98 años: Excélsior, en 1917 se recomendaba construir refinerías
En un artículo publicado por este diario en sus primeros días, se dio cuenta de la enorme importancia de no derrochar el producto energético

CIUDAD DE MÉXICO, 18 de marzo.- En un artículo publicado por este diario en sus primeros días, se dio cuenta de la enorme importancia de no derrochar el producto energético.
Apenas se consolidaban las primeras etapas en la industria petrolera mexicana, cuando ya se hablaba de la necesidad de inversión para evitar el derroche de este producto energético; con un argumento parecido hace dos años el gobierno logró su Reforma Energética.
En un artículo tomado del Boletín del Petróleo —editado por la entonces Secretaría de Fomento— y publicado en Excélsior hace casi 98 años, el autor J.B del Río advertía que, a pesar del reconocimiento de la importancia de este recurso, era vago su aprovechamiento.
La riqueza petrolífica del subsuelo de la República Mexicana fue reconocida desde hace largo tiempo, y puedo asegurar que desde hace más de 50 años se habían presentado a la Secretaría de Fomento varios denuncios de terrenos reputados como petrolíferos.
Desde aquellos tiempos se mostró la apatía e intolerancia para el aprovechamiento de nuestros recursos, pues principiaron a proveerse y a utilizar el petróleo, extrayéndolo de aquellos depósitos empleado para todo ese trabajo de la mano del hombre. La utilización de nuestra riqueza fue raquítica y pobre”, se lee en la edición del 23 de marzo de 1917.
En el escrito “Una enorme riqueza que se pierde”, el especialista explicaba que para el desarrollo petrolero habría que apostar por las refinerías con elementos mexicanos y una administración de buena calidad.
Poco a poco deberemos ir poblando nuestras regiones petrolíferas de elementos mexicanos, que procuran ahorrar, economizar y emplear todos y cada uno de los componentes volátiles producidos en los campos, pues ésta, como toda la riqueza mineral, es finita y aun cuando la nuestra marca límites bastante grandes, debemos preocuparnos por controlarla y administrarla de la mejor manera posible”, opinó.
Argumentaba que en la medida en que se ampliara la infraestructura, mayor sería el aprovechamiento de recursos.
“En la actualidad sólo contamos con un escaso número de refinerías que tratan los productos petrolíferos y alcanzan su descomposición, realizando así una de las más grandes ambiciones nacionales. Mientras más grande sea el número de ellas y más perfectas, y adecuados sean los procedimientos que empiecen para alcanzar y lograr hasta el final el aprovechamiento de la riqueza del petróleo, menor será el desperdicio de recursos naturales, tan común en los campos petrolíferos de la República”.
Hoy México cuenta con seis refinerías operadas por Petróleos Mexicanos (Pemex), localizadas en Hidalgo, Guanajuato, Nuevo León, Tamaulipas, Oaxaca y Veracruz. En opinión de Fabio Barbosa, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, el reto es dejar de invertir en instalaciones faraónicas para el destilado del petróleo.
“La manera de corregir este problema es que se impulse la construcción de nuevas refinerías con un nuevo enfoque. (En Estados Unidos) para resolver el problema están construyendo refinerías, pero no obras faraónicas, como en las que a veces se ha empeñado nuestro gobierno; se trata de refinerías de 25 mil barriles diarios de capacidad”.
El investigador aseguró que por las dificultades internacionales, por ahora se debe “apostar por la transformación de lo que queda en el subsuelo de este recurso y convertirlo en gasolinas y petroquímicos”.
Francia, tras el hidrocarburo
El 21 de marzo de 1917 un “celoso cónsul de Francia en México”, Henry Aimé Martin, presentó un estudio de las diferentes áreas de la industria petrolera en México, según se lee en la edición impresa de Excélsior.
El informe contenía las consideraciones en geología, análisis químicos y particulares, ventajas especiales, mercados y producción del petróleo mexicano.
“El señor Martin enumera los gastos y las probabilidades de éxito que tiene la industria del petróleo; en primer lugar, el alza de los terrenos bien situados, que han centuplicado su valor en menos de 10 años, pues la hectárea que valía diez pesos en 1906 costaba mil en 1914.
“Habla enseguida de las erogaciones que deben hacerse antes de recoger el menor provecho: prospectos largos y costosos, compra de maquinaria en el extranjero y transporte de ella a través de regiones desprovistas de caminos, desgaste rápido del material y salarios elevados; en seguida los gastos por la construcción de oleoductos que lleguen a los centros de producción al puerto”, indica.
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