José Ojeda, el cuchillero de Sayula

Una de las piezas hechas por este nonagenario artesano llegó a manos del rey de España, Juan Carlos de Borbón

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SAYULA, Jalisco.

El amor a las armas llevó a don José Ojeda a confeccionar a mano, desde hace más de medio siglo, uno de los mejores cuchillos del país. Fuerte, lúcido, a sus 90 años de edad detalla cómo nació esta tradición familiar y cómo una de sus piezas llegó a manos del rey de España, Juan Carlos de Borbón.

Elaborados en su taller de Sayula, Jalisco, con hojas de acero sueco, alemán, austriaco, japonés o estadunidense, y mangos de materiales exóticos, como colmillo de mamut de Siberia y fósil de muela de mamut, según detalla, los cuchillos de don José son famosos en el mundo.

“Para triunfar hay que hacer las cosas bien. El éxito de cualquier hombre es encontrar lo que le gusta hacer. Nuestra principal arma es la honestidad. Escogemos los mejores materiales, que compramos en Estados Unidos con certificado de autenticidad. Y no descuidamos ningún detalle en el tallado de las piezas”, afirma.

Entrevistado en su tienda Cuchillos Ojeda, ubicada en el centro de Zayula, don José cuenta que forma parte de la décima tercera generación de artesanos en su familia, cuyos integrantes se dedicaron primero a la herrería y él exploró, junto con sus dos hijos, la fabricación de armas blancas.

“Tengo una alergia fuerte por el polvo de acero y de madera del taller, y por los años. Pero ese es mi único talón de Aquiles. Sigo trabajando como si nada. Nos ha ido muy bien en el negocio”, comenta quien conoció de cerca al escritor Juan Rulfo (1917-1986) y convivió con su familia paterna, oriundos de este municipio.

“Al principio, hacíamos la herrería de lo que se ocupaba antiguamente en el campo: arados jalados por bueyes, herrajes para carretas, hachas, azadones, machetes, guadañas. Pero todo eso fue pasando a la historia”, recuerda.

“Era un trabajo muy duro. Eché millones de marrazos, pero comprendí que eso no era para mí. Entonces le pedí a mi tío, quien me crió, que me dejara buscar otra cosa relacionada con lo mismo, otro camino. Y encontré el cuchillo que, como fue el primer invento que hizo el hombre, nunca va a morir”, añade.

Ojeda destaca que desde los 12 años de edad ya hacía “gallitas”, unos cuchillitos delgados, y ganaba dinero. “Cuando me mandaron a la escuela no me gustó, pensaba que perdía el tiempo. Fui ya grande y sólo tres años, porque el Clero excomulgaba a los padres que llevaran a sus hijos, por lo de la Guerra Cristera. Pero los sábados y domingos hacía mis daguitas”, evoca con nostalgia.

“A los 16 años ya ponía herraduras a los caballos, hacía frenos, espuelas, chapas para puerta, enrejados, verjas, herrajes para baúl antiguo. Mi tío me compró una pistola y cazaba conejos, de ahí me vino la idea de hacer armas. Me dediqué por completo a esto y me divertía mucho, podía trabajar 16 horas corridas y ni las sentía”, señala.

Don José vendió su primer arma, una pistolita de un tiro, en 1962, a mil pesos de esa época, dice. “Obtuve permiso para hacer armas y me dediqué a eso. Pero en 1968 cambiaron las leyes, por el movimiento estudiantil de Tlatelolco. Y me concentré sólo en hacer cuchillos”.

Con el paso del tiempo, las manos del artesano y las de sus hijos adquirieron la destreza y la precisión necesarias para mejorar cada vez más la calidad y la estética de las piezas, algunas confeccionadas a lo largo de 30 días.

Fue entonces cuando llegó el reconocimiento internacional. En 1992, con motivo de la conmemoración del 500 aniversario del Encuentro de Dos Mundos, el Instituto de Artesanías Jalisciense, al que pertenece, lo invitó a exponer una muestra de sus cuchillos en Sevilla, España.

“Cuando supe que el rey Juan Carlos iría a verla, le hice un cuchillo especial que le obsequié y se quedó fascinado. Me dijo que era uno de los más hermosos que había visto y que me recomendaría mucho”, recuerda con orgullo.

Una pieza del cuchillero de Sayula puede llegar a costar hasta 50 mil pesos. Pero, más que el dinero, aclara, le interesa entregar “obras perfectas” que dejen en alto el nombre de su familia, de su tierra y de México.

“Hoy, en muy pocos lugares del mundo se hace este tipo de cuchillos, porque los fabricamos a mano, con mucha pasión y cuidado”.