas heridas ni mucho menos enturbiar las relaciones entre ambos países, simplemente, evitar el complejo de Sísifo, que, condenado a empujar una gran roca a lo alto del tártaro, ésta se regresaba, siendo un trabajo sinfín.

Así como Sísifo, un país que no conoce su pasado y peor aún, no aprende él, está condenado a repetir sus males.

ANTECEDENTES:

La vorágine territorial del gobierno de EU, para expandir la esclavitud en territorios más propicios para este flagelo, iniciaría en el siglo XIX y continuaría con una serie de abusos y atropellos contra la conturbada y naciente República de México.

Los estadunidenses, con su sentido mercantilista intrínseco, no comprendían los ideales de honor de los hispanos, y trataron de negociar impúdicamente la compra de territorio mexicano como si se tratara de cualquier mercancía común que se encuentra en el comercio.

El velado apoyo de Washington a los insurgentes texanos en 1836, así como sus intenciones expansionistas, habían sido comprobados desde agosto de 1829 por el Gobierno mexicano, cuando el ministro americano Joel Robert Poinsett, ofreció 50 millones de dólares por los territorios en disputa.

De igual manera fue la comisión de John Slidell, quien fungió como delegado en México en los meses que precedieron al estallido de la guerra entre ese país y Estados Unidos.

Diversas revoluciones acontecidas en México, algunas subvencionadas por los propios estadunidenses, dieron como resultado que dichos planes se consolidaran, pues el gobierno del norte, a través de sus agentes en el país, tenía conocimiento que los mexicanos en 1846 no estaban en condiciones de defender lo indefendible.

La guerra entre México y EU inicia oficialmente el 13 de mayo de 1846 con la aprobación, por parte del congreso estadunidense, de la ley de guerra, y culmina el 2 de febrero de 1848 con los mal llamados “Tratados” de Guadalupe-Hidalgo, y digo mal llamados porque cualquier persona sin conocimiento profundos de leyes, sabe que para que se dé un “trato”, debe de haber mínimo dos personas que estén en igualdad de condiciones para cerrar un acuerdo y no con un cañón apuntando a la cabeza.

No obstante, lo anterior, el primer enfrentamiento entre tropas de ambos países fue el 25 de abril de 1846, en lo que hoy es Tamaulipas, cuando una patrulla estadunidense de 63 hombres, al mando del capitán Seth Thornton, internada claramente en territorio mexicano, fue emboscada por tropas mexicanas al mando del general Anastasio Torrejón.

Este enfrentamiento le da a James Polk (presidente de EU) el motivo para declarar la guerra a México, para después apropiarse de los codiciados territorios mexicanos de la Alta California y Nuevo México.

El gobierno de EU desconoció los tratados internacionales en los que se establecía que el límite de la frontera sur de Texas era el río Nueces. El presidente Polk entonces ordenó al general Zachary Taylor establecer tropas entre los dos ríos. Taylor cruzó el río Nueces, violando abiertamente el tratado internacional sobre la frontera de esta «nueva nación tejana».

Mañana, en la segunda entrega, el historiador narrará el inicio del asedio a Veracruz, el primer gran desembargo anfibio de la historia moderna y el inicio de un bombardeo que marcaría la identidad del puerto.

cva*