En revisión sobre la violencia, Enrique Díaz exalta la figura de los testigos supervivientes
El autor de ‘La palabra que aparece’, aborda temas como la supervivencia, la guerra contra el narcotráfico, el operativo Tormenta del Desierto, la bomba nuclear, la Segunda Guerra Mundial y cómo la guerra está ligada a la desmesura

CIUDAD DE MÉXICO.
Incluso en las épocas más oscuras todos tenemos derecho a cierta luz de luciérnaga y a cierta esperanza, como afirmaba Hannah Arendt.
Quizá esa esperanza no viene de las grandes teorías, sino de las historias pequeñas y concretas que han enfrentado circunstancias atroces”, como sucede en el caso de México frente a la violencia.
Así lo expresa a Excélsior Enrique Díaz Álvarez (Ciudad de México, 1976), autor de La palabra que aparece, libro ganador del Premio Anagrama de Ensayo 2021, que aborda temas como la supervivencia, la guerra contra el narcotráfico, el operativo Tormenta del Desierto, la bomba nuclear, la Segunda Guerra Mundial y cómo la guerra está ligada a la desmesura.
También se remite, sin un afán historicista, a la violencia encarnada en la Ilíada. “Me parece que la lección de Homero es la ambivalencia, porque cuenta la violentísima guerra de Troya y no escatima en recursos para narrarla desde ambos bandos.
Homero nos cuenta el relato desde la perspectiva del aqueo y tiene el gran gesto de relatarla también desde el lado troyano. Incluso, mis personajes favoritos de la Ilíada son troyanos –como Héctor y Príamo–, y uno pensaría que el autor es troyano y no griego”, explica.
Ésa es la gran lección de Homero: “siempre hay que buscar los dos lados de la historia, y no sólo eso, sino darle palabra y lugar al vencido, al derrotado, al desaparecido, una lección que ha dado a pensadores, escritores y periodistas”.
Así que la forma en que Homero canta a los vencidos, desvela la victoria y la derrota, y es también una cuestión de perspectiva”.
¿Qué sucede en el caso del relato mexicano?, se le pregunta al también autor de El traslado. Narrativas contra la idiotez y la barbarie.
En nuestro país de violencia o de violencias que nos someten es muy difícil estar al margen, en particular desde 2006, cuando el expresidente (Felipe) Calderón tuvo esa decisión irresponsable de declarar la llamada guerra contra el narco, a partir de la cual vivimos una crisis de violencia y de violación de los derechos humanos.
Vivimos cifras de una guerra civil y hay que asumirlo así para entender que todos, en mayor o menor medida, formamos parte de esta trama. Yo quería eso: un ejercicio de comprensión, así que no podía aislarme”.
Díaz Álvarez reconoce que ha habido una constante de guerras y de una necesidad por narrarlas, como se muestra en Homero, con la conquista de Tenochtitlan, en Vietnam, Hiroshima e Irak, así como las guerras presentes, ya con drones.
Por esta razón, el autor arrancó el libro con la difícil atracción que siente el hombre por la guerra, para lo cual se aisló de los pesimistas antropológicos como Thomas Hobbes, Nicolás Maquiavelo y Sigmund Freud.
Porque ellos ven la naturaleza del ser humano como violenta, conflictiva e inherente a la guerra, por lo que hay poco que hacer, más que firmar un contrato, establecer un Estado que nos infunda miedo y comportarnos medianamente de forma civilizada entre lobos”.
Yo busco otra noción y por eso una de las ideas del libro es transitar de ese momento del poder, del héroe y del superviviente al testigo. Ahí tengo una cortada.
A mí me interesa la noción del testigo, no como tercero, sino como superviviente, es decir aquel sujeto que vivió algo terrible, algo extraordinario, generalmente traumático, una situación de violencia y que está en condiciones de dar cuenta y relatar lo ocurrido”.
Y agrega: “El testigo superviviente lo que busca sobrevivir no es su persona ni su leyenda en particular, sino un testimonio sobre el daño y la pérdida”.
¿Por qué le interesa ese testigo? “Porque en un contexto como el de México son muchas las mujeres, hombres y niños que día con día se refugian en la palabra. No tienen otra cosa, sólo su palabra y quieren hacer que ésta cuente y ésa es la noción en la que gravita el libro”.
¿Ha llegado a alguna conclusión? “Me parecería ingenuo tratar de sacar conclusiones sobre temas que ni Freud ni Einstein lograron resolver. Es un tema que siempre queda abierto, porque en muchos sentidos es un enigma. Lo que sí intento es poner el tema del testimonio como una forma de acción”.
GUERRA, HÁBITO MASCULINO
A mediados de 1932, Albert Einstein le planteó a Sigmund Freud una pregunta sin solución: “¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra?”.
Díaz Álvarez recupera en su libro esa pregunta y aunque coincide en que no hay una solución, recupera la respuesta de Virginia Woolf.
Woolf habla de ese amor de los hombres por la guerra, el cual no comparten ellas. Ella nos dice que (la guerra) es un hábito masculino; esa ansia de gloria, esa satisfacción por el combate, ese salir vivo y caminar entre muertos se lo han implantado a ustedes en una educación elitista y masculina que siempre ha dejado fuera a las mujeres”.
Y cuando uno lee La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich, “nos damos cuenta que, en realidad, las mujeres ven otra guerra.
Esto habla de ese culto y de esa narrativa épica, heroica y de ese deseo de pasar por encima de los otros, destacar y engrandecer la figura de los más aptos y fuertes. Es un relato épico-heroico muy masculino”, asevera.
LEONHARD ROCZEK IMPARTIRÁ CÁTEDRA
La Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey (ESMDM) llevará a cabo, de manera virtual, una clase magistral de violonchelo con el intérprete Leonhard Rozcek.
La actividad académica se realizará en el marco del VI Concurso Nacional de Violonchelo La Superior 2021, organizado por la académica Temenuzhka Ostreva.
El concurso está dirigido a violonchelistas de hasta 25 años, de México y del extranjero.

cva
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