Un cómic sobre las madres buscadoras
El ilustrador mexicano propone una reflexión más humana sobre las desapariciones forzadas en la República Mexicana

Una ficción inspirada en una búsqueda dolorosa. El ilustrador mexicano Santiago Moyao (1993) recrea en Mandrágora (FCE), ganadora del Premio Nacional de Novela Gráfica Joven 2021, la historia de cinco madres cuyos hijos han desaparecido.
A raíz de la desaparición de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, me di cuenta de la urgencia de hablar de este tema y usar este medio, el cómic, para poder generar una reflexión diferente a la que hacemos leyendo las noticias”, detalla el autor en entrevista.
El libro es una ficción. Tiene incluso algunos elementos mágicos; pero trato de hacer analogías y utilizar cierta poética, para sensibilizarnos más ante lo trágico que sucede cada vez más seguido en este país”, afirma.
A través de colores negros y grises y con el desierto como escenario, el artista visual recrea el valor y el compromiso de las madres que buscan a sus hijos todos los días, a pesar de amenazas y violencia; y cómo descubren que la única solución es unirse y apoyarse.
Esta búsqueda, que es muy dolorosa y tiene varios obstáculos, me muestra que la fuerza del amor materno no tiene fin, que es algo admirable y me sacude. Al hablar de la historia de otras personas, se debe ser muy respetuoso.
Creo que necesitamos abordar esta situación desde un ángulo más humano; que no se nos olvide que, si bien son más de 100 mil desaparecidos, cada uno debe tener a alguien que lo está esperando o buscando. Quise echar luz sobre un tema que me conmueve y por el que siento empatía”, añade.
Sobre por qué usó los tonos oscuros, dice que “es una historia que difícilmente imaginas colorida. La masa gris evoca esa ambigüedad, esa niebla en la que te sientes cuando no tienes respuestas. Esa sensación tan terrible al no saber el estado de la persona que uno quiere”.
Moyao indica que trató de “mezclar esa estética hasta que pudiera llegar a la abstracción. Hay un capítulo que está hecho con carboncillo, como una especie de collage, que pretende ser crudo, tratando de representar los sentimientos de la protagonista.
La ubicación en el desierto busca comunicar la desolación interna de las cinco madres que comparten un dolor; pero que están fragmentadas, aisladas. Un lugar donde no hay nada, es algo apocalíptico. Sólo una mina que lo come todo, sinónimo del olvido, que advierte del peligro de que nadie recuerde que estas personas fueron despojadas de su libertad”, señala.
Para el creador, Mandrágora significa “un salto grande y un compromiso con este tipo de temas; de contar historias que sean de valor, que hagan reflexionar a los lectores”.
Prepara una nueva novela gráfica sobre el machismo.
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clm