Refugiados en Bosnia; empeora la pesadilla migratoria

Miles de personas que huyeron de sus países por la guerra o la crisis económica llegaron a un campamento en Bosnia, donde padecen condiciones insalubres, hambre y hacinamiento

Por: DPA

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Refugiados en Bosnia; empeora la pesadilla migratoria

BIHAC.

Numerosas fotos de grupos activistas lo demuestran: filas de colchones esparcidos sobre el suelo mojado, regaderas y sanitarios en deplorables condiciones de higiene. Las tiendas de campaña se levantan en un desierto de lodo.

El campamento de Vucjak es la respuesta de Bihac, una ciudad de 50 mil habitantes, a una fuerte afluencia de inmigrantes y refugiados a la que apenas puede hacer frente. Situada directamente en la frontera con Croacia, Bihac atrae a los migrantes que quieren cruzar sin papeles al país vecino y entrar así en territorio de la Unión Europea.

Alrededor de siete mil migrantes se encuentran actualmente en varios campamentos en Bihac y en el cantón de Una-Sana. En junio, los saturados campamentos de las organizaciones internacionales dejaron de acoger refugiados. Los migrantes dormían en la calle.

Con los fondos que disponían, las autoridades de Bihac crearon de forma improvisada el campamento de Vucjak —sobre un antiguo vertedero de basuras—. Muchos de los mil migrantes que ahora se hacinan en el campamento fueron recogidos en la ciudad por la policía bosnia y trasladados a Vucjak contra su voluntad.

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Malas condiciones. Las autoridades de la ciudad bosnia de Bihac colocaron pocos colchones y tiendas de campaña en las que viven hacinados al menos mil migrantes.

Las organizaciones internacionales y las ONG criticaron la medida y advirtieron que el campo de refugiados no cumplía las normas humanitarias básicas.

La Cruz Roja de Bihac distribuye pocas raciones de comida y té; además, hace llenar los depósitos de agua de las deficientes instalaciones sanitarias. Sin embargo, el personal de la organización admite que sus medios son limitados y critica que el gobierno central de Sarajevo se ha desentendido del problema dejando a la ciudad de Bihac y al cantón de Una-Sana abandonados a su suerte.

En septiembre había una tienda de campaña que ofrecía servicios médicos ambulatorios. Estaba dirigido por el activista alemán Dirk Planert, apoyado por médicos y paramédicos voluntarios de Alemania, Austria, Hungría y Eslovenia.

Durante la guerra de Bosnia (1992-1995), este fotógrafo y periodista de 52 años arriesgó su vida acompañando y supervisando el paso de convoyes con ayuda humanitaria hacia Bihac, que había quedado atrapada entre dos frentes.

En junio, el alemán oriundo de la ciudad de Dortmund volvió a Bihac con motivo de una exposición organizada por la ciudad con sus fotografías. Allí se enteró de las condiciones en Vucjak y realizó una visita al campamento.

Es como si alguien hubiese decidido deshacerse de mil personas, así como así”, declaró indignado. Decidió quedarse en el inhóspito lugar y prestar ayuda.

A finales de septiembre, las autoridades bosnias expulsaron al equipo de Planert del país. Hasta entonces, los voluntarios habían atendido las heridas de migrantes que intentaban cruzar la frontera a Croacia de manera irregular y eran enviados de vuelta a Bosnia por la policía croata.

El procedimiento es siempre el mismo: los arrestados deben hacer fila, la policía se hace del dinero y los zapatos de los migrantes, toma o destruye sus celulares, los golpea y los lleva de regreso al otro lado de la frontera”, explica Planert.

Croacia niega las acusaciones, que también fueron hechas por organizaciones de derechos humanos y en parte documentadas con grabaciones de video.

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Fotos: AP y DPA

A la difícil caminata por las montañas para llegar a Croacia, los inmigrantes la llaman The game (El juego). O bien logran llegar a Austria, Alemania o Italia y someterse al procedimiento de asilo, o fracasan, reciben una paliza y tienen que volver a empezar desde el principio: es decir en Vucjak, en la frontera croata.

Y eso explica también por qué se adentran en el cantón de Una-Sana, en el extremo noroccidental de Bosnia, siendo que en otras regiones del país sería más fácil crear espacio en instalaciones regulares y acondicionadas para hacer frente a la crisis.

En Vucjak, las tiendas no se pueden calentar, y la nieve y las heladas constituyen un riesgo que podría desembocar en una catástrofe humanitaria.

Tras las advertencias de varias organizaciones de ayuda, Dimitris Avramopoulos, comisario europeo de Migración, Asuntos Internos y Ciudadanía de la UE, exigió el 14 de noviembre el cierre del campamento.

Ante la tensa situación, el alcalde Suhret Fazlic declaró hace un mes: “Hemos decidido suspender todos los suministros a Vucjak y arriesgar una escalada de la crisis para que el gobierno central (en Sarajevo) haga finalmente su trabajo”.

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DESDE ENTONCES, NADA HA CAMBIADO

Además, la actitud de la población hacia los migrantes ha empeorado. En verano y a principios de otoño, la gente de Bihac aún mostraba cierta empatía hacia los refugiados. Con el paso del tiempo, esta empatía ha ido decayendo y no faltan quienes se ensañan con los migrantes en las redes sociales.

Algunos casos de robo en casas vacías de fin de semana perpetrados por migrantes contribuyeron al malestar general de la población: a mediados de noviembre, “ciudadanos preocupados” convocaron a una manifestación bajo el lema “La gente está harta de los inmigrantes”.

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