El histórico Códice Azcatitlán regresa a México prestado por Francia
México reclama desde hace años la restitución de este documento pintado por artistas indígenas en el siglo XVI.

Escenas de poder y muerte en la mítica capital mexica Tenochtitlán, conquistadores españoles, traiciones y decadencia. Es lo que relata en pictogramas el histórico Códice Azcatitlán exhibido en México desde el jueves gracias a un préstamo de Francia, que rehúsa devolverlo.
El gobierno mexicano reclama desde hace años la restitución de este importante documento, crónica histórica pintada en el siglo XVI por artistas indígenas tras la caída del imperio azteca bajo el dominio español.
Ahora, y hasta el 31 de diciembre, dos folios del libro se exhiben dentro de una urna de vidrio en el Museo de Antropología de Ciudad de México.
"¿No sientes la energía?", preguntó Emilia Mendoza, miembro de la comunidad indígena hñähñu, mientras admiraba el códice perdido para México hace siglos. "Nos escondieron nuestra historia, nos la robaron", "esta es una batalla ganada, un primer paso hacia la restitución de estos libros que viven en otros países", dijo durante la inauguración de la exhibición.

El pueblo hñähñu, del central estado de Hidalgo, ha presionado por la devolución de estos textos. Pide también la restitución del llamado Códice Borbónico --que se conserva en la Asamblea Nacional de Francia-- porque contiene las "fórmulas" del ritual mexica del Fuego Nuevo que se conmemora en 2027.
La presidenta Claudia Sheinbaum pidió el año pasado la devolución de ambos durante la visita de su par francés, Emmanuel Macron.
París afirma no poder restituirlos por motivos legales, pero un grupo de trabajo conformado desde entonces consiguió este primer paso: una exposición cruzada de Azcatitlán en México y el Códice Boturini a Francia a propósito de los 200 años de relación bilateral.
Es "reunir a un pueblo con su memoria", resumió el canciller Roberto Velasco en la inauguración. "México podrá contemplar el Códice Azcatitlán". "Sus pictogramas representan nuestra historia, la voz escrita de nuestros antepasados y la raíz profunda de nuestra identidad".
Éxodo, esplendor y declive
Francia posee unos 70 manuscritos pictográficos originales, como códices o documentos de tradición mesoamericana. Entre ellos el Azcatitlán y el Borbónico, que representa calendarios adivinatorios y solares de la civilización mexica.
Este último se cree que fue robado durante la época napoleónica de la biblioteca de El Escorial en España.
Los códices pueden ser pictográficos, alfabéticos o combinar ambos. Narran la historia, los ritos y las creencias de los pueblos del actual México antes y después de la llegada de los españoles, en el siglo XVI.
Con policromía de rojos, azules, verdes y amarillos, desde los guerreros con penachos de plumas hasta los actos rituales en templos piramidales, el Azcatitlán relata la historia de México-Tenochtitlán: la migración de la mítica Aztlán, la fundación de la espléndida urbe, la caída del imperio ante los conquistadores y sus aliados indígenas en 1521.
Fue elaborado en papel europeo y utiliza páginas enfrentadas para formar escenas panorámicas. La exposición -que incluye otros códices- ya empezó a recibir visitantes.

Tenerlo "es algo que se merece el país", dijo Karen Trejo, etnohistoriadora de 28 años. "Si es de México, ¿por qué no está en México?".
De mano en mano
El Códice Azcatitlán ha sobrevivido a los siglos pasando de mano en mano, cruzó océanos y en algún punto llegó a Italia de donde el virreinato de la Nueva España, que abarcaba el México actual, lo recuperó en 1743.
En un momento no especificado salió de resguardo oficial y pasó por varios historiadores locales hasta llegar al investigador francés Joseph Aubin.
En 1848, el códice salió de México rumbo a Francia, cuando Aubin trasladó toda su colección de documentos indígenas a su país.

Los adquirió en 1889 el coleccionista franco-mexicano Eugène Goupil. Su viuda los donó a la Biblioteca Nacional de Francia en 1898, con la condición de que la colección se conservase siempre íntegramente en esa institución pública.
La Asamblea Nacional y la Biblioteca Nacional de Francia defienden la legalidad de posesión de esas piezas históricas.
El Parlamento francés no los incluyó en una ley que aprobó en mayo para facilitar la restitución de obras expoliadas durante la colonización.