Monarquías, tradición vigente
Esta forma de gobierno persiste en muchos países en donde la mayoría de sus ciudadanos la considera necesaria, aunque hay sectores que han llamado a instaurar repúblicas

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de julio.- Hablar de monarquías en pleno siglo XXI podría ser para muchos un tema anacrónico, sin embargo, esta forma de gobierno persiste en varias regiones del mundo y es aceptada por casi todos sus ciudadanos, pues reconocen en la imagen del monarca un factor de unidad y la autoridad para desempeñar funciones de Estado y Gobierno.
España ha estado en el ojo del huracán en los últimos meses y especialmente desde hace unas semanas, tras la abdicación de Juan Carlos y la asunción de su hijo, Felipe (hoy, Felipe VI).
España atraviesa por una situación de convulsión social. Las condiciones económicas son precarias y los recientes escándalos de corrupción, así como los excesos atribuidos a la familia real, han puesto a prueba esta forma de Estado, pues al menos una parte del pueblo español cuestiona la función del monarca y exige un referéndum para transformarse, nuevamente, en una república.
Un sector de la población y legisladores son quienes demandan la consulta, aunque sin éxito, ya que encuestas revelan que la mayoría de los españoles quieren mantener a sus reyes.
En otras partes del mundo, las monarquías siguen dando forma a muchos acontecimientos importantes en lugares tan distantes como Tailandia, Bután, Bélgica, Marruecos y Arabia Saudita.
La revista de asuntos internacionales The Diplomat publicó en su sitio web que hay varias ventajas de tener una monarquía en pleno siglo XXI. En primer lugar, como sostiene Serge Schmemann en el diario The New York Times, los monarcas pueden mantenerse por encima de la política, de una manera en que un jefe de Estado electo no puede.
Los reyes, explica The Diplomat, representan a todo el país de una manera que los líderes electos democráticamente no pueden y tampoco lo hacen.
En segundo lugar, y en estrecha relación con el punto anterior, es que en países como Tailandia la existencia del monarca es a menudo lo único que evita una guerra civil.
Igualmente, los reyes son especialmente importantes en países multiétnicos como Bélgica porque la institución monárquica une a grupos divergentes y hasta hostiles, pues comparten la lealtad hacia el monarca en lugar de a un grupo étnico o tribal.
En tercer lugar, detallan, las monarquías pueden prevenir que se implanten las formas extremas de gobierno, pues un monarca hace que sea difícil alterar radical o totalmente la política de una nación.
La presencia de los reyes de Camboya, Jordania y Marruecos, explican, frena las peores y más extremas tendencias de los líderes políticos o facciones en sus países.
De acuerdo con sus defensores, la monarquía también estabiliza los países mediante el fomento de un cambio lento y gradual en lugar de cambios extremos en la naturaleza de los regímenes.
Otro ejemplo son las monarquías de los países árabes que han establecido sociedades mucho más estables que los estados árabes no monárquicos, muchos de los cuales han pasado por este tipo de movimientos sísmicos a lo largo de la llamada Primavera Árabe.
The Diplomat considera en cuarto lugar que las monarquías tienen la seriedad y el prestigio para tomar decisiones difíciles y necesarias y que nadie más puede hacer.
Por ejemplo, Juan Carlos de España encabezó la transición de su país a un gobierno de monarquía constitucional, con instituciones parlamentarias.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el emperador japonés Hirohito desafió el deseo de su ejército por continuar la luchar y salvó incontables vidas de su pueblo mediante la promoción de la rendición de Japón.
En quinto lugar, las monarquías son depositarias de la tradición y la continuidad en tiempos cambiantes. Recuerdan a un país lo que representan y de dónde vienen, hechos que a menudo pueden ser olvidados en las cambiantes corrientes de la política.
Educados para reinar
Otras ventajas que se ven en la monarquía es que en la actualidad la mayoría gobiernan dentro de algún tipo de marco constitucional o tradicional que limita e institucionaliza sus poderes.
Incluso, antes los monarcas enfrentaban limitaciones significativas de diversos grupos, entre ellos las instituciones religiosas, las aristocracias, los ricos, e incluso los plebeyos, adunas que también han servido para frenar los excesos.
Además, hoy los herederos a las coronas son educados desde su nacimiento para su futuro papel y viven enteramente bajo el resplandor de los medios de comunicación, con lo que ello limita el mal comportamiento. Más importante aún, ya que, literalmente, han nacido para gobernar, tienen una formación práctica sobre la forma de interactuar con la gente, los políticos y medios y redes sociales.
El catedrático y especialista en siglo XIX, Enrique Sada, dijo a Excélsior que las monarquías son pertinentes y útiles en el siglo XXI tanto como lo son las repúblicas como sistemas de gobierno.
“El mundo moderno y el mundo tradicional se conjugan a la vez en este mismo momento, la figura del rey y la instancia monárquica como estamento sirven como símbolo de cohesión identitaria y de vinculación con un pasado en común”, aseguró.
Agregó que la monarquía se vuelve moderna a partir del siglo XIX cuando se convierte en parlamentario-constitucional y solamente su virtud como estamento radica en esto en el espíritu popular que representa por encima de partidos políticos.
“Todos los estamentos humanos, llámese república, monarquía o califato están legitimados en una función dual: primero en cuanto a la representación popular se refiere, es decir, en cuanto a la inmensa mayoría de los ciudadanos de determinado país así lo decidan y la segunda función en cuanto a la representación bien ejercida en aras del bien común”.
“El bien común debe estar por encima de cualquier estamento o sistema político y debe ser la finalidad de cualquier sistema de gobierno, al menos de la edad moderna para acá”, precisó.
Las monarquías, señala, seguirán fuertes en el mundo pues conjugan tradición y modernidad a la vez.
El catedrático aseguró a este diario que muchos de los países más prósperos y con mejor nivel de vida con instituciones que aseguran el bienestar de sus gobernados son precisamente los regímenes monárquicos no republicanos.
“Hay que destacar, por ejemplo, que la monarquía española le cuesta menos a los españoles que lo que la república portuguesa le cuesta a los lusitanos, o como a nosotros los mexicanos nuestra Presidencia de la República nos cuesta más que la monarquía británica, pero sin ninguno de sus beneficios y ventajas”, precisó.
A la luz de todas las ventajas de la monarquía, está claro por qué muchos ciudadanos de las democracias de hoy tienen una nostalgia comprensible hacia la monarquía.
Al igual que en los siglos anteriores, la monarquía continuará mostrándose a sí misma como una institución política importante y beneficiosa dondequiera que aún sobreviva.
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