Margo Glantz recibe el Carlos Fuentes

La refundadora de dos mundos; la escritora mexicana compartió su formación como lectora y su exploración de estructuras literarias

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Lemus, Frausto y Graue entregaron el premio y un diploma a la narradora mexicana.

No se escribe para ganar premios, pero es obviamente satisfactorio. Te exalta y te deprime al mismo tiempo, o por lo menos a mí. Quisiera tomármelo con más sentido del humor, sin solemnidad”, comentó ayer la escritora Margo Glantz (1930) tras recibir el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español 2022.

Erudita, divertida, irreverente, viajera irredenta, siempre vital”, como la definió Alejandra Frausto, secretaria de Cultura, quien le entregó el galardón junto al rector de la UNAM, Enrique Graue, la primera mexicana en obtener este reconocimiento convocó en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes a destacados escritores, promotores culturales y hasta políticos.

En una ceremonia cálida e informal, marcada por la ironía de la novelista de 92 años, cohabitaron escritores como Elena Poniatowska, Adolfo Castañón, Carmen Boullosa, Jorge Ruiz Dueñas, Alberto Ruy Sánchez, Hernán Lara Zavala, Myriam Moscona y Edgardo Bermejo; con los editores Margarita de Orellana, Joaquín Díez-Canedo Flores y Consuelo Sáizar, así como la senadora Beatriz Paredes.

Estoy muy conmovida. Estaba segura de que no iba a venir nadie, porque a las diez de la mañana todos están trabajando o durmiendo; así que estoy feliz de que me acompañen en este acto tan significativo para mi”, afirmó la ensayista.

Quiero felicitar a Carlos (Fuentes) en el más allá, ¡feliz cumpleaños! Yo tengo 92, así que somos totalmente compañeros del mismo dolor y de la misma literatura”, agregó la ganadora del premio creado en 2012 en memoria de Fuentes y dotado actualmente con 125 mil dólares.

Silvia Lemus, viuda de Fuentes, destacó que el premio “es un doble halago para Margo, pues evoca la amistad que los unió, además de la literatura y la libertad. La amistad en la literatura es muy importante. Ellos dos eran amigos literarios que aman la libertad”.

La periodista, quien por equivocación llamó Enrique Krauze al rector Graue, lo que se convirtió en uno de los momentos jocosos del encuentro, indicó que ayer celebró el cumpleaños del autor de La región más transparente con mucha nostalgia.

Nos hace falta Carlos. Siempre me preguntan qué diría Carlos ahora sobre México. Sí hace falta, a mí más que a nadie. Pero él dijo: si quieren hablarme, si quieren oírme, léanme, porque en mis libros está la coherencia de mi vida, de mi literatura y mis ideas”.

En su momento, Graue señaló que Glantz “no es sólo esa autora única y versátil. Su energía abarca múltiples facetas. Ahí está su inagotable labor académica en docencia e investigación, su cercanía y generosidad con estudiantes y colegas, y su incansable obra de divulgación del patrimonio literario y cultural en español”.

En representación del jurado, Liliana Weinberg afirmó que “con este premio reunimos a dos grandes ciudadanos de las letras mexicanas, iberoamericanas, universales; ambos originales, disruptores, críticos, valientes en sus búsquedas”.

La ensayista definió a la autora de Las genealogías, El rastro y Saña como “una genial y finísima lectora, viajera, exploradora, organizadora de nuevos horizontes de comprensión, una sagaz refundadora de mundos reales e imaginarios.

Es viajera entre mundos y saberes. Curiosidad infinita, capacidad inagotable de exploración y descubrimiento, genio e ingenio, gravedad e ironía, pulsión escritural nunca limitada por los formatos o las convenciones, Margo nos deslumbra y nos impulsa”, añadió.

En su discurso de recepción, Glantz revaloró la obra de Fuentes; pero también compartió cómo fue su acercamiento a la lectura. “Mis padres me dejaban leer todo lo que había en la casa: Shakespeare y Calderón, mitología griega, novelas pornográficas, folletines, novelas rosas; aventuras de exploradores.

Me aprendía de memoria los poemas... A los 14 empecé a leer folletines, a Verne, a Salgari, mucha literatura estadunidense, y en lengua alemana. Me metía en la sala con un radio a oír la hora del tango y a leer.

Y me compraba bombones rellenos de cereza con aguardiente: la lectura está totalmente asociada al tango y al sabor aguardentoso, pero muy dulce, del chocolate; pero también a la música clásica”, confesó.

Contenta, sin perder la elegancia y la visión crítica, Glantz se dejó consentir y recibió flores, abrazos y aplausos de amigos y familiares.

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