Denuncian crisis de agua en Mérida por contaminación de granjas porcícolas
Estudios confirmaron que el agua de los pozos en la subcomisaría de Santa María Chí no es apta para consumo ni uso humano debido a la presencia de materia fecal y exceso de potasio

En la comunidad de Santa María Chí, subcomisaría perteneciente al municipio de Mérida, el agua que emana de los pozos artesanales fue declarada oficialmente como no apta para el consumo ni para el aseo humano.
Esto, luego de que análisis biológicos y químicos confirmaran la presencia de materia fecal y altas concentraciones de compuestos químicos en los mantos freáticos de la zona.
Para los poco más de 500 habitantes de la localidad, la situación ha transformado su vida cotidiana.
Los pobladores señalan como origen del daño ambiental a una megagranja porcícola que operó durante 35 años a escasa distancia de sus hogares. Aunque las actividades del complejo fueron clausuradas en 2025 tras una intensa movilización ciudadana y a inicios de 2026 un juez federal ordenó su reubicación definitiva, el daño a las reservas hídricas subterráneas continúa latente.
Vecinos de la comunidad relatan que el líquido extraído presenta una coloración turbia que oscila entre el marrón y el negro, acompañada de emanaciones fétidas que impiden cualquier aprovechamiento básico.
“Desde que está la contaminación de la granja, la verdad esta agua que antes usábamos para bañarnos y para cocinar ya quedó turbia, tiene mal olor y es inconsumible”, explicó Alejandro, habitante de la zona.
Por su parte, William Nahuat, poblador con más de tres décadas en Santa María Chí, recordó que antes de la llegada de la factoría porcina el agua de los pozos se utilizaba sin restricciones para el baño diario y las actividades agrícolas familiares:

“Cuando vino la granja ahí empezó el problema. Ya dejamos de usarla por la contaminación; apesta, no se puede usar, tiene mal olor. Según dijeron los biólogos, está recargada de potasio y hasta las plantas se pueden enfermar”.
Riesgo para animales y monitoreo regional
La gravedad de la contaminación ha obligado a las familias a suspender el suministro a sus animales de granja y traspatio para evitar intoxicaciones o mortandad de ganado.
Fernando Cruz, residente afectado, detalló las maniobras que ha tenido que implementar para sortear la emergencia:
“Ya no la uso porque sale negra, como si fuera chocolate. Lo que hice fue clausurar ese pozo y excavar uno más profundo para que beban mis animales, porque si les doy de esa agua se van a morir o se van a enfermar”.
La crisis en Santa María Chí forma parte de una problemática hidrogeológica documentada en la península.
Recientemente, organizaciones no gubernamentales internacionales como Greenpeace dieron a conocer los resultados de un muestreo aplicado a 17 cuerpos de agua en diferentes municipios de Yucatán, en los cuales la totalidad de los puntos analizados resultó positivo a la presencia de coliformes fecales.
Ante la divulgación de estos diagnósticos, la Asociación de Porcicultores de Yucatán rechazó los señalamientos y calificó los reportes como imprecisos.
No obstante, en las calles y hogares de Santa María Chí, el temor a brotes de infecciones gastrointestinales o dermatológicas prevalece mientras persista el tono oscuro y el olor fétido en sus pozos.