Marlen Areli fue vendida por su propia madre

Esto ocurrió en Xilitla, ubicado como uno de los tres municipios más pobres de San Luis Potosí.

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Tanques de gas

La historia de Marlen Areli, una menor de 14 años, quien fue vendida por su madre a cambio de mil pesos o un tanque de gas, en San Luis Potosí, fue presentada anoche en Imagen Noticias con Nacho Lozano.

Esto ocurrió en Xilitla, ubicado como uno de los tres municipios más pobres de San Luis Potosí, en donde la menor fue vendida a un hombre de 54 años, señalado como presunto narcotraficante, y por pagar por niñas y adolescentes para abusar de ellas sexualmente.

En sus declaraciones ante las autoridades, Marlen explicó que su madre, una mujer hondureña, de 34 años, dedicada a la prostitución la vendió a José “N”, y lo incitó a matarla si se negaba a estar con él.

Ante esta situación, la joven prefirió huir con Feliciano, de 21 años, a quien su madre ya se la había ofrecido en venta y quien, con engaños, papeles falsos y amenazas se la llevó a Coahuila, en donde trabajó en la siembra de tomates.

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Cuando acabó su contrato, Feliciano regresó con Marlen a San Luis Potosí, pero en esta ocasión a Matehuala, para vivir en un hotel abandonado frecuentado por narcotraficantes, personas en situación de calle y adictos.

Feliciano comenzó a trabajar en un centro caprino, a donde llevó a la joven para vivir en cuarto, con agua y comida limitada, sin regadera y entre prendas que podrían ser de mujeres desaparecidas. El propietario del lugar se deslindó de los hechos

Marlen fue rescatada por la activista Xóchitl Tolentino, quien explicó las condiciones en las que la encontró y la negligencia de las autoridades para atenderla.

Al respecto, Yessica Méndez, de la Procuraduría de Protección a Niñas y Niños de San Luis Potosí, solo comenta: “Nosotros no teníamos un reporte, si hubiéramos tenido conocimiento, nosotros hubiéramos actuado”.

A dos semanas de su rescate, no hay detenidos por el caso de Marlen, quien vive en un refugio para mujeres violentadas, en espera de una visa humanitaria para reunirse con su padre en Estados Unidos.

Yo hice todo por encontrarla… que se pongan a trabajar, si no les gusta su trabajo que se lo dejen a otras personas que trabajen”, dice su padre, Antolín González, desde Estados Unidos.

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