El cielo de Riad se ilumina

Noor Riyadh es el festival de arte y luz que se cuelga la medalla del más grande en todo el mundo.

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Noor Riyadh

La lista completa de más de 130 artistas y casi 200 obras de arte e instalaciones públicas se guardó hasta el último momento, pero finalmente es una realidad.

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Comenzaron los espectáculos nocturnos de Noor Riyadh, el festival de arte y luz que ya se cuelga la medalla del más grande del mundo y que disputa la de uno de los más importantes en su tipo.

Dos de los platos fuertes para el cielo de Riad son los espectáculos de drones de Marc Brickman en el Parque Rey Abdullah, donde el artista en residencia en el Empire State trae dos instalaciones aéreas.

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La primera titulada ‘El orden del caos: Caos en orden’, con un enjambre de dos mil drones.

Su segunda pieza también explora lo absurdo de la constricción humana y la necesidad de orden en un mundo natural no regulado, aparentemente caótico.

En el mismo Parque Rey Abdullah se encuentra ‘Vibrance', una pieza interactiva hecha de luces en movimiento, proyección de video, seguimiento del cuerpo, tecnología láser y sonido inmersivo.

La obra del francés Bruno Ribeiro permite al público transformar su cuerpo en una monumental escultura de luz a través del poder de su propia voz.

Al ingresar a la instalación, los visitantes se enfrentan a una pantalla en forma de diamante y se les pide que digan una palabra. A medida que se procesa el sonido, se escanea su cuerpo y el sonido se transforma en un bucle, escultura de luz audiovisual que dura entre 30 segundos y un minuto; es la proyección de un avatar lumínico.

Más íntima es la instalación del saudí Muhannad Shono en una casa de los años 80. Metros y meros de hilo abarcan las tres plantas, el sótano y la terraza, en el corazón del distrito de Riyadh Malaz.

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Se invita a la audiencia a seguir estos hilos y, con ellos, involucrarse en un viaje a través de la pérdida, la devoción y la entrega. Una pieza sonora genera la atmósfera propicia para tal transe.

La propuesta, señalan los organizadores, ilumina la oscuridad, llevando mensajes de aquellos que ya no podemos ver.

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En la azotea, los hilos pasan por encima, trascendidos en una pieza tejida: “Lavamos nuestro dolor y lo colgamos por encima de nosotros. Un faro de devoción, una luz visible para todos”, afirma el artista.

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