Trump juega a la ambigüedad estratégica durante toda la semana
La aparente indecisión del mandatario sobre intervenir en el conflicto israelí-iraní fue parte de su estrategia, reveló un funcionario de la Casa Blanca

Cuando Donald Trump dijo el pasado jueves que se daría dos semanas para decidir si bombardeaba Irán, sus críticos concluyeron que el presidente estadunidense aplazaba esta decisión.
La noche siguiente abandonó la Casa Blanca para asistir a una cena de recaudación de fondos en su complejo de golf de Nueva Jersey, y parte del mundo pensaba que aún había espacio para la diplomacia.
En realidad, Trump ya estaba a punto de decidirse.
Pocas horas después de su llegada al Trump National Golf Club Bedminster el viernes por la noche, los primeros bombarderos B-2 despegaron de una base aérea estadunidense.
Al día siguiente, cuando los B-2 aún estaban en el aire, Trump tomó la decisión de atacar tres instalaciones nucleares iraníes.
El presidente dio la orden final al secretario de Defensa (Pete Hegseth) el sábado”, dijo a AFP un funcionario de la Casa Blanca.
En la semana previa al ataque, el presidente continuó con la diplomacia, principalmente a través de los esfuerzos del enviado especial (Steve) Witkoff, mientras el Pentágono preparaba simultáneamente la operación”, añadió.
La táctica de las “dos semanas” de Trump parecía formar parte de una campaña de lo que Hegseth, denominó “distracción”, que incluía varios B-2 volando en dirección contraria como señuelo.
Trump jugó a la ambigüedad estratégica durante toda la semana. Primero acortó su presencia en la cumbre del G7 para reunirse con su equipo de seguridad nacional. Después lanzó una andanada de mensajes bélicos en las redes contra el líder supremo iraní, Alí Jameneí.
El miércoles dijo: “Puede que lo haga, puede que no” cuando le preguntaron si atacaría a Irán.
Sacó ventaja del reproche que suelen hacerle por fijar plazos de dos semanas en todo, desde Ucrania hasta la atención médica, y luego incumplirlos.
Pero entre bastidores, Trump estaba cada vez más decidido, dijeron funcionarios estadunidenses.
El republicano fue “informado a diario sobre los esfuerzos de los israelíes y la operación en sí mientras decidía si seguir adelante”, dijo el funcionario de la Casa Blanca.
También celebró reuniones diarias con su Consejo de Seguridad Nacional en la sala de crisis de la Casa Blanca y se reunió con su influyente exasesor Steve Bannon. En público, Trump y su gabinete se esforzaron por mantener las cosas en secreto.
El normalmente locuaz Trump no dijo nada a los periodistas cuando regresó a la Casa Blanca el sábado a las 18:00 horas.
El primer bombardero B-2 lanzó sus ojivas apenas 40 minutos después, a las 18:40, hora estadunidense (las 02:10 del domingo en Irán).
Los últimos misiles Tomahawk disparados desde submarinos impactaron a las 19:05.
Trump anunció los “muy exitosos” ataques en un mensaje en su plataforma de Truth Social a las 19:50.
La Casa Blanca publicó entonces imágenes de un Trump de aspecto pensativo en la sala de crisis, con su gorra roja de MAGA.
Esta fue una misión altamente clasificada con muy pocas personas en Washington al tanto del momento o la naturaleza de este plan”, dijo el domingo el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Dan Caine.
Pero las decisiones difíciles están lejos de terminar para Trump, que se reunió de nuevo con su equipo ayer en el despacho oval de la Casa Blanca.
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