“Empiezo a parecerme a mí”: Carmen, trasplante de cara y una donación por eutanasia
Carmen sufrió la picadura de un insecto que derivó en una sepsis grave; permaneció cuatro meses en coma.

A finales de 2024, una mujer de mediana edad en Catalunya solicitó la eutanasia, una petición que fue autorizada conforme a la legislación vigente. Sin saberlo entonces, su decisión acabaría convirtiéndose en un hito médico de alcance mundial. Meses después, su rostro permitió devolver la vida funcional a Carmen, una mujer de 60 años que había sufrido una necrosis facial severa tras una infección bacteriana.
El procedimiento fue realizado en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, España, el mayor centro sanitario de Catalunya y referente de la sanidad pública española, que presentó oficialmente el caso este lunes ante medios nacionales e internacionales.
En julio de 2024, mientras se encontraba de vacaciones en Canarias, Carmen sufrió la picadura de un insecto que derivó en una sepsis grave. Permaneció cuatro meses en coma, luchando por su vida. La infección por la bacteria Streptococcus pyogenes le provocó una necrosis facial extensa, con consecuencias irreversibles: incapacidad para hablar, tragar y ver con normalidad, además de graves dificultades respiratorias, según publicó El Periódico.
La desfiguración no solo afectó su salud física, sino también su vida social y emocional. “No salía a la calle ni a tomar un café”, relató la propia Carme durante la presentación del caso.
Donante anónima y un acto de generosidad
Ante la gravedad del caso, el equipo médico de Vall d’Hebron identificó a una paciente que había solicitado la eutanasia y que cumplía con los criterios médicos para ser donante facial. La mujer, cuya identidad permanece protegida por ley, aceptó donar su rostro y el resto de sus órganos.
Preguntó si su cara era válida y si se podía donar. Manifestó la felicidad de ayudar a otra persona. Fue la máxima expresión de amor y generosidad”, explicó Joan Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del hospital.

Este procedimiento convierte a Vall d’Hebron en el primer hospital del mundo en realizar un trasplante de cara a partir de una donante fallecida por eutanasia. Se trata del tercer trasplante facial realizado en este centro —tras los de 2010 y 2015— y uno de los 54 documentados a nivel mundial en la historia de la medicina. En España se han realizado seis, tres de ellos en Catalunya, todos en Vall d’Hebron.
Es un hito médico de alcance internacional”, subrayó María José Abadías, directora asistencial del hospital.
La donación salvó y transformó múltiples vidas
Además del rostro, la donante cedió pulmones, hígado, riñones, tejidos y córneas. Según Elisabeth Navas, coordinadora médica de Donación y Trasplantes del centro, la donación permitió salvar la vida de cuatro personas y mejorar la calidad de vida de muchas más.
La legislación española establece que la donación es completamente anónima, por lo que Carme nunca conocerá la identidad de la mujer que le devolvió la posibilidad de vivir con autonomía.
El trasplante de cara es considerado un trasplante de tejidos compuestos, uno de los procedimientos más complejos de la cirugía moderna. Donante y receptora deben compartir sexo, grupo sanguíneo y medidas antropométricas similares. Tras confirmar la compatibilidad, se realizaron estudios de imagen avanzados, incluidos TACs, que permitieron generar modelos tridimensionales mediante impresión 3D.
Ingenieros de la empresa IXOM colaboraron en el diseño de guías de corte óseo para lograr un encaje milimétrico, mientras que se fabricó una máscara de silicona semirrígida para reconstruir el rostro de la donante tras la extracción.
La intervención, que duró 24 horas, implicó a un centenar de especialistas y tuvo como objetivo no solo trasplantar tejidos, sino restaurar la funcionalidad, la sensibilidad y la expresividad facial.
Tras la cirugía, Carmen permaneció un mes hospitalizada, primero en la UCI de la Unidad de Quemados y después en planta. La recuperación ha sido progresiva. En una primera fase, su rostro permanecía sin movimiento debido a la falta de conexión nerviosa. Con terapia especializada, estimulación sensorial y rehabilitación facial, ha comenzado a recuperar gestos y expresividad.
Voy viendo que cada vez me parezco más a mí y que ahora la vida empieza a ser algo mejor”, afirmó Carmen. “Cuando piensas que ya no hay nadie que te pueda ayudar, encuentras una luz”.
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