Liliana Weinberg elogia el pulso de las palabras
La escritora destacó la vitalidad del ensayo y comentó que, antes de pronunciar su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua (AML), asistirá a diez sesiones solemnes

CIUDAD DE MÉXICO.
Las palabras permiten nombrar, dar forma, hacer visible incluso los sentimientos más difíciles, abstractos y difusos, como el miedo, la angustia y el dolor, y ayudan a entenderlos, afirma la investigadora y ensayista Liliana Weinberg (1956).
Por esta razón, explica en entrevista con Excélsior, las palabras tienen un papel fundamental en estos días de incertidumbre y encierro motivados por la pandemia del COVID-19, porque nombrar da certeza.
La palabra también es clave en el ensayo, el género que estudio desde hace años. Éste vincula la experiencia vital, personal, con un sentido general; al escribirlo pasamos del yo al nosotros, es nuestro puente hacia la realidad. Me ha sorprendido la gran cantidad de ensayos que se han hecho, casi en tiempo real, en este confinamiento”, afirma.
Y pone como ejemplo el texto del escritor italiano Paolo Giordano, En tiempos del contagio (2020), que acaba de editarse como e-book.
El valor de la palabra y del ensayo en este momento en que la humanidad enfrenta al coronavirus es lo que planea analizar ahora la antropóloga y literata, la primera mujer que ocupará la silla X de la Academia Mexicana de la Lengua (AML).
Elegida el jueves pasado, en la primera sesión virtual del organismo, la mexicana de origen argentino agrega que el ensayo “es un quehacer de escritura, de lenguaje. Escribir ensayo es explorar, entender, interpretar, imaginar, crear. Por eso me da gusto ingresar a la Academia ahora que la palabra reconforta y estas instituciones toman un papel más activo”.
Dice que es un orgullo ser la primera mujer en la silla X. “Aquí ha pasado como un desfile de la historia de la literatura mexicana. El primero que la ocupó fue José María Roa Bárcena (1827-1908), quien escribió uno de los primeros cuentos fantásticos que se tenga memoria, Lanchitas, que marcó época.
Luego vino Victoriano Salado Álvarez (1867-1931), que escribió los Episodios nacionales mexicanos y fue de los liberales del Porfiriato. Siguió Ermilo Abreu Gómez (1894-1971), uno de los primeros en rescatar a Sor Juana. Y, recientemente, José Pascual Buxó (1931-2019), nuestros caminos se cruzaron en la UNAM”, señala.
La maestra en Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires y doctora en Letras Hispánicas por El Colegio de México detalla que, en medio de la pandemia, hay palabras que se han resemantizado, como el caso del vocablo “virus”.
Pensemos que también se dice que una noticia se volvió ‘viral’; es decir, que el término viral se aplica a otra esfera que no tenía nada que ver con la salud, y ahora otra vez llama la atención desde el problema de la pandemia.
O ‘cuarentena’, que ya no quiere decir estrictamente que debamos estar encerrados 40 días, sino estar aislados y vigilar la evolución clínica por un tiempo indeterminado”, indica.
ROL ACADÉMICO
Weinberg señala que es interesante ver cómo está cambiando el papel de las academias de la lengua en la era del Internet y las redes sociales. “La gente quiere saber la definición de términos como coronavirus, pandemia, epidemia o cuarentena. Incluso cómo vocablos como triaje o confinamiento pueden dar lugar a debates jurídicos y por ello se los debe precisar, definir de manera muy cuidadosa.
Hay palabras que tienen que ver con fenómenos que se están viviendo de manera inédita en la sociedad y en la familia. Y, como se puede llevar un registro del número de consultas por cada palabra, cuántas visitas diarias o mensuales se hacen a los diccionarios en línea, se pueden observar tendencias, preferencias, y ver cuáles son las preocupaciones o angustias colectivas”, asegura.
Destaca que “es interesante cómo la Real Academia Española ha comenzado a compartir ciertas palabras en redes sociales para acompañar, para reconfortar a las personas, con la etiqueta #QueLasLetrasTeAcompañen, empezando por la letra A; y allí me conmueve encontrar la tan mexicana ‘apapachar’”.
Asegura que, de esta manera, las academias de la lengua están respondiendo a esta “necesidad de palabra”.
Weinberg aclara que por eso el ensayo es un género muy recurrido en esta crisis sanitaria, porque “mientras se escribe se va reflexionando sobre la realidad, vas desplegando a través de las palabras un modo de entender lo que pasa, escribir para entender. Los ensayistas tienen la grandeza de poner nombre o dar forma a cosas intangibles. El ensayo toca la cultura, la experiencia humana”.
Para ella, este género goza de buena salud en estos inicios del siglo XXI.
Está muy sano y se ha expandido. Pasó de ser un género muy discutido, que si estaba a la altura de los demás, si estaba muy contaminado de ideología o de realidad, si era demasiado conceptual o demasiado literario.
Porque como no tiene reglas preestablecidas, es libre, pero a la vez estricto. Ahora se dice que es el cuarto género en importancia”.
Y, precisamente, desea aportar a la AML sus reflexiones y su trabajo en torno al ensayo.
Weinberg acudirá ahora a unas diez sesiones de la Academia antes de pronunciar su discurso en una ceremonia formal de ingreso.

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