Observan balance negativo en la Secretaría de Cultura
Alejandra Frausto acudirá a la Cámara de Diputados para comparecer ante los legisladores sobre su gestión, que culminará en octubre de 2024

A dos días de que Alejandra Frausto, secretaria de Cultura federal, acuda a la Cámara de Diputados para comparecer ante los legisladores, el gestor cultural y coordinador del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), Eduardo Cruz Vázquez, realiza un balance para Excélsior con algunos de los puntos negativos y positivos de la actual gestión cultural que concluirá el 1 de octubre de 2024.
De inicio, observa que la funcionaria olvidó el tema de los vales de cultura para sectores vulnerables, establecido en el artículo 8 de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, lo que se sumó a la falta de transparencia, el centralismo presupuestal y el consecuente desmantelamiento de la SC.
“(La secretaria) se ha pasado todo el sexenio omitiendo la ley y, aunque está a unos meses de terminar (el sexenio) no cumplió el señalamiento de la ley, y tampoco tuvo el menor cuidado de ofrecer alguna alternativa para atender el tema”, expresa Cruz Vázquez.
Además, señala la falta de atención al Sistema Nacional de Información Cultural, el cual está abandonado en la mayoría de las entidades federativas, pese a que es una obligación establecida en la ley.
Un tercer punto, abunda, tiene que ver con la falta de rendición de cuentas, “porque se han ido cinco años y no hemos podido acceder a información que nos permita corroborar el efecto de los programas que han impulsado en el presupuesto”.
En ese sentido, dice, “existe muy poco espíritu de rendición de cuentas a diferencia del pasado, cuando existía un ritual básico en el que se daba una conferencia al inicio de año y se anunciaban los programas de trabajo, muchas veces sin las definiciones presupuestales, pero se anunciaban las banderas de todo el año y, al final cada año, se emitía un documento en el que se hacía una valoración de lo ocurrido. Pero lo que vemos en este gobierno es que (Frausto) se olvidó de la rendición de cuentas”.
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Cruz Vázquez también considera que en la comparecencia de Frausto, programada para el jueves 26 de octubre, “la funcionaria podría hablar sobre cómo se encuentra la SC respecto de cómo la recibió, por ejemplo, en número de empleados, acompañado de un balance sobre el manejo presupuestal.
Porque siempre se presentan las grandes cifras del presupuesto, pero no se desagrega el gasto operativo y de nómina para precisar la liquidez para el ejercicio de la actividad cotidiana de las instituciones. Así que vivimos en ayuno de ese tipo de información, porque a menos de que solicites un dato (específico), la información no fluye”.
Otro aspecto que los legisladores deberían revisar, sería la relación que Frausto, el INBAL y el INAH han tenido con la clase trabajadora, “que ha traumatizado por mucho a los institutos”, debido a protestas y reclamos por impagos, así como al distanciamiento respecto de buena parte de la comunidad cultural.
Cruz Vázquez también lamenta el fracaso rotundo del programa de economía creativa de la actual gestión, que se había ofrecido en el documento que Frausto presentó como “El poder de la cultura”, el cual jamás volvió a retomar, lo que se ha sumado a la fallida descentralización y desconcentración de la SC y de su presupuesto, así como las expectativas sobre el sostenimiento de la nueva infraestructura generada partir del Proyecto Chapultepec y el Tren Maya.
El tema de heredar nuevos equipamientos culturales y nuevas infraestructuras conlleva a una posibilidad de enriquecer un vastísimo acervo de la federación. El problema, y eso lo veremos hasta el presupuesto de 2025, es de qué manera será solventado todo este nuevo andamiaje institucional, a partir de la necesidad de creación de fuentes de trabajo y de gastos de operación”, advierte.
Por último, Cruz Vázquez destaca que quizá uno de los pocos aciertos de Frausto ha sido la defensa de la propiedad intelectual. “De los pocos rasgos distintivos que dejará esta SC y que se quedará en pañales, tiene que ver con la articulación y la defensa de la propiedad intelectual, no sólo en relación con la producción artesanal, sino desde una visión sectorial”, aunque apunta que esto no es tan novedoso, pues desde la creación del Fonart se venía impulsando.
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