“La Fiera Humana”: el multihomicidio que estremeció a México en 1929
El caso de Luis Romero Carrasco, el joven asesino apodado “La Fiera Humana”, que sembró terror en Peralvillo y marcó a la Ciudad de México en 1929

La Ciudad de México amaneció en silencio aquel 17 de abril de 1929, un silencio raro, espeso, de esos que preceden a la tragedia, una tragedia que cimbró las paredes de un hogar de la calle Matamoros número 27, en la colonia Peralvillo, cuatro personas yacían sin vida.
El responsable tenía nombre y rostro: Luis Romero Carrasco, un joven de apenas 21 años al que la prensa pronto bautizaría como “La Fiera Humana”. No era un desconocido para las autoridades. Romero Carrasco arrastraba un largo historial delictivo, marcado por la adicción a la marihuana y tres estancias en prisión, dos en la correccional y una en la temida cárcel de Belén.

De acuerdo con los archivos del periódico Excélsior, Luis era un muchacho violento, impulsivo, con la ira siempre a flor de piel que aumentaba con su adicción a los estupefacientes.

El inició de la tragedia de aquel día de abril de 1929, fue cuando su tío, Tito Basurto, empresario que comenzaba a levantar un emporio pulquero en la capital, lo enfrentó por el robo de dinero del negocio familiar.

Luis necesitaba efectivo para sostener su vicio, la confrontación subió de tono al grado de llegar a los golpes, después el trágico final, la muerte del empresario; sin embargo, no se conformó con asesinar a su tío.

En la casa se encontraban trabajadoras del hogar que también fueron brutalmente atacadas, la furia fue tal que incluso la mascota de la familia corrió la misma suerte. Un perico, alterado por los gritos y el caos, comenzó a chillar sin parar, lo que molestó a Luis, quien lo envolvió en una cobija y lo mató ahí mismo.

Una de las empleadas aún respiraba, él la miró y con sangre fría la remató con golpes certeros en la cabeza.

Para pasar desapercibido, intentó hacer pasar la masacre como un robo violento, por lo que revolvió la casa, tiró objetos, puertas abiertas, pero las pistas lo delataron rápido. La policía no tardó en seguirle el rastro y la noticia se regó como pólvora por la ciudad.

“El multihomicida de Peralvillo”, titularon los diarios, el periódico de la vida nacional, daba un seguimiento puntual, prueba de ello son las fotografías que se tienen en resguardo en su Centro de Documentación.

Detenido desde el primer momento, Romero Carrasco protagonizó una fuga que avivó todavía más el miedo colectivo, los capitalino imaginaban que “La Fiera Humana” iba a entrar a sus hogares para matarlos, incluso temían por sus mascotas.

Durante días se habló de un asesino suelto, de un joven capaz de matar sin remordimiento alguno, los diarios lo ponían en primera plana, eso generó una especie de psicosis.

Fue recapturado a los pocos días y, esta vez, confesó todo. No solo admitió los crímenes, también reveló los nombres de sus cómplices, quienes fueron arrestados de inmediato. El caso parecía cerrado, la sentencia fue contundente: pena de muerte. Más tarde, conmutada por 20 años de prisión.

Pero Luis Romero Carrasco jamás cumpliría esa condena en aquellos años, la cárcel de Belén una de las temidas de la ciudad de México, funcionaba como punto de traslado hacia el penal de las Islas Marías donde fue enviado.

Durante uno de esos traslados, los custodios aplicaron la temida “ley fuga”, la estrategia de aquellos tiempos para evitar que en las calles o los centros de reclusión estuvieran los delincuentes más temidos. El joven fue abatido bajo el argumento de un intento de escape.

Así terminó la historia de quien sembró terror en Peralvillo y sacudió a toda la capital, un muchacho de 21 años que dejó cuatro vidas truncadas, una casa marcada para siempre y una fecha que aún hoy provoca escalofríos en la memoria de la ciudad.

Han pasado 97 años, y aún aquel 17 de abril de 1929 no sé olvida, no fue un día cualquiera. Fue la mañana en que México despertó frente al rostro más crudo de la violencia.
«pev»
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