Donde se respeta el silencio como si fuera una divinidad
Nacho dispuso la música para el día, saltando de las armónicas disonancias de Jaco Pastorius a los ejercicios labiales de Ella en sintonía con Louis en Summertime y en Dream a Little Dream of Me
Por: Esteban Riva Palacio

Dormimos de maravilla en el 333 de aquél lugar en Olympia. Nos levantamos del colchón inflable en la sala y nos encontramos con la suelta conversación de todos los personajes involucrados el día anterior. Desayunamos huevo revuelto, waffles y moras surtidas, las joyas locales.
Nacho dispuso la música para el día, saltando de las armónicas disonancias de Jaco Pastorius a los ejercicios labiales de Ella en sintonía con Louis en Summertime y en Dream a Little Dream of Me, sin faltar las varias tomas de Dave Brubeck, las improvisaciones de Charlie Parker y el piano de Herbie Hancock. Después de los waffles, de los hartos cigarrillos de nuestros amigos y de una severa atrofia muscular en la zona de los pómulos por tanto reír, nos sentamos en el piso de la sala a jugar cartas. Afuera pasaba el viento, el tiempo, algo de lluvia y muy pocos coches. Hacia las cuatro de la tarde, después de varias quejas por nalgas entumidas, Lauren propuso que fuéramos al lago a nadar. Todos asentimos y nos subimos a su coche. El camino fue musicalizado por Pono, quien resultó ser una gran fanática de Billie Holiday, Elvis Presley y Nancy Sinatra. Después de una hora y media llegamos al lago en medio del bosque. Lauren nos comentó, a Nacho y a mí, que el lago es artificial y que lo alimenta el deshielo glaciar de las Montañas olímpicas. Nadamos un par de horas en las aguas heladas, chapoteando y flotando entre el picado oleaje. El chapuzón helado nos fue de maravilla para el kilometraje acumulado en las piernas. Después de un rato salimos del agua a regañadientes, pues la hora lo demandaba, e hicimos una escala en el súper. Bajaron Pono y Lauren a comprar varias cosas para preparar la cena y en breves llegamos a la casa. Bajo la batuta de Pono, todos hicimos la labor de pinches. Entonces, nos dio una cátedra para preparar rollos primavera. El pegajoso papel de arroz hizo que mis cuatro enormes “rollos" se parecieran más a una representación cubista del Nautilus de Nemo que a un auténtico platillo asiático. Sin embrago, estaban deliciosos. De postre nos echamos en la sala a ver un capítulo de Game of Thrones. Discutimos teorías hipotéticas para el desarrollo de la serie y finalmente nos fuimos a dormir. Gran lugar, Olympia, ahí se respeta el silencio como si fuera una divinidad.EL EDITOR RECOMIENDA



