Difícil, asumir salida contra crisis climática; llegan a COP28 con grandes retos

Especialista señala incongruencia para acabar con los combustibles fósiles y limitar las emisiones de gases de efecto invernadero

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COP28

La perspectiva de que durante los 13 días de trabajos de la COP28 en Dubái —que inician hoy— se reconozca la urgencia de acabar con los combustibles fósiles y limitar las emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades humanas, causantes del calentamiento del planeta, será difícil, consideró Adrián Fernández Bremauntz, director ejecutivo de Iniciativa Climática de México.

En entrevista con Excélsior, dijo que los países que firmaron el Acuerdo de París (2015) tienen claro “en el papel” lo que debe operarse para bajar las emisiones de GEI, en al menos 45%, en los próximos diez años, pero los esfuerzos no se mueven de manera consistente o congruente, ni en la escala ni con la rapidez debida.

Explicó que deberán entregar sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) revisadas, en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático, que son los compromisos climáticos que deben implementar y señalar cómo van a reducir las emisiones de GEI de todos los sectores a 2030.

La COP, agregó, en sí es un espacio difícil para lograr resoluciones rápidas y consensuadas, incluso, “se ve muy difícil un pronunciamiento que diga ‘afuera los combustibles fósiles’, peor tantito proponer la cancelación de los subsidios a éstos, son temas que se arrastran desde años atrás”.

Aunque ha sido accidentado el tema de la eliminación del carbón en cumbres pasadas, combustible aún usado para la generación de energía en países como India, China y Australia, por mencionar algunos, ahora viene otra resistencia.

De acuerdo con el fundador de ICM, el meollo del asunto que es económico, ya no es el carbón, sino el gas natural, otro combustible fósil, que lo hacen pasar como “de transición”.

El elefante en la habitación, del que no se habla y donde está la batalla mundial, es en el gas natural, aseguró.

“Es una cuestión de interés económico de los países que tienen mucho gas y de las grandes compañías petroleras que saben que perdieron la batalla en la refinación de petróleo para producir gasolina y diésel, se les va a acabar a la vuelta de la esquina y van a tratar de defender con uñas y dientes el gas natural por los siglos de los siglos… en vez de reconocer lo que es, un combustible fósil que emite dióxido de carbono y que no es compatible para salvar el clima ni el planeta”.

Recién inicia la guerra de dos superpoderes, los que quieren gas y las compañías que cabildean e invierten millones de dólares en todo el mundo, indicó.

En Europa, el año pasado los gaseros ganaron la batalla semántica para que el gas natural fuera considerado un green fuel, “uno diría, es sólo semántica, pero no es así porque se engaña a la gente… y eso que la Unión Europea tiene su Pacto Verde, que es la ruta a seguir para llegar a cero emisiones netas a 2050… En México el gas también está en el centro de la discusión”.

Al especialista en cambio climático y política ambiental le sorprende que en el país, 90% de los expertos en energía considere que el gas jugará un papel fundamental para atender la demanda creciente y futura de electricidad, mientras que “en ICM reconocemos que el gas sí va a utilizarse por varias décadas, pero tiene que hacer pico a 2030 y no deben construirse más plantas de electricidad a gas”.

Es decir, el gas debe utilizarse sólo en aquellos usos que son indispensables para México, por el tiempo necesario, “pero no como la fuente prioritaria para atender la demanda futura de electricidad ni tampoco construir otras cinco 10, 15, 20 plantas más… el siguiente gobierno debe entender que el uso del gas debe bajar poco a poco y asegurar que la mayor parte de la nueva demanda de electricidad tendrá que ser generada con renovables y dentro de 20 o 25 años empezar a eliminar las plantas a gas para llegar a cero emisiones netas a 2060”.

Si bien México en la COP27 de Sharm el-Sheikh, Egipto, se comprometió a incrementar su meta de reducción de emisiones, al pasar de 22% planteado en 2015, hasta 35% para 2030, le falta publicar una ruta detallada de implementación y explicar cómo va a cumplir su NDC, además, debe decir cuándo alcanzará las cero emisiones. Pero el retroceso de la acción climática de México juega en su contra.

De lo bueno que pasa en paralelo a la cumbre climática, Fernández Bremauntz recordó las negociaciones para llegar al primer “acuerdo peculiar” llamado Asociación para la Transición Energética Justa, alcanzado en la COP26 de Glasgow entre Sudáfrica y la Unión Europea junto con Estados Unidos, con el cual le van a otorgar los primeros ocho mil 500 millones de dólares.

Esto, continuó, gracias a que Sudáfrica en 2020 revisó su NDC, la entregó en tiempo y forma con metas más ambiciosas y da prioridad al desarrollo sustentable, prioriza los beneficios económicosociales y su ruta es clara para descarbonizar su matriz energética, a la par que genera empleo.

“Sudáfrica le dijo al mundo: ‘miren, me sumo decididamente al combate al cambio climático y voy a hacer todo lo que esté en mis manos’, y la primera cosa que hizo fue una NDC ambiciosa y una transición energética justa, lo que está pendiente en México”.

Lo segundo que hizo fue el análisis y lo puso transparentemente sobre la mesa. Después, negoció con la UE y con EU y les dijo “aquí está la ruta’, medidas reales para empezar a eliminar el carbón y cerrar las minas”.

Después de Sudáfrica, Indonesia y Vietnam el año pasado firmaron sus JETP, siguiendo el mismo modelo, “y ahora en la ventanilla ya está formado Luiz Inácio Lula da Silva y una decena más de países, pero México, si lo quisiera, no podría formarse en la fila, porque le apuesta a los combustibles fósiles”, agregó.