Crisis de salud mental golpea a niñas en México; crecen suicidios y presión por estereotipos
La presión se ha visto potenciada por el entorno digital, donde el deseo de encajar se convierte en una carga que impacta en la salud mental

México enfrenta una crisis de salud mental que está cobrando un precio alarmante entre las más jóvenes. De acuerdo con el reciente diagnóstico de Save the Children, en 2024 se registraron 9 mil 051 muertes por suicidio en el país, la cifra más alta en años recientes.
Sin embargo, el dato más alarmante es sobre la infancia: en el grupo de 10 a 14 años, 59.1% de las muertes por suicidio correspondieron a niñas, rompiendo con los comportamientos históricos de este fenómeno, pero ahora un factor determinante para orillar a las niñas y adolescentes a ansiedad y depresión —algunos de los motivos para a esa decisión—, es la lucha constante contra estereotipos que las redes sociales y actualmente la IA están apuntalando.
Nancy Ramírez, directora de Incidencia Política de Save the Children, advirtió que las niñas están creciendo bajo una “centralidad en prestar atención a cómo se ven”. Esta presión se ha visto potenciada por el entorno digital, donde el deseo de encajar se convierte en una carga emocional que impacta en la salud mental.

Seguimos arrastrando culturalmente estas visiones que con frecuencia colocan a las niñas y adolescentes en presiones sumamente fuertes, donde las niñas encuentran esta presión de pertenecer, de parecerse a alguien, de que su cuerpo sea como el de alguien más, de que su rostro se vea como el de alguien más”, señaló en entrevista con Excélsior.
Esta necesidad de pertenencia no es un capricho adolescente, sino una respuesta a una sociedad que las evalúa constantemente según estándares inalcanzables. Cuando las niñas sienten que no cumplen con estos roles o imágenes, el impacto emocional es devastador. Según el informe, la ansiedad y la depresión representan, junto con los trastornos de conducta, casi 78% de las 144 mil 897 atenciones brindadas a menores en el sistema público durante 2024.
El entorno violento —que incluye la violencia de género en hogares, escuelas y comunidades— coloca a las niñas en un estado de estrés y angustia permanente. Para muchas, la única salida percibida es el aislamiento.
Ramírez explicó que esta presión social las lleva a “aislarse de una sociedad que finalmente no les está permitiendo ser lo que ellas quieren ser”.
Este aislamiento es el caldo de cultivo para una eventual ideación suicida, alimentada por una sensación de no tener un lugar seguro donde simplemente existir sin ser juzgadas.
MÁS ALLÁ DEL LIDERAZGO, EL DESEO DE LO COLECTIVO
Un hallazgo revelador en el trabajo de campo de Save the Children es la percepción que las propias niñas tienen sobre el éxito. Mientras los adultos promueven un “empoderamiento” individualista, las niñas buscan algo distinto: conexión real.
Citando las consultas que la organización realizó a niñas, Ramírez comentó que la respuesta constante fue: “A nosotras no nos gusta la palabra liderazgo. Nosotras no queremos ser líderes porque ser líderes es sólo de una. Y aquí queremos que el grupo entero tengamos un papel relevante”.
Ellas anhelan espacios donde puedan compartir emociones e ideas sin la jerarquía que impone la competencia, dijo.
Pero, para ayudar a las niñas ya adolescentes a brincar estas barreras impuestas por la sociedad y que las están perjudicando en cuanto a salud mental, es urgente la acción colectiva.
Como sociedad, tenemos que darnos a la tarea de poder construir estos espacios donde escuchemos qué es lo que ellas quieren. Más allá de imponerles, si deben ser de una forma o si deben ser de otra o seguir reproduciendo estos estereotipos, hay que escucharlas, hay que darles espacios para que ellas mismas se desarrollen y se expresen”, dijo.
La situación es crítica: la tasa de suicidio en adolescentes de 10 a 17 años se ha duplicado en las últimas dos décadas. La respuesta no puede ser sólo reactiva.
Durante la presentación del diagnóstico Salud mental de niñas, niños y adolescentes en México: evidencia y áreas prioritarias para fortalecer sus entornos protectores, Claudia Aranda, especialista de la organización Save the Children, subrayó que el malestar responde a múltiples factores que exigen fortalecer los entornos familiares y escolares.
El aumento en ansiedad y conducta suicida, particularmente en niñas adolescentes, subraya la importancia de fortalecer entornos familiares, escolares y comunitarios como base de protección”, dijo.
Ramírez fue enfática en que no hay tiempo que perder: “Tenemos que hacer un cambio rápido, ágil, de la forma en la que estamos tratando a las niñas y las adolescentes... más allá de imponerles si deben ser de una forma o de otra, hay que escucharlas”.
La protección de la salud mental de las niñas en México requiere, además de una mejor coordinación entre instituciones como el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), una profunda reflexión social sobre el contenido que generamos los adultos y las expectativas que proyectamos sobre ellas. Si no cambiamos la narrativa de perfección por una de aceptación y apoyo colectivo, seguiremos fallando en proteger su derecho más básico: el derecho a una vida plena y feliz.
Muchas veces esos sistemas de atención son muy heterogéneos a lo largo del país, no siempre tienen todas las capacidades o las condiciones para poder generar estos mecanismos de articulación. Así que se tiene que avanzar hacia ese fortalecimiento. Se tienen que articular los distintos servicios de forma que efectivamente si una niña, por ejemplo, eh hace una llamada de auxilio, de orientación para pedir apoyo, etcétera, que desde ese punto se pueda activar algún acompañamiento a los distintos entornos de la niña”, puntualizó Ramírez.
Y añadió que “si bien es cierto que han mejorado las políticas públicas enfocadas a la atención de niños, niñas y adolescentes, como sociedad tenemos que hacer un cambio rápido, ágil, de la forma en la que estamos tratándolos”.
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