El cine como documento histórico

La actriz Anne Hathaway es una madre judía en Armageddon Time, una cinta que critica al capitalismo y narra el miedo a una guerra nuclear

Anne Hathaway
Anne Hathaway

CIUDAD DE MÉXICO.

Anne Hathaway fue ovacionada en el es­treno mundial de Armageddon Time en el Festival Internacional de Cine de Can­nes y más allá del glamour del vestido Gucci o las millonarias joyas Bvlgari, lla­ma la atención en el cine, con la verdade­ra historia de una pareja de inmigrantes ucranianos en una antigua época que tanto refleja el miedo latente de nuestra actualidad.

¿Cuál fue el mejor comentario que recibiste de la gente en Cannes?

El mejor recuerdo es cuando después del estreno alguien se acercó para de­cirme que mucha gente de nuestra ge­neración va a reconocer a sus padres en la historia y que muchos hijos de esa misma generación no pueden entender que los padres también nos quisieron, a su manera. El maltrato de aquella épo­ca era muy común. Era algo que pasaba y era aceptado hasta cierta medida por la sociedad que hoy jamás lo aceptaría. Había una crueldad y un odio con sen­timientos que la gente tampoco sabía cómo expresarlos.

Aunque en el cine aparezca con el nombre de Esther Graff, el personaje de Hathaway está basado en la verda­dera madre del autor y director James Gray que había emigrado de Ucrania a Liverpool, antes de llegar a Esta­dos Unidos, en la década del 80, durante la época del presidente Ronald Reagan. Y aunque insiste en criticar al capitalismo, el mie­do latente por una guerra nuclear de aquel entonces, encuentra el paralelo del presente ante el pe­ligro que puede llegar a escalar la actual guerra entre Ucrania y Ru­sia. El título incluso está inspirado en la canción Armagideon Time de The Clash. Y el abuelo Aaron que interpreta Anthony Hopkins también está basado en el abue­lo del director, mientras que el padre de Gray lo interpreta Jere­my Strong, el esposo en la ficción de Hathaway.

¿El miedo de una guerra nuclear que muestran en Armageddon Time puede llegar a ser el mismo hoy con la guerra en Ucrania?

Supongo que nuestro trabajo es tra­tar de entender lo que se siente es­tar en los zapatos de la gente, como ver­daderos seres humanos. Y la experiencia actual que vivimos tampoco es radical­mente muy diferente a la experiencia que se vivió en 1980. Es por eso que la película llega en un momento muy par­ticular donde se siente como algo total­mente universal.

¿No resultó un poco extraño interpretar a la madre del protagonista de la historia, teniendo detrás de cámaras a él mismo (el director)?

Fue una responsabilidad enorme y de­mandó todo lo posible en un actor, por el sólo hecho de tener que absorber y tam­bién internalizar lo más que pude del guion, al mismo tiempo de tratar de sen­tirme lo suficientemente libre como pa­ra recrear mi propia interpretación, sin sentir que alguien me miraba por enci­ma de los hombros. A mí tampoco me gusta etiquetar cualquier actuación co­mo algo extraño, porque una vez que es­tás en ese espacio es algo muy, pero muy vulnerable. Es por eso que yo trato de te­ner conciencia que lo que hago no es lo más natural en el mundo. Pero interpre­tar alguien que está basado en un miem­bro de la familia de alguien que además yo aprecio, puede sonar muy extraño decirlo, pero era muy necesaria la con­fianza mutua. Incluso antes de pregun­tar nada, yo también pensaba seriamen­te lo que iba a plantear como duda por­que sabía que no estaba debatiendo algo artístico, cuando estaba a punto de pre­guntar sobre la vida de alguien.

El mismo director James Gray nos contó que la historia, su historia, refleja la realidad que vivió en su adolescencia, incluyendo la parte donde aparece el pa­dre de Donald Trump dando un discurso en la escuela donde él iba. Y aunque en el cine muestran que en esa misma escuela él roba después una computadora con un compañero afroamericano que termina en la cárcel, Gray confesó que en la reali­dad sólo habían robado unos colecciona­bles de Star Trek. Pero sí es cierto que el compañero que nunca más volvió a ver, quedó preso, mientras él quedó libre sólo porque el padre conocía a uno de los po­licías (y obviamente por ser de raza blan­ca, en una época donde el racismo hacía mucho más fácil señalar al culpable de otra raza).

¿El hecho de interpretar a una madre judía cambió algo en particular?

Fue un honor. Mi esposo es judío y ha­blamos mucho sobre la importancia de lo que representa artísticamente y a ni­vel personal, para nuestra familia. Mi suegra, que falleció hace poco, era una de las mejores madres judías que yo he conocido. Y su legado dejó influen­cias en mi vida muy profundas. Me sien­to muy agradecida por haberla conoci­do. La mano de una madre judía será mi guía por el resto de mi vida. Y sólo espe­ro haber podido capturar la profundidad del amor y la maravillosa forma de co­nectarse con la familia, al punto de no tener palabras para expresar lo que sig­nifica para mí. Eso es lo bueno del cine: a veces te permite expresarte sin decir una palabra.

¿Tu suegra también te inspiró en los peores momentos de la historia?

Con James hablamos de las desigual­dades sociales, pero mi suegra me ins­piró en los momentos más hermosos, no los más horribles, en los toques cáli­dos y dulces de la maternidad. Creo que también es importante observar el pa­sado sin juzgar, permitiendo que el do­lor que causó el pasado no sirva para el presente. Cada uno de nosotros ha te­nido una oportunidad en nuestras pro­pias vidas para decidir a continuar o de­jar de lado las mismas prácticas que los padres tuvieron con nosotros en la for­ma consciente o inconsciente. Es una elección que hacemos todos los días en cómo queremos ver a los otros y có­mo nos gustaría qué nos traten. En este caso, creo que hicimos un trabajo bas­tante saludable, con una comunicación constante donde entre nosotros tam­bién analizábamos cada una de las esce­nas que íbamos a filmar. Y como nos di­jo en cierto punto el director, todos estu­vimos de acuerdo que íbamos a intentar algo artístico y en ese sentido tenemos suerte porque en el mundo, lamenta­blemente, todavía hay viejos comporta­mientos que son muy común en nues­tra sociedad.

¿Siendo madre, qué opinas de las escenas fuertes que filmaron los actores más jovencitos?

Quise ser una actriz seria desde una edad inusualmente muy joven y entien­do que hay cierto tipo de artista que tie­ne ese mismo deseo desde una edad temprana. Y es algo que reconozco en estos dos jovencitos actores. Y a nivel personal también sé lo importante que son los padres, porque yo tuve la absolu­ta bendición de que me hayan compren­dido, mis padres me apoyaron lo sufi­ciente como para haber permitido que una niña pudiera contar historias inten­sas, saliendo intacta de las peores in­fluencias. Tiene que ver con el mundo que nos rodea. Es por eso que hicimos lo imposible por generar un lugar seguro en el estudio, lleno de amor, sabiendo la seriedad de la historia, pero mantenien­do la calidez detrás de cámara.

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