Carta Magna, un documento que evoluciona
Senador disiente de especialistas que señalan que el documento está viejo y rebasado

CIUDAD DE MÉXICO.
Decano de esta generación de senadores, Enrique Burgos García tiene el privilegio histórico de pertenecer a las legislaturas que cambiaron el rostro del país en la Constitución Política, y hoy sabe que vivir el Congreso de la Unión es un reto muy importante, porque la clase política recibe muchas críticas sociales y cada vez hay más grupos que exigen más a sus representantes populares.
En entrevista con Excélsior, el exgobernador del estado de Querétaro disiente de especialistas y legisladores, pues considera que la Constitución no está ni vieja ni rebasada.
“La gran aportación del Constituyente de 1917 de crear un mecanismo que mantuviera al día a la Constitución nos permite ver una Carta Magna que ha sabido recoger las transformaciones de la sociedad mexicana, que hace 100 años estaba decidida a evitar la reelección y ahora la permitirá para sus legisladores y presidentes municipales”, dice.
La primera vez que Enrique Burgos fue diputado federal formó parte de la LIV Legislatura, que trabajó de 1988 a 1991 y la realidad de este país era diferente.
El PRI era prácticamente la única fuerza en el Senado. Era la primera vez que entraban los legisladores de oposición, los perredistas Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez; Roberto Robles Garnica y Cristóbal Arias; el resto del pleno; es decir, 60 legisladores, eran priistas.
Todavía en ese tiempo, el protagonismo del Poder Legislativo en México lo tenía la Cámara de Diputados; el Senado no era tan activo en la promoción de su trabajo legislativo y era escaso en los escándalos que tenía; no competía con historias de diputados que se llevaban sus curules a casa, por ejemplo.
Pero aun así, a Enrique Burgos García le tocó una época de transformación legislativa, pues le correspondió acompañar al entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, en los esfuerzos por transformar el rostro del país.
Así, Enrique Burgos fue parte de la bancada que coordinó Netzahualcóyotl de la Vega, pero que en verdad lideraba don Emilio M. González, que aprobó las primeras reformas constitucionales que comenzaron a dejar atrás al viejo México, como la que terminó con el conflicto entre el gobierno federal y las iglesias, al reconocerlas como instituciones; la referente a los principios normativos de la política exterior y la que permitió la venta de las empresas paraestatales.
Después, Enrique Burgos García fue gobernador de su estado; diputado federal en el segundo trienio del gobierno de Vicente Fox, primer panista que gobernó el país, y ahora integra la LXII y LXIII Legislaturas.
Es parte de la generación de senadores que aprobó las 12 reformas estructurales que modernizaron el entramado constitucional para que México se incruste mejor en la era global.
“La Constitución Política Mexicana es un ente vivo. Yo no creo que ni esté rezagada ni que esté envejecida. Me parece que ha sabido reflejar cada momento histórico de la sociedad mexicana.
“Sin perder sus pilares de democracia, justicia, federalismo, entre otros, ha incluido las transformaciones. “Hace años era una prioridad separar a la Iglesia del Estado, por la intromisión sin medida del clero en los asuntos políticos; hoy, eso ya no es necesario. La propia Constitución pone a cada uno en su espacio y hay reglas que castigan las intromisiones.”
Es un México diferente, explica, porque ahora se tiene una sociedad cada vez más demandante de que sus políticos rindan cuentas; por eso, la decisión de ir ahora por la figura de la reelección consecutiva, por dos periodos para el caso de los senadores, hasta cuatro para los diputados federales y dos para los presidentes municipales, sin otorgarla a los gobernantes, para que no se repita la perpetuidad en el poder, es un reto para toda la clase política.
“Sin duda que la reelección implica la profesionalización en el Poder Legislativo, pero ahora esa profesionalización tendrá que hacerse de cara a la sociedad, porque la clase política recibe muchas críticas y exigencias de control de sus actos, pero también la sociedad deberá profesionalizarse en observar a los políticos; porque no es lo mismo un legislador popular y mediático, poco útil para el Poder Legislativo, que un legislador altamente útil en la tarea de legislar, pero nada mediático”, destaca.
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