Aspirantes de la UNAM tuvieron más vigilancia en examen de control
La operación en el Palacio de los Deportes permitió que las autoridades universitarias controlaran a los aspirantes convocados al examen de control de la UNAM

Tras las irregularidades registradas en su esquema virtual, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio un giro drástico en su estrategia de seguridad: multiplicó la presencia de personal en campo para blindar el proceso de admisión.
Con ello, la Universidad pasó de una supervisión remota de apenas un monitor por cada 150 aspirantes a desplegar un operativo presencial con un integrante de control por cada 28 jóvenes, lo que multiplicó 5.3 veces la proporción de supervisión.
En el esquema contratado con la empresa Territorium Life, la vigilancia a distancia combinaba supervisión humana con herramientas como reconocimiento facial, bloqueo de navegador y sistemas automatizados para detectar posibles conductas no permitidas.
Sin embargo, el modelo quedó bajo cuestionamiento tras la detección de esquemas para evadir la vigilancia.
De la pantalla al Palacio
Para el examen de control presencial, la Universidad trasladó el músculo operativo a las sedes físicas.
Tan solo en la Ciudad de México el secretario general de la UNAM, Javier de la Fuente, reportó que más de 150 integrantes de la Dirección General de Administración Escolar (DGAE) trabajaban en la supervisión y atención de los aspirantes.

Durante el primer turno, alrededor de 4 mil 200 jóvenes realizaron la evaluación, lo que representó una proporción de aproximadamente un integrante de la DGAE por cada 28 alumnos.
A este contingente se sumaron trabajadores de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC), además de notarios, auditores y directores de facultades, escuelas, centros e institutos que participaron como observadores del proceso.
En total, de la Fuente informó que más de 300 personas de la UNAM trabajaron en la operación del Palacio de los Deportes.
El operativo presencial permitió una supervisión directa de los aspirantes desde su ingreso y durante el desarrollo de la evaluación.
El personal universitario podía atender de inmediato incidencias y situaciones que ocurrieran dentro de los espacios de aplicación.
Incluso el rector, Leonardo Lomelí Vanegas, y el secretario general realizaron recorridos de supervisión durante la aplicación.
El despliegue también se extendió a los centros de aplicación de León, Oaxaca y Tijuana.
El operativo presencial también permitió vigilar aspectos que quedaban fuera del alcance de una cámara: los aspirantes podían ingresar con sus teléfonos celulares, pero debían mantenerlos apagados, mientras que en los accesos a los sanitarios se realizaron filtros con detectores de metal.
En los hechos, la nueva proporción significó que ningún aspirante quedara fuera de la vista de un trabajador universitario.
Con recorridos constantes entre las filas de tabletas y presencia fija en pasillos y zonas de sanitarios, la UNAM cambió los candados digitales de Territorium Life por un cerco humano continuo durante las horas que duró la prueba.
Así, pese a que la prueba presencial mantuvo el soporte tecnológico mediante el uso de tabletas y plataformas de la Universidad, el factor humano volvió a ocupar un lugar central en el control de la evaluación.
El próximo proceso de admisión definirá si este despliegue masivo fue un operativo de emergencia exclusivo de 2026 o si se convertirá en el nuevo estándar de vigilancia para los próximos exámenes de ingreso a la máxima casa de estudios.