México debe reforzar recuperación del lobo mexicano ante orden de Trump: AZCARM
AZCARM pide reforzar en México la protección del lobo mexicano ante la cacería, el envenenamiento y el rezago del programa binacional

Ante el riesgo que corre el lobo mexicano (Canis lupus baileyi), por la orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que permitiría cazarlos, la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México (AZCARM) llamó a atender "el enorme rezago" que enfrenta la recuperación de la especie en nuestro propio país.
Destacó que, a casi cinco décadas del inicio del Programa Binacional de Recuperación México-Estados Unidos, todavía se mantiene muy lejos de alcanzar la meta de contar con 200 ejemplares en vida silvestre.
Lamentó que en distintas regiones del territorio nacional persistan la falta de gobernanza, la débil aplicación de la legislación ambiental, la cacería y el envenenamiento de fauna silvestre, la impunidad, la insuficiente vigilancia y la ausencia de apoyos e incentivos para las comunidades y los ganaderos que conviven con grandes depredadores.
Es muy fácil rasgarse las vestiduras y condenar al malo de la película, Trump. Lo difícil es reconocer que aquí también se mata a los lobos, que existen territorios donde la ley ambiental prácticamente no se aplica y que no se hace un trabajo de conciencia sobre la importancia de esta especie entre ganaderos y comunidades.
El lobo no se salvará con discursos de indignación; "se salvará cuando cada autoridad y cada sector haga la parte que le corresponde”, advirtió Ernesto Zazueta, presidente de la AZCARM.
Indicó que la verdadera discusión debe centrarse en lo que México está haciendo y, sobre todo, en lo que ha dejado de hacer para recuperar a la especie.
Es indispensable investigar y castigar la cacería y el envenenamiento de ejemplares, proteger los territorios de liberación, financiar el monitoreo científico, conservar los corredores biológicos y garantizar condiciones para que las poblaciones puedan reproducirse y crecer.
Se requieren programas permanentes de prevención de ataques, monitoreo con collares satelitales, manejo técnico del ganado, compensaciones ágiles por pérdidas comprobadas, incentivos económicos, educación ambiental y participación directa de las comunidades propietarias de los territorios", manifestó.
Ernesto Zazueta agregó que la experiencia de los ejidos El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar, en Tepehuanes, Durango, donde fue recientemente liberada una familia y una manada, para un total de ocho ejemplares, demuestra que existe una forma distinta de hacer las reintroducciones, ya que, después de alrededor de 15 años de diálogo y trabajo científico, la asamblea comunitaria aprobó la llegada del lobo mexicano.
Los ejemplares fueron preparados para recuperar sus capacidades naturales de cacería y equipados con collares satelitales que permiten seguir sus desplazamientos, evaluar su adaptación y aportar evidencia objetiva ante posibles denuncias de ataques al ganado.
Señaló que el regreso del depredador tope busca recuperar procesos ecológicos de la Sierra Madre Occidental, favorecer la regeneración de la vegetación y fortalecer la salud del bosque.
Además, el proyecto se articula con esquemas de conservación y bonos de carbono que pueden generar beneficios económicos para la comunidad y demostrar que proteger la biodiversidad también puede ser una alternativa de desarrollo.
Durango demuestra que, con ciencia, participación comunitaria, vigilancia e incentivos, el lobo mexicano puede dejar de ser visto como enemigo.
Cuando la población recibe información, participa en las decisiones y encuentra beneficios en la conservación de su territorio, es posible construir una convivencia real”, subrayó el presidente de la AZCARM.
Ernesto Zazueta recordó que los lobos que hoy vuelven a aullar en vida libre existen gracias al trabajo técnico, genético, veterinario y reproductivo realizado durante décadas por zoológicos y centros de conservación de México y Estados Unidos.