La Unión Europea cumple 20 años de “unidad”
El 1 de noviembre de 1993 entró en vigor el tratado que dio vida al bloque que está sumido en una profunda crisis

CIUDAD DE MÉXICO, 1 de noviembre.- Elogiado por muchos como un logro político, el Tratado de Maastricht que inició el proceso de unificación política europea cumple 20 años convertido en un auténtico “zombie”, opinaron especialistas consultados por este diario.
El consenso de las fuentes fue que el tratado nació muerto porque fue el fruto de intereses políticos que en realidad nunca se plantearon asumir el compromiso, firmado por ellos, de dar estabilidad económica a los más de 508 millones de ciudadanos de la Unión Europea.
La constatación de que las cosas ya no andaban bien en el llamado Viejo Continente llegó a todos los rincones del mundo cuando miles de españoles llenaron la enorme plaza de la Puerta del Sol de Madrid después del 15 de mayo de 2011 para protestar contra “estafas” de los bancos y desahucios de viviendas hipotecadas bajo lemas como “No somos marionetas en manos de políticos y banqueros”.
A 20 años de que entró en vigor el tratado que creó la Unión Europea, el 1 de noviembre de 1993 en Maastricht, un pintoresco pueblo del norte de Holanda, las evidencias de su fracaso también están a la vista de todos en México, la capital del antiguo Imperio Azteca.
En Alemania el empleo no es como antes. Hoy las grandes empresas encargan la contratación del personal a intermediarias que no te dan prestaciones y se apoderan de una tajada considerable de tu salario medido en horas. Antes de la Unión Europea los europeos éramos mucho más unidos, ahora nos hemos llenado de odio y resentimiento mutuo”, dijo a Excélsior Katy, una profesora de alemán que emigró a la Ciudad de México.
Un resentimiento que se hizo patente en la silbatina de 14 minutos que tuvo que soportar la canciller Angela Merkel a fines de 2012 (www.youtube.com/watch?v=-Tp-AspPvmg), que Lorenzo Bini Smaghi, ex miembro del consejo ejecutivo del Banco Central Europeo, explica en su libro Morire di Austerità (Mondadori, 2013), donde revela que el erario alemán apuntaló a los bancos centrales de Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, Chipre y Eslovenia con préstamos de 574 mil millones de euros.
Para traducir a lenguaje no técnico lo sucedido a lo largo de las dos primeras décadas de la creación de la Unión Europea, Excélsior consultó a Walker Todd, un ex abogado de la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos en Ohio, quien recordó las palabras que Anna Schwartz, una reconocida experta en tipos de cambio de las divisas, escribió en 1997.
El euro va a durar mientras los contribuyentes alemanes estén dispuestos a pagar la cuenta de aquellos que residen en países más despilfarradores”.
Todd, autor de “Disorderly Markets: The Law, History, and Economics of the Exchange Stabilization Fund and U.S. Foreign Exchange Market Intervention” (JAI Press, 1992), dijo vía telefónica desde Cleveland, Ohio, que a estas alturas los europeos de los 17 países que forman la llamada zona euro, no han podido poner orden en sus políticas fiscales y monetarias porque no cuentan con el apoyo del aparato político.
El problema ha llegado a tal punto que se necesita una nueva conferencia internacional para reajustar los tipos de cambio” en el mundo, afirmó. Para Todd, lo irónico en el caso de Europa es que las crecientes actitudes nacionalistas que tanto dañaron a esta región en el siglo pasado, están impidiendo fijar objetivos comunes en el terreno monetario y económico.
Para poner al alcance del público internacional una explicación de este pesimismo, Kevin Dowd, profesor emérito de la Universidad de Nottingham en Inglaterra, compartió con el Cato Institute de Washington, el ensayo con el que pronosticó el fracaso del Tratado de Maastricht dos meses después de su entrada en vigor.
Bajo el título de European Monetary Reform: The Pitfalls of Central Planning, Dowd afirmó que el tratado sirvió en realidad para aumentar los poderes del “gobierno” de la Comunidad Europea en Bruselas, estableciendo un Banco Central Europeo y sustituyendo las monedas nacionales con una moneda común. Sin embargo, el proceso de ratificación del Tratado de Maastricht dio pie a graves objeciones.
Para empezar, escribió entonces el especialista en riesgo financiero, “el tratado estuvo motivado por factores políticos”, su contenido “es vago y contradictorio”, y sumado a eso, su proceso de ratificación en países como Gran Bretaña y Dinamarca “destruyó cualquier legitimidad que hubiera podido tener”.
El ensayo califica este asunto como una ironía de la historia reciente porque quienes aspiraron a fundar Estados Unidos de Europa se enfrascaron en la planeación centralizada del futuro de 300 millones de personas de entonces, sin detenerse a pensar siquiera si toda esa gente estaba de acuerdo o no.
Allí Dowd describe las promesas falsas de los políticos para echar a andar el tratado redactado en términos lo suficientemente vagos, inconsistentes y contradictorios como para librarlos de toda responsabilidad y destaca que el tratado “nació muerto” porque antes de su entrada en vigor los mercados financieros no mordieron el anzuelo haciendo pedazos su Mecanismo de Tipo de Cambio.
Hoy se quejan algunos: Europa está sujeta a Alemania en formas que nadie hubiera imaginado hace dos décadas.