La comodidad de vivir en Los Pinos; enfermera narra experiencia

Ángeles dice que consienten mucho al personal médico y eso les ha permitido desarrollar mejor su labor contra el covid

Ángeles comparte el dormitorio con otras cuatro personas en lo que fue la alcoba del expresidente Enrique Peña Nieto. Fotos: Elizabeth Velázquez y Especial
Ángeles comparte el dormitorio con otras cuatro personas en lo que fue la alcoba del expresidente Enrique Peña Nieto. Fotos: Elizabeth Velázquez y Especial

CIUDAD DE MÉXICO.

Ángeles no conocía los Pinos hasta el 6 de mayo, día en que se mudó a la que durante 84 años fue la residencia oficial de los presidentes de México.

Regresaba del trabajo a mi casa y vi una convocatoria en Facebook para hospedaje de médicos y enfermeras, mandé mis datos, pasó una semana y por whatsapp me preguntaron si todavía quería la habitación, les dije que sí; me dijeron si me importaba compartir, les dije que no; me dijeron que estaba aceptada y dije: ‘Ah bueno’; y después me mandaron una carta y decía que estaba aceptada en Los Pinos”.

Pero la habitación que le asignaron no fue cualquiera. “Cuando llegamos nos dijeron: ‘ésta es su habitación y fue la habitación presidencial’, ¿qué se siente saber que ahí durmió el expresidente de México?, pues se siente muy bonito, mucha emoción y me siento muy orgullosa de estar aquí”, dijo la enfermera que trabaja en el Centro Médico Nacional de la Raza del IMSS.

El 2020 ha sido un año de cambios para Ángeles; en enero se desempeñaba todavía como enfermera general de pediatría, entonces busco un interinato como especialista intensivista, al cual la aceptaron en abril, justo cuando los pacientes de covid-19 empezaron a llegar a La Raza, pero ella quería estar ahí.

Me daba emoción y miedo estar con pacientes infectados, se siente adrenalina estar con pacientes críticos y era algo nuevo”. Por el contacto que tenía con pacientes de covid-19 una prima suya le propuso irse a rentar, pero las cuentas no le salieron.

Le dije: ‘es que no, comida, transporte y luego las rentas son un poquito elevadas’, dije no, no me alcanza”. Fue así un mes después, cuando se anunció que Los Pinos serían habilitados como centro de hospedaje para personal del IMSS, que Ángeles se convirtió en una de sus inquilinas.

Son cinco camas; la mía es la de en medio, al lado tengo dos balcones, los decoraron con orquídeas, tenemos mesitas, una cama individual, después del cuarto donde están las camas hay un tipo vestidor, ahí hay vitrinas, cajoneras,  ahí tenemos nuestras cosas y después está el baño”.

Pero la principal comodidad, asegura Ángeles, es el tiempo de traslado que se ahorra de su casa en Tultitlán, Estado de México y los riesgos que implica viajar en el transporte público. 

Sí he descansado mucho, me ha servido de desestrés, caminar, hacer ejercicio en el jardín me ha servido mucho, aparte teníamos también terapias de relajación”. Además que no tiene que preocuparse por las labores del hogar.

Nos consienten mucho pues no hacemos nada , o sea nada más dormimos y nos vamos trabajar”, el servicio de hospedaje incluye tres alimentos al día, servicio de lavandería y el transporte directo a su unidad de trabajo”.

Aun así uno de los días más difíciles del año fue el primer día que llegó a Los Pinos. “Ese día no sabía si iba a poder salir, o sea yo pensé que nos íbamos a quedar aquí todo el tiempo pero sí podemos salir, sólo aviso si no voy a regresar”.

Durante su estancia, Ángeles no se ha preguntado qué pasó del 2012 al 2018 en la recámara que estuvo del seis de mayo al 17 de agosto, pero sí definió sus lugares favoritos. “Me gustaba estar en mi cuarto, me gusta estar en el jardín, es el que era el helipuerto, ahí sentarme y pues nada más y también a veces veo series, tenemos televisión”.

A partir de esta semana ella y sus otras cuatro compañeras de cuarto fueron reubicadas, pues les dijeron que el recinto está próximo a ser reabierto al público. Ángeles lo atribuye también al poco personal que ya queda hospedado al interior y que calcula en unas 20 personas.

A su nueva habitación se llevó el toque personal que le había dado a su rincón en la suite presidencial, dos dibujos de sus sobrinos, uno de Carlitos de ocho años y otro de Ian de cinco.

Un día me dijeron mis sobrinos ‘¿por  qué no nos llevas?’, porque les dije que había espacio para correr y yo: ‘pues es que no pueden venir’, ya regresaré con ellos cuando lo abran de nuevo al público.

Mientras tanto, la enfermera de 31 años sigue cumpliendo con tres jornadas semanales nocturnas de 8:30 de la noche a 8:10 de la mañana en La Raza, donde ha visto un sinfín de pacientes llenar y llenar los pasillos del hospital.

Soy una enfermera que le encanta su trabajo, soy muy empática, siento que así deberíamos ser todos, tratar a los pacientes como si fuéramos nosotros mismos o algún familiar y dar todo por esa persona”.

Su hermana mayor, que también es enfermera en La Raza, se enfermó y recuperó de covid-19, Ángeles espera que el agitado año 2020 que ha tenido lo termine sana. “Espero terminarlo sana, con mi cambio ya con mi base y pues unas vacaciones, yo creo en Mérida y pues con toda mi familia completa”.

Y dice que sin duda extrañará la que hoy ve como su segunda casa, e insiste: “Yo sí pienso regresar a visitarla cuando esté abierta al público”.

SIGUEN EN LOS HOTELES

Médicos y enfermeras continúan hospedados en hoteles de la Ciudad de México, así lo corroboró Excélsior en un recorrido realizado por diversos inmuebles de la Calzada de Tlalpan.

Al entrar a los hoteles que tienen habitaciones gratuitas para el personal médico que lo requiere hay mantas que anuncian el servicio. De igual forma hay una persona encargada de tomar la temperatura a las personas que ingresan y de ofrecerles gel antibacterial.

La Asociación  de Hoteles de la Ciudad de México calcula que aún hay entre 800 y 900 habitaciones ocupadas de las mil 500 disponibles originalmente.

La verdad están muy cómodas, yo llevo tres días aquí, pero la verdad si hay muy buen servicio”, dijo a Lisbeth Vargas, una enfermera de recién ingreso al INER y que se ahorra diario tres horas de camino de su casa en Valle de Chalco, ahora hospedada en un hotel cerca del metro Portales. “Estoy muy satisfecha con esta opción que nos están dando”.

La verdad se han portado muy bien, yo trabajo en la mañana, cuando regreso en la tarde los del hotel ya hicieron el aseo”, comentó Daniel Cruz, compañero de Lisbeth, también de recién ingreso al INER y quien vive en Teotihuacán, Estado de México.

Está bien porque tenemos el Metro cerca, nada más cruzamos la calle y ya pasa el autobús y ya nos lleva directamente al hospital, está muy accesible el lugar”.

El resto de las instalaciones de los hoteles funcionan ya con las reglas de la nueva normalidad, recibiendo a usuarios hasta llenar el 30 por ciento de la capacidad.