Auge de talleres virtuales abre paso a falsos maestros de danza y yoga
Tras la pandemia, la oferta de clases de danza, yoga y acondicionamiento físico en redes sociales y plataformas digitales se multiplicó, pero también proliferaron instructores sin formación ni certificación

A partir de la pandemia, la danza y ciertas formas de desarrollo humano, como el yoga y hasta el acondicionamiento físico, se aventuraron en las redes sociales y en YouTube. El fenómeno no es nacional, sino internacional. Para muchos fue la solución debido al enclaustramiento. Para otros, el negocio perfecto.
Desde entonces han aparecido una pléyade de talleres que van de la excelencia a lo más ominoso. Ahora, por desgracia, algunas clases presenciales no se recuperaron y muchos listillos se quedaron en línea y cobran por dar sesiones para la tercera edad, danzón jaloneado, ballet infantil y todo lo que se conciba con tal de obtener dinero. Incluso hay quienes se atreven a dar clases de coreografía para alumnos egresados de escuelas oficiales y ofrecen supuestos seminarios y diplomados.
En últimas fechas, después de buscar el video de un muy joven Miguel Ángel Zamudio, director del Centro Nacional de Información y Difusión del Danzón A.C (CNIDDAC) el algoritmo de mis redes se modificó y aparecieron media docena de grupos de todo el país, creados por personas que por ni por equivocación lo ejecutan bien y decidieron convertirse en maestros. Nada que ver con lo que Zamudio ha pugnado.
La pesadilla de ver que un baile que debe ser exquisito, elegante, contenido pero fuerte, sostenido en su musicalidad y cadencia, se ha convertido en una suerte de “apréndanse los pasos, hacemos una coreografía y luego la presentamos en algún lado”, me pareció un despropósito.
Pareciera que “los jóvenes” han decidido tomar clases con malos maestros que confunden el danzón, con la cumbia o el baile de sonidero y que de ser un baile en muy corto espacio, ahora los desplazamientos son de pisadas enormes y giros a velocidad incomprensibles.
Pero lo peor son las clases de yoga acrobático impartidas por villamelones, que piensan que entienden la conexión entre respiración y espiritualidad y afirman llegar al Nirvana en 20 minutos.
En EU hay clases en línea de “pachanga”, “merengao” y “salsa centroamericana” y no son baratas. Está bien bailar siempre y adentrarse en otras formas de movimiento, pero si los instructores no están certificados o poseen un título profesional que los avale, se está en las manos de mediocres que los pueden lastimar y que, a pesar del entusiasmo que desbordan, no tienen la menor idea de lo que están haciendo.
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