Tradiciones: Los corridos, canción y poesía mexicana

Este género musical comenzó a utilizarse para relatar los acontecimientos de la revolución y evolucionó para contar hechos sociales, cotidianos y políticos

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CIUDAD DE MÉXICO. 

En el siglo XVIII, las primeras ediciones del drae lo definían como 'romance o jácara que se canta acompañándolo con la vihuela'. En su libro Historia de la música en México, Gabriel Saldívar deduce que el término se originó en la época colonial, pues se decía de varios manuscritos denunciados ante la Inquisición que 'corrían con escándalo por la ciudad y reino'. También se afirma que proviene del romance español, un género de la poesía apoyado en la tradición oral, con una gran variedad temática, muy popular en el siglo XV. 

También se dice que el corrido proviene de la «itoloca», una forma de la poesía narrativa náhuatl. Por último, está la tesis mestiza que sostiene —y a mí me parece la más plausible— que la población se encargó de reunir los corridos después de la Independencia.2

Al parecer, el primer corrido-romance en español escrito en México fue compuesto por los soldados españoles en Tacuba, después del episodio llamado «la Noche Triste», cuando los mexicas les dieron una tunda y los expulsaron de Tenochtitlan:

En Tacuba está Cortés / con su escuadrón esforzado, / triste estaba y muy penoso / triste y con gran cuidado, / una mano en la mejilla / y la otra en el costado.

Antonio Avitia, en su libro Corrido histórico mexicano, cita a Cuauhtémoc Esparza Sánchez y afirma que el corrido tiene una línea de construcción: «Entre las estrofas inicial y final del corrido aparecen algunos elementos: la introducción, las invocaciones, el mensaje, el estribillo, la moraleja, la despedida del corridista y el nombre del autor».

Algunos corridos también contienen el lugar, la fecha e incluso la hora del suceso; otras veces, los autores piden permiso para contar la historia. Un ejemplo de introducción es el de «La persecución de Villa»:

En nuestro México, febrero veintitrés, / dejó Carranza pasar americanos, / diez mil soldados, seiscientos aeroplanos, / buscando a Villa por todo el país.

De invocación, el de «Valentín de la Sierra»:

Antes de llegar al cerro / Valentín quiso llorar: / ¡madre mía de Guadalupe, / por tu religión me van a matar!...
De moraleja o consejo, el de la canción «Cuando vayas a Tlaxcalantongo», que relata el asesinato de Venustiano Carranza:

Debes de tener cuidado / cuando vayas por la sierra / porque al hombre más barbado / lo pueden cubrir de tierra.

El corrido voz de pueblo

El corrido, entonces, sirve como referente histórico y es cantado por el pueblo. Lo que se narra, en general, no es una versión imparcial de un hecho, sino la visión del autor de los acontecimientos; éstos no siempre son reales o lo son parcialmente. Como ejemplo está el corrido «Don Baldomero», que cantaba Eulalio González «Piporro», y que es una ficción:

Ésta es la historia de don Baldomero, tenía tres hijas, era muy rico... hasta que llegó un vaquero. / El baile se celebraba / con gran pompa y con esmero / cuando llegaron las hijas / del hombre rico del pueblo...

El caso es que llega el vaquero y saca a bailar a la más chica de las hijas de don Baldomero y se arma la gresca. Habla «Piporro»: «Sacó la pistola el viejo y comenzó la balacera, tumbadero de sillas, griterío de mujeres, se disipó la humareda de las balas y había desaparecido el vaquero con la muchacha...». Y finalmente:

Aquí termina el corrido / del hombre rico del pueblo, / de su hija y de aquel bandido / que lo convirtió en abuelo.

El milagro de San Bruno…

Hay corridos que cuentan historias de animales, como «El perro negro» —interpretada magistralmente por Francisco «Charro» Avitia—, que cuenta la historia de «Gilberto “el Valiente”, nacido en Apatzingán» y de su perro negro, «que era su noble guardián». Gilberto quería vivir con «la Lupe», novia de don Julián, un hombre rico y mandón; un día que «el fiel guardián» no estaba, don Julián, como se diría en el Alarma!, «encontrólo dormido —a Gilberto— y matólo». Pero poco después volvió el perro y dio muerte al asesino.

De caballos hay centenares. Como el «Corrido del caballo blanco», de José Alfredo Jiménez, que es uno de los ejemplos más célebres:

Éste es el corrido del caballo blanco, / que un día domingo feliz arrancara; / iba con la mira de llegar al norte, / habiendo salido de Guadalajara...

Corrido del caballo blanco, de José Alfredo Jiménez:

fbp