Morris Gilbert, 40 años de producir teatro

Enero es el mes en que el productor celebra estar presente, de manera ininterrumpida, en la cartelera teatral mexicana, con las obras más exitosas del mundo

CIUDAD DE MÉXICO, 24 de enero.- El nombre de Morris Gilbert escrito en los créditos de una puesta en escena en México es un sinónimo de garantía para actores, creativos y espectadores. Tal afirmación se comprueba con 40 años de trayectoria en cuanto a la producción de teatro se refiere.

Fue en este mes cuando tomó una de las decisiones que marcarían su vida y desarrollarían su vocación durante cuatro décadas.

Después de probar las mieles de los escenarios como actor, Gilbert se percató de que lo que realmente le apasionaba era lo que ocurría tras bambalinas: toda una maquinaría humana y técnica para lograr el milagro de una función teatral.

Empecé a trabajar como productor en enero de 1975, así que cumplo 40 años de trabajar en el teatro. ¡Me parece irreal! He tenido una gran fortuna en mi vida que es Ocesa en la que, de esos 40, he vivido 18 años y he podido estar en musicales enormes. ¡Es toda una vida como productor!”, expresó en entrevista con Excélsior.

Fue en la obra Los hijos de Kennedy, protagonizada por Susana Alexander, Héctor Bonilla, Julieta Egurrola y Norma Lazareno, en la que Gilbert no sólo se subió al escenario del Teatro Independencia como actor, sino que tomó la producción a su cargo.

Cuatro décadas después, como parte de esta conmemoración y gracias al azar, produce nuevamente una obra en la que está involucrada su compañera de antaño, Susana Alexander, en la comedia Locos por el té, actualmente en cartelera.

¡Qué mejor forma de festejar que ésta: trabajando y haciendo teatro, que es lo que me apasiona, me llena y me importa! Hago lo que me gusta y ése es el mejor regalo. ¿Por qué me decidí a la producción de teatro? Porque hay que estar loco. Nadie en sus cinco sentidos lo hace. Es algo de soñadores. La gente piensa que es glamour, pero no, es un trabajo sacrificado, complicado, con muchos asegunes. Sin embargo, estoy donde quería estar y haciendo lo que quería hacer”, enfatizó.

El productor aclaró que su participación en los musicales de gran formato cuyas historias han sido afamadas en Broadway, Londres o España han sido posibles gracias a Ocesa Teatro, junto a su compañero Federico González Compeán. Entre éstas se cuentan La bella y la bestia, en su versión de 1997 y 2007; Rent, El fantasma de la ópera, El hombre de la mancha, Jesucristo Superestrella, Chicago, El Full Monty, Los miserables, José, el soñador, Violinista en el tejado, Bésame mucho, Hoy no me puedo levantar, Los Productores, Dulce caridad, Mentiras, Mamma mía!, A Chorus Line, Peter Pan, ¡Si nos dejan!, Mary Poppins, Wicked y, aún en planeación y a punto de iniciar ensayos en marzo, El rey león. Sin embargo, ya cocinan la nueva versión de ¡Qué plantón! Y El hombre de La Mancha.

La gente piensa que las obras las hago yo, pero todos los musicales son un mérito de Ocesa Teatro. Yo soy parte de una maquinaria, de un equipo que ha hecho los grandes musicales. No lo he hecho solo, sino junto a Federico González Compeán, Alejandro Soberón y toda la gente de esta productora quienes fueron importantes para cumplir estos sueños”, precisó.

Fue a muy temprana edad cuando se enamoró de los escenarios teatrales, de esa experiencia irrepetible y vital al abrirse el telón.

Y aunque inició su carrera como actor, siempre imaginó estar en el lugar que ahora ocupa.

Cuando era niño asistió al Palacio de Bellas Artes durante el festival de fin de cursos del jardín de niños en el que estaba. Una bata azul con diamantina era su atuendo para cantar junto al coro. Entonces, en una travesura infantil, salió de la fila y se sentó en las butacas. Al voltear, observó cómo relucían las batas de sus compañeros gracias a la iluminación del recinto. Tal imagen se le quedó grabada en la memoria.

“‘¿Qué es eso?’, me pregunté entonces, a mis cuatro años de edad, y lo recuerdo como si lo estuviera viendo ahorita. Desde ese momento me enamoré del teatro, y nunca más en la vida pensé hacer otra cosa. Sabía que me dedicaría a esto. El resto es historia.”

Sus juegos infantiles fueron también relacionados al teatro, y sus asignaturas predilectas fueron aquellas pertenecientes a las humanidades y al arte como la literatura y la historia. Cuando tuvo que elegir una carrera se preguntó: ¿dónde se estudiará teatro? No tenía contacto con el medio, ni siquiera por casualidad.

“Averigüé y descubrí una cosa muy rara: era un medio en el que todos hablaban mal del otro. Así que decidí estudiar con todos, pero mi gran maestro fue José Luis Ibañez (quien fue profesor del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM).”

Sus estudios van, del Centro Universitario de Teatro (CUT), frente al maestro Luis de Tavira, hasta la Asociación Nacional de Actores (ANDA) y muchos otros.

Su preparación cristalizó con su primera obra sobre el escenario como actor: Un proyecto para vivir, de Noel Coward, bajo la dirección de José Luis Ibáñez.

Donde mencionen, estuve. En todas las escuelas y academias porque quería aprender y hoy, doy gracias de haberlo hecho así. Sin embargo, siempre quise ser productor, lo que pasa es que no sabía qué era o hacía un productor. Cuando uno va al teatro, ve a los actores, pero ignora el mundo fantástico que está escondido atrás. Mi vocación es la de productor”, dijo.

A cuatro décadas, Morris Gilbert hace un balance de su trayectoria, de su vida dedicada al entretenimiento en el que también hay conmoción, risas, llanto y reflexión después de la tercera llamada.

“Los últimos meses he sentido una gran serenidad. Van pasando cosas en la vida, buenas y malas, y hoy estoy muy en paz. Siento que no debo nada al teatro, ni éste a mí. Le he dado mi vida al teatro y él me ha dado mucho a mí, mi vida. Estamos a mano.”

Tan sólo con Ocesa estuvo involucrado en obras como Confesiones de mujeres de 30, Master Class, Nosotras que nos queremos tanto o Des madres, Los monólogos de la vagina, Las viejas vienen marchando, ¡No más sexo!, Actos indecentes, Defendiendo al cavernícola, Adorables enemigas, El diario de Ana Frank, Orgasmos, la comedia, El año próximo a la misma hora, Un dios salvaje, Gorda, Sexos, Casi, un pueblo, Locos por el té, entre otras.

Hay una mezcla de las obras que yo he producido y las que he hecho con Ocesa. En total, he participado en más de cien puestas en escena. Mi máximo en la vida fue Los miserables. En ella fuimos un gran equipo y gracias a Ocesa pude formar parte de ésta y otras obras”, acotó.

La celebración para Gilbert es la vida misma y los proyectos venideros. Entre ellos hay textos de comedia que serán parte de la cartelera de este año.

Nunca me he arrepentido de lo que he hecho, porque de todo aprendes, hasta de las peores circunstancias. No vale la pena desgastarse con lo negativo, es un desperdicio de tiempo y energía. Cuando vienen cosas malas en la vida, no te preguntan, te pasan por encima. Después de 40 años sigo aprendiendo de esta profesión y lo que provoca. Salgo como si fuera el primer día, me siento a ver las funciones como niño chiquito y me sorprendo. Desde que estuve por primera vez en la cartelera, no he dejado de estarlo en todos estos años de manera ininterrumpida. No he dejado de producir. Llevo en la cartelera 40 años. Si hay muchos teatros llenos, con eso me sentiría muy homenajeado, que la gente vaya, porque para eso lo hacemos, para que lo vivan y disfruten. Eso hacemos”, concluyó.

hch

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