Gonzalo Celorio y Hernán Lara Zavala: medio siglo de amistad y literatura

El Premio Cervantes 2025 revalora en su libro Mi amigo Hernán la convivencia y la obra de su colega más entrañable

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Gonzalo Celorio y Hernán Lara Zavala

Hernán Lara Zavala (1946-2025) con su traje de portero de futbol, “flaco, alto y larguirucho”, jugando en el Instituto México en 1959. Ésta es la primera imagen que se quedó en la memoria del escritor Gonzalo Celorio (1948) de quien sería su mejor amigo y colega, cuya verdadera convivencia comenzó después de 1968, en el taller literario de Juan José Arreola.

Más de medio siglo después, de trabajar juntos en diversas instituciones, de leer sus respectivas obras literarias, de cientos de conversaciones, momentos entrañables y numerosos viajes por distintos países, el Premio Cervantes 2025 entrega un libro especial, Mi amigo Hernán (Grano de Sal/ UNAM).

Me resultó tan inasible su muerte que quise mantenerlo aún vivo en mi recuerdo durante el tiempo de escritura, que se convirtió en un verdadero duelo. La escritura fue un gran consuelo para mí”, confiesa en entrevista el novelista y editor.

Quise hacerle un homenaje. Pero no sólo quería que tuviera un sentido personal, sino una imagen de Hernán como escritor, profesor y editor, que fueron tres de sus grandes actividades. Por eso hice algunas lecturas, di un paseo por sus cuentos, sus novelas, sus ensayos”, explica.

El director de la Academia Mexicana de la Lengua detalla que habla del magisterio de Lara Zavala, “sobre todo en el Colegio de Letras Inglesas, en Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), era un magnífico profesor, era muy anglófilo. Y quizá su faceta menos conocida, pero muy importante, fue su gran labor editorial, tanto en la UNAM como en el Fondo de Cultura Económica”, añade.

Mi amigo Hernán será presentado este domingo 30 de noviembre, a las 18:30 horas, en el Salón H, Área Internacional, de la Expo Guadalajara, por el autor, la escritora Mónica Lavín, el editor Tomás Granados, moderados por la escritora Julia Santibáñez.

Era un hombre de palabra, un gran viajero, buen degustador de la comida y la bebida, siempre buscaba excelentes restaurantes Era un tanto sibarita.

No conocía su gusto por la naturaleza, por el mar, lo dice en su novela Macho viejo.  Sus antepasados eran yucatecos. Fui una vez a Campeche con Hernán, me enseñó con mucha minucia la ciudad amurallada. Con nadie viajé tanto como con él”, recuerda.

Tras la relectura de la obra de Hernán Lara Zavala, Celorio señala que “era muy buen cuentista, le gustaba explorar el erotismo. Pero lo que más me gusta son sus ensayos, sobre todo los de la literatura inglesa. Hacía calas en escritores muy importantes. Les llamaba ensayos narrativos, porque no sólo hacía un trabajo crítico, sino que daba un contexto cuentístico”.

Entre tantas afinidades, reconoce, también había diferencias entre los dos amigos. “La intelectual es que él era un gran conocedor de la literatura inglesa y yo me había ocupado más de la literatura hispánica. Teníamos una relación estrecha con los integrantes del Boom latinoamericano, pero él prefería a Carlos Fuentes y yo a Julio Cortázar”.

Gonzalo Celorio concluye que Hernán es un escritor que está vivo. “Sus novelas están vigentes en Alfaguara. Está presente en la literatura actual”.

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